VALÈNCIA. Más allá del ocio nocturno y de las fechas puntuales tiene que existir un espacio para la comunidad queer. Un lugar, o un proyecto, en el que dialogar, conocerse y encontrarse entre iguales a través de diversas propuestas culturales. En València estos proyectos están empezando a florecer y tomar fuerzas gracias a colectivos e individuales que lo hacen posible. Hoy, domingo 26 de abril, Culturplaza celebra el Día de la Visibilidad Lésbica poniendo el foco en todas las personas que hacen posible otra València queer y con un espacio de desarrollo y disfrute cultural para la comunidad sáfica.
Para ello la iniciativa de cine Palomitas Lesbianas, el colectivo Cercle Sàfic y la librería especializada Contexto Queer se dan la mano entre las letras con el motivo de alzar la voz juntes. Lo hacen con sus proyectos que buscan generar comunidad y espacios en los que lo queer y disidente puedan convivir y aprender los unos de los otros. En el corazón de Benimaclet y saliendo de sus palomares las chicas de Palomitas Lesbianas proponen un ciclo de cine lésbico enfocado a personas FLINTA -acrónimo alemán que engloba a mujeres, lesbianas, intersexuales, no binarias, trans y agénero- en el que Paula Vélez, Pilar Estrada, Patricia Vargas y Mar de Gálvez proponen clásicos del cine lésbico para el público valenciano.
Entre sus encuentros Estrada destaca que se encuentran con todo tipo de perfiles y que siempre hay debate tras las proyecciones. El proyecto se presenta antes de cada charla como “un ciclo de cine autogestionado que nace con la voluntad de generar espacios de encuentro alejados del consumo. Creando comunidad en torno al cine, porque es capaz de contar historias a muchas personas de una manera accesible y generar diálogo”, a lo que Estrada añade que lejos de intentar convertirse en un punto de encuentro cinéfilo buscan generar un espacio en el que “pasarlo bien y tener un espacio fuera del consumo en el que convivir y sentirse cómodes”, a lo que Vargas añade que cada proyección se hace “por amor, por caminar hacia relacionarnos de un modo diferente con el mundo, ahora que tenemos la suerte de contar con unos cuantos metros cuadrados despejados”.

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- Imágenes cedidas por Cercle Sàfic
Para de Gálvez gran parte de la importancia del proyecto está también en crear un espacio en el que se pueda disfrutar del ocio y crear comunidad: “Creo que para crear comunidad es importante que existan espacios seguros donde poder compartir experiencias con personas similares a nosotres. Al fin y al cabo experimentamos violencias y situaciones comunes y es fácil crear un entendimiento entre nosotres, que simplemente compartiéndolo podemos llegar a sentirnos aliviades y acompañades. Pero no todo debe ser eso, también deben de existir espacios en los que disfrutar del ocio, formar vínculos, compartir éxitos y alegrías de manera distendida sin cargas ni responsabilidades”.
Lo hacen a través del cine, que para Vélez es un espacio en el que “se evidencia de manera preciosa como cada cuerpo mira a aquello que más le intriga, impacta o apela, todas vemos la misma peli pero cada persona aporta perspectivas, detalles y opiniones propias que enriquecen la experiencia y la amplifican”. Un espacio que se puso en armonía hace unas semanas por primera vez con el colectivo Cercle Sàfic, conformado por Paula Ros, María Valentín Guillot, Marta Gómez, Irene Estellés y Zoé Castro Pérez, quienes dialogaron junto a Palomitas lesbianas sobre el cine como acto de comunidad.

