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valència a tota virolla

Novedades en la generación postRussafa: la gestión del paréntesis

La foto fija mostrando identidades que, en mitad de los planes detenidos, han decidido apostar por un barrio que es el mismo pero ya no es igual

21/11/2020 - 

VALÈNCIA. La sensación que recorre Russafa: un paréntesis. Un corchete. Una nota al pie. Del vergel fértil de regusto árabe al campamento último desde donde Jaume I divisió la conquista de València, al caer. De la huerta en repliegue ante la voracidad de la ciudad… al paseo de Cayetano Ripoll, caminito caminito, deísta rebelde, directo al cadalso con las llamas del infierno. De Russafa a la Inquisición. De las manzanas decadentes y la ruta por el el Cambalache, la Comedia, Chandelier, el Pastel, el Pequeño Diablo, el Dalton, el Embrujo… al atlas renacido de ciudad en país: Dénia, Cuba, Sueca, Cádiz, Sevilla, Buenos Aires, Puerto Rico. 

Russafa, sí, está en paréntesis. De su frenesí rozando la euforia a los planes detenidos. En mitad de ese momento, una foto fija que pide comentarios como la pareja de recién casados mostrando su luna de miel. Varias identidades que justo ahora decidieron hacer de sus vidas una apuesta redoblada por Russafa. Hinojo, Amunt, Canoa. Como ejemplo.

Asomarse a la ventana para ver el instante. 

Una familia de cuatro que, Zoom mediante, decide que después del confinamiento abrirán su primera tienda en común. 

El caso Hinojo Bazar

“Nacimos en el confinamiento, tras unas cuantas charlas vía zoom con nuestros padres, propietarios del restaurante Che Baires. Durante el confinamiento decidimos emprender un negocio los cuatro juntos, ellos cansados de la hostelería y sin saber qué iba a pasar cuando terminase el confinamiento y nosotras por reinventarnos un poco y buscar algo que nos gustara pero que pudiésemos seguir manteniendo nuestro blog de comida saludable, caterings y trabajos de publicidad. Después de darle muchas vueltas pensamos en un bazar sin residuos porque ya habíamos empezado hacer algunos cambios en nuestra hábitos de consumo pero nos costaba mucho encontrar todos los productos en una misma tienda y para hacerlo teníamos que comprar online donde no se puede ni tocar ni oler y nos parecía necesario”.

Vender antes que abrir

“Nuestra apertura fue sin previo aviso, los últimos días de reforma, estábamos organizando las estanterías y entraron vecinos queriendo comprar y no teníamos datáfono, que nos llegaba al día siguiente, dijeron que no era necesario, que tenían efectivo, así que esa fue nuestra primera venta, antes del día que por fin abrimos, el domingo 4 de octubre”.

En la calle Buenos Aires...

“Creemos que la gente es super consciente de que esta crisis a quienes más está afectando es a los pequeños comercios, notamos el apoyo de todos los vecinos a pesar de que solo llevamos mes y medio en el barrio. A pesar de estar en el centro de la ciudad, espiramos vida de barrio, entendemos que hay espacio para todos”.

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Un músico percatándose de que la tentación vive arriba

El caso de Amunt Estudi.

“Nace de la necesidad de tener un espacio creativo donde componer y grabar los encargos musicales para el audiovisual que nos llegaban a Jorge Tórtel y a mí, Jordi Sapena. Desde que le eché el ojo al mudarnos a vivir aquí (era un viejo piso de portería abandonado en la planta de arriba de mi casa), pensé que era el sitio ideal para montar todos los cacharros y componer música. Un espacio creativo fuera de casa pero sin (casi) tener que salir de casa”. 

La música en el quinto piso

“No tenemos ascensor (algo habitual en el barrio), y al estar en un 5º piso, más de uno llega arriba casi ahogado. Más de uno se sorprende al entrar luego y ver tanto aparato en un espacio tan pequeño. Le pusimos de nombre Amunt Estudi por culpa de un par de obras de Lawerta que cuelgan de nuestras paredes, relacionadas con el Valencia CF. Al ser los 3 miembros del espacio muy valencianistas (Joaquín Pascual, Jorge Tórtel y yo), era casi obligatorio bautizarlo así”.

