VALÈNCIA. En estos días se cumplen seis años desde que el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) abriera por fin a los vecinos su Pati Obert, un jardín ubicado en el solar trasero del centro que prometía ser una extensión del museo tanto en el ámbito expositivo -con la instalación de distintas esculturas- cómo programático -dibujándose entonces como escenario de buena parte de la actividad del museo-.
Seis años después, sin embargo, se ha demostrado como un fracaso, una gran oportunidad perdida. Esta es una sensación compartida por casi todo los agentes vinculados de una manera u otra al espacio, tanto vecinos, gestores culturales como administración. La decepción fue casi inicial, pero no solo no ha mejorado con el tiempo, sino que el espacio ha ido languideciendo año tras año, una corta vida marcada por los problemas y proyectos abortados.
Y es que en estos años, el soñado pulmón verde del museo ha terminado siendo objeto de distintos actos vandálicos contra las obras expuestas, razón por la que el IVAM ha terminado retirando las esculturas que allí había instalado, y nunca ha llegado a ocupar el lugar planteado en el programa de actividades del centro, ni cómo objeto ni como escenario. Sencillamente, el jardín del IVAM nunca ha sido la extensión prometida del museo.

- Apertura del solar del IVAM antes de abrirse como jardín -
Con todo, en este tiempo se han llegado a plantear actuaciones de mejora y hasta se ha divagado en algunos corrillos con la recuperación del proyecto de ampliación de museo firmado por SAANA. De momento, papel mojado. Con respecto a las tareas de acondicionamiento, fue en 2024 cuando el museo se dio por vencido y anunció la retirada de las obras de arte del jardín así como el impulso de un proyecto de mejora que vendría a cargo de un nuevo equipo de arquitectos y paisajistas, un plan que debía haberse iniciado ese mismo año.
Tras la Dana, sin embargo, se aplazó la contratación para dicho proceso de mejora, que entonces se fijó para la primera parte de 2025. Pero ni en 2024 ni en 2025 se llevaron a cabo las actuaciones prometidas. Ciertamente, el futuro del espacio o la ampliación del museo no parecía ser prioritario para la Conselleria de Cultura, entonces liderada por José Antonio Rovira y Pilar Tébar, anterior conseller y secretaria autonómica respectivamente, un proyecto de mejora que se quedó de manera silenciosa en un cajón.
Y no fue el único, pues en esta legislatura también se ha rechazado la anunciada subsede en el Parc Central, una nave sobre la que ya se habían avanzado algunos trabajos y que se dibujaba como una extensión del museo de ámbito más contemporáneo. Tras años de retraso en su ejecución, la Generalitat dejó caer finalmente el proyecto y renunció a la cesión del espacio -que ya había sido aprobada- por parte del Ayuntamiento de València, que ahora impulsará en el espacio un museo dedicado a Manolo Valdés.

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Los cambios de caras e inestabilidad tanto en el museo -que estuvo alrededor de un año sin dirección, que ostenta desde abril Blanca de la Torre- y en la Conselleria de Cultura -que ha sumado tres consellers en tres años, ahora con Carmen Ortí a la cabeza- tampoco han puesto las cosas fáciles para un espacio para el que parece que hay planes en mente… pero nunca se ponen en marcha.
“Estoy viendo todas las propuestas para ver cómo rehabilitar física y simbólicamente ese espacio […] pase a reconectar y a ser un proyecto de todas y de todos, a ser habitado. Es una restauración también simbólica que creo que es imprescindible”, expresaba De la Torre poco después incorporarse al museo. “Es muy delicado y creo que el barrio ha sufrido mucho. Tenemos que intentar pensar en proyectos de reparación, de regeneración”, opinaba por su parte la directora ajunta, Karine Guzmán, en diciembre.
Que está sobre la mesa y que la nueva dirección ha reflexionado sobre el futuro del espacio parece estar claro, como está que el otrora jardín de las esculturas ha sido una gran oportunidad perdida para el museo, que junto al nuevo equipo de Cultura deberá liderar un proyecto para evitar su degradación y recuperarlo como espacio cultural.