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- Imágenes cedidas por Cercle Sàfic
Elles, como colectivo, explican que sus actividades -también FLINTA- buscan crear “espacios libres de alcohol y alejados de la mercantilización de lo queer por el ocio nocturno para nuestra comunidad”. Lo hacen siempre cimientándose en los valores de la interseccionalidad, en lo queer y en la escucha activa para “tejer red” entre personas del colectivo. “A lo largo de la historia, la comunidad sáfica ha sido un punto de encuentro de personas de todo tipo de identidades y expresiones de género. Procedemos de poetisas como Safo (de donde sacamos nuestro signo identificativo), autores como Leslie Feinberg, activistas como Rampo... Todes elles diverses, habitando tanto la feminidad como la masculinidad, existiendo algunes entre lo transmasc y lo butch. Por lo tanto, y para reflejar nuestro compromiso histórico y nuestro enfoque interseccional, entendemos lo sáfico como un cruce de identidades múltiples y diversas, con distintos ejes de opresión, cuyo foco en común es su orientación del deseo y su autoidentificación con el safismo”, destacan desde el colectivo.
Asimismo recuerdan que las lesbianas valencianas fueron las primeras en organizarse en el territorio español, con el Colectivo de Lesbianas en 1977 y es por ello que su filosofía se cimienta en “la idea de que las identidades disidentes son políticas, y por lo tanto nos posicionamos dentro de lo que concebimos como discurso queer”: “No tratamos de crear un espacio donde la comunidad sáfica se adapte, asimile e incorpore a la matriz cisheterosexual, no buscamos ser digeribles para la sociedad que nos oprime, sino que luchamos por las realidades plásticas, interseccionales, sociales y políticas que habitamos y nos atraviesan”, destacan a una misma voz.

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- Imágenes cedidas por Cercle Sàfic
Para este colectivo la necesidad de espacios queer en València es crucial, porque ayuda a conectar unas personas con otras y a tener un altavoz común. Aún así resaltan que la ciudad tiene una clara ausencia de espacios propios para la comunidad sáfica y que hay que generarlos y alejarlos del ocio nocturno y su mercantilización, aunque parece que poco a poco proliferan más en la ciudad: “Recientemente, es cierto que hemos visto un claro incremento en espacios sáficos en València. No obstante, estas colectivas no suelen tener una sede fija a causa de la precariedad económica de sus integrantes y de los propios proyectos”.
“Esto resulta en la necesidad de colaborar con diferentes espacios, no específicamente queer y mucho menos sáficos. Es cierto que no hemos tenido problema en este sentido, todo el mundo ha sido muy acogedor y abierto, pero creemos firmemente en la importancia de que hayan espacios físicos exclusivamente queer donde poder llevar a cabo actividades dirigidas al colectivo sin que sea un lugar de ocio nocturno”, destacan desde el colectivo.

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Volviendo a Benimaclet, y con un espacio dedicado enteramente a las letras, Carla Sáenz se coloca tras el mostrador de Contexto Queer, una librería dedicada a la comunidad LGBTI y que busca concentrar la literatura queer en un solo espacio. Sáenz agradece enormemente al barrio que le acoje la facilidad de llevar la librería, que además cuenta con librerías vecinas como La Rosa y La Repartidora con las que siente mucha hermandad. “No nos hacemos competencia porque lo que hacemos aquí es centrarnos en un catálogo muy específico, que se comprende también a través de nuestras actividades”, explica la directora de esta librería, que al igual que en Palomitas lesbianas y con las actividades de Cercle Sàfic busca que las personas del colectivo encuentren un espacio en el que desarrollarse.
Con un local en el que “la gente va a propósito” se encuentra con sus lectoras que vienen a pedir recomendaciones en las que “no se muera ninguna lesbiana ni alguna de ellas acabe enamorada de un hombre”, una petición que solo se puede hacer en una librería como la suya sin que parezca una broma. Gracias al barrio que la acoge, Benimaclet, se ha hermanado también con Cercle Sàfic y con propuestas como la Banda Sáfica, que encuentran en Contexto Queer un buen espacio en el que desarrollarse. “Las personas del colectivo se sienten seguras de hacer aquí sus actividades. Somos más que una librería, funcionamos con un espacio en el que se puede generar comunidad independientemente de que se compren los libros que hay en las estanterías”.

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