En calle Puerto Rico

“Con la pandemia, el avance casi imparable de la restauración y ocio se ha contenido, y parece que los vecinos vivimos un pequeño respiro. Por ahí se debería continuar, para mí ese es el reto principal del barrio. Hacer posible la convivencia de quienes vivimos y trabajamos en el barrio con nuestras familias con toda la gente que viene de otras partes de la ciudad a tomar algo por las tardes o cenar los fines de semana. Consolidarnos como un barrio diurno, con una actividad fuerte en las mañanas. Que siga siendo un barrio cómodo para formar una familia y hacer vida con los peques. La vía de escape que ha proporcionado el Parc Central es clave en ese sentido.

Me sigue enamorando todo de Russafa. Su ubicación en la ciudad (cerca del centro, de la estación de tren, de la salida sur de la ciudad, del río...), su bullicio y constante sensación de actividad, los cafés (los mejores de toda València), el mercado, el pequeño comercio... Me encanta compartir barrio con otros espacios creativos y artísticos (Lawerta, La Nevera, Canoa, Nolich, Felipe Pantone), me hace sentir parte de una especie de comunidad. Por supuesto la arquitectura, su constante regeneración. Y que, pese a la visión que se tiene de fuera de que Russafa es solamente el barrio al que ir para salir y tomar algo, es un barrio de los de verdad. De los de saludar a los vecinos por la calle de camino a llevar al niño a la guardería (en valencià, en inglés y en castellano) y dejar a deber el pan o la cesta de las verduras porque te has olvidado la cartera”. 

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Una almeriense y un gallego entregados al metal y al barro

El caso de Canoa Lab

“Somos Raquel Vidal y Pedro Paz, una almeriense y un gallego que recorren una de las diagonales más largas de nuestro mapa (de cabo a cabo) para empezar a trabajar juntos en 2008. Ambos estudiamos bellas artes y nos especializamos en producción artística, siempre hemos trabajado en el ámbito de la plástica.

Desde que nos conocimos hemos trabajado juntos en muchos proyectos, principalmente de carácter expositivo, que nos ofrecían la posibilidad de investigar continuamente en diferentes pero convergentes direcciones derivadas de los campos de la pintura y la escultura, y siempre reflexionando acerca del espacio y su irrefutable relación con el tiempo. Tras varios años de trabajo en los que combinamos nuestra producción más plástica con proyectos de imagen vinculados a la fotografía, el vídeo, la gráfica y la dirección de arte , nos encontramos con el metal y el barro, dos materiales que nos atraparon por la infinidad de posibilidades que ofrecían, por lo de “definitivo” que hay en ellos en cuestión de durabilidad y porque indudablemente han marcado el desarrollo de las sociedades estando además, estrechamente vinculados entre ellos. Nos dimos cuenta de que los objetos de barro y metal siempre se han necesitado, para portar alimentos, para servirlos, para guardar esencias, para señalizar estados, identificar familias y pertenencia a determinados grupos… Se podría decir que este es el momento en que CANOA comienza a germinar, de manera inevitable anexada a todo aquello que habíamos y estábamos haciendo anteriormente. De repente descubrimos que CANOA era el medio que nos permitía vincular todos nuestros intereses y que CANOA-lab podía ser el lugar físico donde trabajar, experimentar y compartir tiempo, experiencias y proyectos a un ritmo más pausado y con mayor profundidad que la que la velocidad del mundo de afuera nos demanda. Necesitábamos que nuestro trabajo se alejara un poco de las acciones instalativas para convertirse en un proyecto en el cual las relaciones humanas se estableciesen de otro modo. Sentíamos la necesidad de construir un lugar en el que el diálogo con las personas que se acercasen a él fuera más físico y más relacional”. 

Lavadero de coches o escuela de inglés

“Nuestro actual estudio fue el primer lavadero de coches automático de Valencia, trajeron la máquina de Italia y supuso todo un acontecimiento en su momento, el dueño nos mostró fotos y nos contaba la historia de forma tan bonita que decidimos rendirle culto dejando al descubierto parte de la historia del espacio, rascamos una de las paredes en las que antiguamente tuvo lugar todo el sistema eléctrico de aquella super máquina y dejamos a la vista parte de los azulejos que en origen forraban todo el espacio para aislarlo de la humedad”. / “Un vecino que todos los días se sienta en el banco que hay justo en la puerta nos preguntó, después de todo un año, si lo que teníamos era una academia de inglés.

Calle Puerto Rico

“Russafa está en peligro de extinción, los barrios los hacen los vecinos y están desapareciendo en pro de la turistificación, el reto principal será que siga siendo barrio y no "muera de éxito" como ya ha pasado en otros. (...) De lunes a jueves se respira comunidad, es tranquilo (sobre todo ahora que el turismo está en pausa) vas saludando a los vecinos. Aún es un poco pueblo y nos gustan los pueblos”.

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