LA NAVE DE LOS LOCOS / OPINIÓN

Se acabó lo bueno

El año 2016 ha sido nuestra primavera de Praga. Nos creímos libres porque el poder se tomó unas vacaciones, pero ha vuelto para quedarse. Se acabó lo bueno, esa deliciosa interinidad que duró diez meses, cuando el presidente esfinge fue investido gracias a un oportuno cambalache

7/11/2016 - 

¿No escucháis a ese coro de ángeles celebrar que España ha salido de su bloqueo político? Observad cómo afinan sus voces aquellos querubines cuando cantan, con  fuerte acento de Sueca, bajo la mirada benevolente de Dios Padre: “¡Ja tenim Govern, ja tenim Govern!”. Las campanas del cielo suenan a mayor gloria del presidente esfinge, que ha vuelto a salirse con la suya, frente a quienes lo dábamos amortizado en la sucia arena política. 

"Desconfiamos de esos nuevos ministros que prometen trabajar para nosotros; son actores de una película de terror de serie B, con un guion escrito en Bruselas"

Los ángeles, más sabios que nosotros los mortales, nunca dejaron de confiar en él. Es conocido que todos votan conservador; todos menos uno, nos referimos al ángel caído, a quien, según han relatado testigos dignos de crédito, jóvenes antisistema adoran en el parque del Retiro, epicentro, en los últimos fines de semana, de grandes botellones que causan estupor entre los vecinos de orden y —no podemos ocultar esta dolorosa verdad— cierto regocijo en la provecta alcaldesa que gobierna la capital entre achaques y visitas frecuentes a hospitales. 

Si en el cielo reina la felicidad infinita porque no habrá terceras elecciones, en la tierra cunde el desánimo, cuando no la desesperación, entre algunos ciudadanos que nos las prometíamos muy felices. Confiábamos en que al final se impondría la cordura en los políticos para prolongarle la vida a un Gobierno en funciones que, al ver limitado su margen de acción, no ha podido perpetrar los desatinos del cuatrienio ominoso (2011-2015). Nuestro gozo en un pozo. Desde el día 29 de octubre, fecha en que el presidente esfinge fue investido gracias a un oportuno cambalache, algunos no levantamos cabeza. Aquel sábado enterramos la última esperanza de tener un Gobierno impotente y amigo. 

Se acabó lo bueno, se acabó esa deliciosa interinidad que ha durado diez meses. Con un Ejecutivo atado de pies y manos, el país siguió funcionado; la economía mantuvo su crecimiento engañoso; Mireia Belmonte ganó el primer oro para la natación española femenina en unos Juegos Olímpicos; volvimos a saber lo que era irse de vacaciones a Cullera… Todo esto se irá al garete con el Gobierno dado a conocer el pasado jueves. Desconfiamos de esos nuevos ministros zalameros que prometen trabajar para todos nosotros. Nada más incierto y alejado de la realidad. Por mucho que se esfuercen en ocultarlo, esos ministros son actores secundarios de una película de terror de serie B, con un guion escrito en Bruselas y Berlín. 

España corre el riesgo de volver a la UCI

Al enfermo que sigue siendo España, que algo mejoró en los últimos dos años, le volverán a aplicar la terapia que lo llevará a la UCI de nuevo. Veremos la segunda tanda de recortes, como parte de un plan para desguazar el sistema de protección social. Dificultarán más todavía el acceso a una pensión con el pretexto de que el sistema es insostenible. Algunos incautos, dopados de agitación y propaganda, se crearán esta y otras mentiras, pero la mayoría se sentirá engañada, una vez más. 

Vendrán meses, quizá años, de descontento social que los profesionales de la gresca intentarán aprovechar. Su esperanza de alcanzar el poder depende de que todo se pudra de manera irremediable. En la investidura del presidente esfinge, los amigos de los chicarrones del pasamontañas dejaron claro su propósito de atizar la crispación entre la gente. Irresponsables e ignorantes, los muchachos de Pablo Manuel juegan con fuego y pueden quemarse. A poco que lo tienten, este país vuelve a liarse a garrotazos. Recordemos las pinturas de Goya, ese visionario.  

Esto es lo que nos espera: un panorama nada halagüeño a nuestra derecha e izquierda. Mejor nos hubiera ido dejando las cosas tal como estaban, con un Gobierno que no gobernaba y una oposición que, a falta de tareas más serias, se entretenía paseando sus querellas pueriles de televisión en televisión. Lo decíamos, se acabó lo bueno. 2016 ha sido nuestra primavera de Praga. Nos creímos libres porque el poder se tomó unas vacaciones, pero ha vuelto para quedarse. Viene a por nosotros. Los tanques ya se ven a lo lejos. Pónganse a cubierto, si es que pueden.

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