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mediaflows / OPINIÓN

'Ética dialógica y Twitter. ¿Es posible?'

25/03/2021 - 

Sabemos que Twitter sirve para actualizar información, para opinar, para vanagloriar y su contrario, e incluso movilizar. También ha demostrado en estos últimos años su potencial para la construcción del activismo profesional periodístico y para la autorregulación colectiva. 

De nada sirven los códigos deontológicos si, a pesar de su actualización, quedan relegados a códices alejados del día a día de los profesionales de la comunicación, a informes periódicos que apuntan a los usos incorrectos del periodismo y que no llegan a la ciudadanía, con quien tenemos una responsabilidad social. Por ello, dentro de la vorágine de la publicación sin apenas reflexión y el monopolio del clickbait, resultan especialmente significativas las acciones que están llevando a cabo en esta red social organizaciones y asociaciones de comunicadoras españolas con conciencia feminista y formación especializada en perspectiva de género. Su propósito en Twitter es favorecer el diálogo -y el aprendizaje- entre iguales, para alcanzar un periodismo ético y comprometido con la igualdad: en sus temas, en sus miradas, en sus palabras, en sus imágenes. 

Aunque parezca sorprendente, el uso sexista del lenguaje -textual y visual-, el fomento de los estereotipos y especialmente la falta de perspectiva de género en el tratamiento de la violencia de género, continúan siendo las tres lacras del periodismo por lo que respecta al principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre, que es como la RAE define al feminismo. Y aquí tan solo presentamos tres ejemplos de los más de 500 observados en un año: expresiones publicadas en medios de comunicación que, de modo palmario o sutil, sitúan a la mujer en un plano diferente o inferior al del varón en la sociedad.

Quienes las señalan son Comunicadoras 8M –plataforma estatal de periodistas feministas- y Les Beatrius –red formada por periodistas y fotoperiodistas valencianas–. Pero en la actualidad se contabilizan ya alrededor de 15 asociaciones repartidas por la geografía española: Colombine (Murcia), Xornalistas Galegas (Galicia) o la Asociación de Periodistas Feministas de Castilla León, para citar tres más. 

El origen de estos colectivos se enraíza en el movimiento #lasperiodistasparamos, surgido en el marco de la huelga convocada hace cuatro años, el 8 de marzo de 2018. Por primera vez, periodistas de todo el país compartieron en internet experiencias personales que evidencian el machismo latente en la profesión, tanto en las rutinas y gestión empresarial como en sus producciones. Ya lo había denunciado, entre otras, la investigadora Juana Gallego a finales del siglo XX; la desigualdad también se observaba en los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística o la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Sin embargo, la apelación a los sentimientos y su puesta en común a través de Twitter hace que por primera vez estas profesionales se impliquen como sujeto en el relato de su propia rabia. 

 

De este movimiento expresivo en su fase inicial se deriva la costura en el espacio público de redes de periodistas que se distribuyen a nivel estatal, autonómico e incluso dentro de algunas empresas de comunicación, como RTVE y EFE. Por lo tanto, el activismo digital ha derivado en la creación de nuevas identidades políticas en la esfera del movimiento feminista. Se trata de asociaciones, plataformas y organizaciones profesionales feministas con menor número de participantes que las contabilizadas en el ciberespacio. Se comunican a nivel interno en Telegram y se manifiestan por Twitter. Entre sus objetivos se encuentra la interpelación a medios y colegas para que velen por la función social que deben cumplir en las sociedades democráticas, para que incorporen en su línea editorial los valores de igualdad, equidad y libertad de las personas. 

A través de Twitter tratan de afinar, pulir, recomendar, aplaudir o denunciar el uso del lenguaje periodístico. Sí, también destacan aquellos trabajos que son ejemplo de perspectivas no androcéntricas. La mención directa al medio o a quien firma la pieza permite resolver de modo más rápido y con menor coste una cierta reparación moral al daño producido en las personas afectadas, en este caso, mujeres. La oportunidad que brinda la web, y en concreto esta red social, en tanto espacio público favorecedor del diálogo profesional, es poder exponer interpretaciones contrastadas y ponderadas a prácticas correctas e incorrectas, que admiten matices y perspectivas alternativas. Facilita asimismo una autorregulación dinámica y actualizada, conforme se toma conciencia de nuevas obligaciones éticas, especialmente con colectivos desprotegidos. 

Y una tercera ventaja de Twitter para la revitalización ética del periodismo es que, como subrayan Vicent Gozálvez y Paloma Contreras-Pulido, tiene una función saludablemente educadora; es decir, convierten a la red de microblogging en plataforma pública para la reflexión social. De este modo, contribuye a educar informalmente a la ciudadanía en el conjunto de valores fundamentales de la democracia y en diversas ocasiones son los propios usuarios los que señalan usos incorrectos del periodismo por lo que respecta a la igualdad de género. Al ser denuncias y aplausos públicos, la sociedad digital puede ser testigo y aprender de esta “ética dialógica” (Cortina, 2008), de manera que la ética periodística resulta regulada por la interacción colectiva.  

Con todo, condiciones sine qua non para llevar a cabo esta autorregulación son el respeto y la educación en la verbalización de los comentarios, así como el compromiso personal de los y las profesionales, ya que tanto hombres como mujeres fallan en perspectiva de género. Falta formación. La ética no es legalidad, sino vivencia reflexiva de normas y acciones asumidas desde la convicción.

Lo que ahora me llama la atención es el análisis de cómo la pandemia ha hecho saltar por los aires exigencias deontológicas, y en concreto, referidas al valor de la igualdad. Lo ha agitado todo y, entre otras cosas, la ética periodística. ¿A quién se ha dado voz en la cobertura de esta crisis? ¿Cómo se le ha presentado en los medios? Este será otro campo de investigación de Mediaflows.

María Iranzo Cabrera. Profesora Asociada de Periodismo en la Universidad de Valencia

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