VALÈNCIA. El calor provoca un efecto inmediato en la creatividad; la derrite. Es imposible pensar con el sol al acecho, y por ende es mucho más difícil crear algo que valga la pena. Una de las herramientas clave para mantenerse creativo durante la época estival es buscar el frío o refugiarse en espacios acondicionados para dejar de sudar las ideas. En València hay varios espacios que se convierten en un refugio climático de la cultura, y hay tres de ellos que enseñan a los más jóvenes todo sobre música, cine y teatro. En el Cabanyal, la cineasta valenciana Marina Reig imparte el taller Saber mirar: una pieza audiovisual del barrio, que propone una experiencia de creación audiovisual para pasear por el Cabanyal como “territorio de imaginación y relato” el 7 y 8 de julio y para niños y niñas de 9 a 12 años.
En el Centre del Carme, hasta el 10 de julio, nace la escuela de teatro para niños -entre 6 y 12 años- basada en la muestra Teatro magnético del artista Pablo Helguera. Un espacio en el que se invita a los participantes a adentrarse en un universo donde “la ficción, el juego y la palabra se entrelazan” en el museo y de la mano de Fabiola Garozzo. Y en Gandia se celebra la 7º edición de la Escuela de jóvenes músicos emergentes que concluye el 9 de junio con un concierto gratuito de La Gossa Sorda, Malifeta, Abril y Sandra Monfort. En esta escoleta musical da clases Carles Barchín, exalumno de Emergents y ahora profesor dentro de esta experiencia en la que se acerca a jóvenes de entre 11 y 20 años.
Para refrescarse y aprender a la vez, Culturplaza se pasea por estos refugios culturales para jóvenes para comprender cómo combatir el calor con creatividad y mucho talento. Un paseo en el que se puede actuar, crear, cantar -o intentarlo- y hasta grabarlo y contarlo todo en un pequeño documental.

- La escoleta d’estiu del CCCC -
- Foto: JUAN PEIRÓ
Grabar y contar el Cabanyal
Reig es la cineasta encargada de dirigir a los niños y niñas del taller Saber mirar entre las preciosas construcciones del Cabanyal. Con buen ojo, y a través de la escritura y la grabación de imágenes y sonidos, se llama a los asistentes a su taller a “crear una pieza que recoja sus miradas y preguntas sobre el barrio”. Un ejercicio colectivo en el que los niños y niñas son protagonistas y en el que generan sus primeras piezas, además de crear un Manifiesto colectivo sobre el cine del que quieren formar parte, porque según Reig “siempre hay historias escondidas, solo hay que saber mirar”.
Reig encuentra en la cultura y la comunidad un espacio en el que resguardarse del calor mientras se crea algo: Cada vez pienso más en la cultura como refugio climático. Los museos, el cine de verano, los festivales o ferias de artesanía... Si el espacio público no se adapta a las condiciones climáticas, tendremos que refugiarnos en estas infraestructuras para afrontar el presente. No son las personas las que deberían ir a los museos para evitar el calor, sino que las instituciones y el propio sector cultural tengan sus propuestas vinculadas en cada distrito de la ciudad, como es el caso del proyecto de Campus de Artes Visuales del Cabanyal”, destaca la creadora, quien considera que la cultura en abierto es una oportunidad para que muchas personas tengan su primer contacto con la cultura.
“No aspiro a crear jóvenes talentos, sino que todo el mundo sienta que puede contar algo, porque creo que no necesitamos grandes producciones para contar historias verdaderas. Me sentiré feliz si un grupo de niños/as, al caminar por su barrio, se fija en los pequeños detalles que nadie más observa y piensa: "Necesito grabar esto". Es importante generar espacios físicos en los que poder encontrarnos, compartir y crear”.

- Saber mirar en el Cabanyal -
- Imagen cedida por Marina Reig
Sonar como tus ídolos
En Gandía, dentro del campus Emergents, Barchín emplea sus conocimientos como exalumno para convertirse en uno de los profesores de música de esta escuela de verano que busca convertirse en “una experiencia integral donde los jóvenes puedan disfrutar y bucear en todos los géneros musicales”. Para ello, Barchín juega con lenguajes cercanos, como comparar canciones del videojuego Mario Kart con la música jazz fusión: “Hay que mezclar elementos que les interesan y encontrar un puente entre cultura y diversión. es una buena forma de despertar interés a las nuevas generaciones”.
Este año se ha centrado en desgranar canciones, más allá de leer partituras, para que sus alumnos comprendan las formas básicas de la música moderna: “Empezamos la clase con una canción y buscamos la forma de cambiar la estructura, de estilo, analizar aquellos elementos que la caracterizan y cómo podemos cambiarlos para crear algo nuevo”. Un ejercicio que para Barchín sirve para salirse de los márgenes y enseñar música de una forma “divertida y familiar que puede despertar el interés de los jóvenes músicos sobre estilos que, de otra forma, no habrían conocido”.

- Emergents -
- Foto: ÚLTIMO PASILLO
Se abre el telón y…
El museo del Centre del Carme se convierte parcialmente en un teatro gracias a La escoleta d’estiu del CCCC, que busca habitar el museo de una forma activa y compartida. Lo hace a través de la muestra Teatro Magnético, que sirve como guía para aprender a crear una obra de teatro desde cero. “Jugamos con la idea de crear nuestra propia obra de teatro, pero con un matiz fundamental: priorizamos absolutamente el proceso y no el resultado final. La obra en sí misma no es lo importante; lo valioso es todo lo que pasa mientras la imaginamos. Nos interesa el juego, la experimentación con el cuerpo, la construcción del espacio y cómo las niñas y niños aprenden a tomar decisiones en grupo”, destaca Garozzo.
Para ello juegan con dos factores clave: la potencia colectiva y la dinamización colectiva, que se activa gracias a la capacidad que tienen los alumnos de colaborar entre ellos para crear algo nuevo: “El verdadero 'talento' que impulsamos es la capacidad de colaborar con los demás, de mirar el entorno con curiosidad y de usar las herramientas del arte contemporáneo para expresarse. Si de aquí salen futuros artistas, maravilloso; pero nos hace más ilusión que los niños se lleven una experiencia que los enriquezca como personas y les haga sentir que la cultura es un espacio abierto que les pertenece y donde sus ideas cuentan”.

- La escoleta d’estiu del CCCC -
- Foto: JUAN PEIRÓ
Un trabajo clave que se realiza, por supuesto, desde los equipos de mediación, que son los encargados de acercar la cultura a estos perfiles en el refugio climático que es el museo: “Desde este equipo de mediación entendemos que las infancias y las juventudes ya son productoras de cultura y sujetos de derecho cultural. Nuestra labor no es transmitir un conocimiento unidireccional, sino crear las condiciones para que este espacio se transforme un lugar de juego, escucha activa y pensamiento crítico. Creemos que la clave es la horizontalidad: validar sus preguntas, sus cuerpos ocupando el espacio y sus propias narrativas”.
Narrativas que van desde escuchar jazz a través de los circuitos de Mario Kart hasta grabar el Cabanyal desde los ojos de un niño, y que pasan siempre por la creación en colectivo y desde la curiosidad, encontrando en estas escoletas culturales un espacio en el que la cultura es un lenguaje compartido donde todo es posible, hasta resguardar las ideas para evitar que se derritan por completo.

- La escoleta d’estiu del CCCC -
- Foto: JUAN PEIRÓ