Cultura

Recordando 'El clamor', la farsa tan actual de Azorín y Muñoz Seca

  • Azorín (Joaquín Sorolla, 1917, Hispanic Society of America)
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ALICANTE. A finales del verano de 1927, el diario ABC anunció que Azorín y Pedro Muñoz Seca iban a colaborar en un proyecto teatral. La noticia sorprendió al mundo cultural del país, pues resultaba sorprendente que dos autores de estilos tan distintos unieran sus plumas para la creación de una obra. Decidieron trabajar en el domicilio madrileño de Muñoz Seca, y al medio año dieron por finalizado el texto. Poco después, el 2 de mayo de 1928 se estrenó la obra en el teatro de la Comedia de Madrid bajo el título El clamor. Farsa en tres actos, entre la expectación de los círculos culturales y la prensa de la capital.  

Sin duda, la primera sorpresa de los espectadores que abarrotaban el recinto surgió cuando se alzó el telón y apareció la redacción de un diario madrileño ficticio de nombre El clamor. “¿Una obra sobre el periodismo?”, se preguntarían muchos. Pero esta sorpresa inicial pronto se tornaría en estupor cuando nada más iniciar el primer acto, alguien coge un ejemplar del periódico  y cita dos erratas que, posiblemente, fueron recogidas de la prensa reciente: un titular de noticias nacionales “De Marruecos: el parto de anoche”  y un anuncio capilar “Se acabaron los clavos” [en lugar de “parte” y “calvos”]. Acto seguido, tira el periódico al suelo y clama enfadado: “Con aprendises en los talleres, un regente que no cobra casi na y unos redactores que cobramos cuando repican gordo, no se puede hacer na de provecho”.  

En eso, tercia otro lamentándose de la delicada situación económica del diario: “Esto se va…”. El que está a su lado lo mira y completa su desolación: “Esto se ha ido ya hace un rato. Y se ha ido adonde yo me sé, que es adonde nos vamos a ir tós”. Poco después, entran en escena el director acompañado de un financiero catalán a quien enseña solícito los talleres y la redacción, y a su paso presenta a los trabajadores hablando maravillas de todos.  Salen ambos por el foro y uno de los periodistas cae en que ese debe de ser la esperanza de la que les  habló el jefe, lo que da pie a un diálogo entre todos: “Si afloja la guita…”, “Hombre, si necesita  el periodico para alguna campaña”… El director y el acaudalado visitante acceden de nuevo y este se despide de sus anfitriones dándoles ánimos y dejando claro que no va a invertir en el diario.

  • El clamor, de Azorín y Muñoz Seca

Prosigue la obra y el director aparece de repente para comunicar a todos que el presidente del Consejo de Administración ha convocado una reunión urgente. Da comienzo la sesión y el primer asunto que se aborda es el de las erratas, concluyendo que el periódico está pésimamente confeccionado. A continuación, plantean el segundo tema: la angustiosa situación económica que abre una acalorada discusión. Uno echa en cara al presidente que El clamor se ha dedicado en los últimos años más a catapultarlo políticamente, que a informar a los lectores, añadiendo que gracias al diario ha llegado a ser diputado, senador, ministro y representante español en la Sociedad de Naciones. Los miembros del consejo intervienen sucesivamente sugiriendo diversas salidas para mantener el periódico a flote. Y en plena discusión tercia el presidente proponiendo una sorprendente solución: “Un secuestro importante o un gran crimen levantan rápidamente a un periódico. Yo me ofrezco a secuestrarme y a no aparecer hasta que tiremos diariamente quinientos mil ejemplares y que se coticen los anuncios a mayor precio que en ningún otro periódico”. La propuesta es recibida con entusiamo, y en esas el director interviene: “¡Un secuestro de esta importancia! Nos haríamos los amos. Y no tendría usted necesidad de salir de  aquí. Contigua a mi despacho hay una habitación con todos los servicios necesarios, y ahí podría usted instalarse”.

El plan se pone en marcha y el diario empieza a obtener  beneficios, tanto por la ventas de ejemplares como por el aumento de anunciantes. Durante su “cautiverio”, el director se ufana diciendo que ha funcionado la noticia falsa, empleando el vocablo de aquel entonces “paparrucha”, sinónimo de los actuales “bulo” y “fake news”. Finalmente, el “secuestrado” abandona el encierro y todos celebran su arrojo y compromiso con la empresa. La función termina con vítores de los redactores: “¡Vivan los hombres honrados!, ¡que toquen la Marcha Real!”…. Y todos al unísono: “¡Sí, la Marcha Real!” (Suena el himno); “¡Viva España!, ¡Vivaaa…!”. TELÓN.

Esa misma noche, la Asociación de la Prensa se reunió y dio de baja a Azorín que era periodista, además de escritor. Y al día siguiente, toda la prensa criticó la farsa, considerando que era un ataque infundado al  periodismo español. Sin embargo, La Voz Valenciana defendió a los autores y, haciéndose eco de unas declaraciones del escritor alicantino, recordó que otras obras como La redacción de un periódico de Bretón de los Herreros o El médico a palos de Molière no suscitaron tantas críticas entre la prensa y la comunidad médica.

  • Pedro Muñoz Seca -

¿Y por qué es tan actual esta farsa?

Hay dos puntos que se trataron en la reunión del ficticio periódico que, como salta a la vista, siguen estando vigentes. El primero es el de los bulos que están gozando de una nueva vida desde la irrupción de las redes sociales y los medios digitales. Pero entre estos últimos, se impone diferenciar los honestos que están dirigidos por profesionales del periodismo y los que, liderados por individuos ajenos a la profesión, se mueven por otros intereses que empañan el buen nombre de los periodistas. Desgraciadamente, como es sabido, con frecuencia estas noticias falsas son recogidas por algunos medios escritos tradicionales y televisiones, e incluso hay casos en que han difundido bulos ex novo. Los beneficios que obtienen estos nuevos medios sociales del entorno digital se realizan por diversas vias: los ingresos publicitarios por medio de anuncios personalizados de forma autómatica y los clics o “me gusta”, por mencionar algunas.

Y el segundo punto es el de las erratas que los redactores de la obra atribuyen a la insuficiente formación de los aprendises que trabajan en los talleres. Probablemente, este juicio sea cierto; pero debemos señalar, asimismo, que en aquellos tiempos todo lo relativo a la fotocomposición de textos se realizaba de una forma manual, no como ahora que es digital. Por eso resulta sorprendente que en la actualidad, particularmente,  en televisiones generalistas las erratas estén a la orden del día en las bandas de texto de programas de plató e informativos, errores que no se entienden pues existen correctores de textos automáticos (por lo visto están desactivados). Tampoco debemos olvidar otros errores, sin duda más importantes, como la incorrecta sintaxis, el mal uso de las comas y las faltas de ortografía que nos admiran diariamente.

Sin ir más lejos, hace unas semanas en un programa televisivo lider de audiencia, pudimos leer tres clamorosos errores que coincidieron en una suerte de captura de pantalla que debería aparecer en el libro Guiness: “Instántes” (sobra la tilde), “Pediente” (falta la ene) y el más clamoroso error que no es fruto de un lapsus puntual. Intervino un invitado con un rótulo en que figuraba su nombre y el centro donde trabajaba. Nada más verlo me quedé estupefacto:  “Real Instituto El Cano”. En este caso no se trata de una errata, un error o un desliz, es una ignorancia mayúscula de un grafista que desconoce la figura de Juan Sebastián Elcano.

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