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VALÈNCIA, CAPITAL DE LA REPÚBLICA

Noviembre, 1936: cuando Fernando recibió su pase de socio infantil del Valencia C.F.

8/11/2016 - 

VALENCIA. La moda, la guerra y la economía: el ingenio femenino crea un calzado sintético, cómodo y barato. Con este título se publicaba hace 80 años un curioso reportaje en el que se relataba cómo el aumento de consumo durante la guerra había acentuado la escasez de cueros y pieles, con lo que “por obra y gracia del ingenio femenino”, rezaba la publicación, se creó un procedimiento para reutilizar el calzado deteriorado añadiendo a la suela malgastada unos tirantes de lana. Este recorte de prensa, amarrado con un par de pinzas para colgar la ropa, es una de las piezas se puede ver en la exposición Tot està per fer. València, capital de la República (1936-1937), que se inauguró ayer en el Centre Cultural La Nau, el mismo día en que se cumplían ochenta años del traslado del gobierno de la II República, en plena Guerra Civil, de Madrid a Valencia, donde permanecería algo más de un ejercicio.

En un año cargado de actos conmemorativos, la muestra, explicaron sus comisarios –los profesores de la Universitat de València Mireia Ferrer, Javier Navarro y Toni Morant- tiene dos objetivos: explicar ese periodo desde lo cotidiano y acercarlo a aquellos que, por edad, apenas lo conocen a través de los libros de texto. “Es la lectura de otra generación”, aseveró Ferrer quien indicó que la muestra “no se ha de leer en pasado, sino en presente”. Más de 450 objetos componen la exposición, entre los que se encuentran recortes de prensa, portadas de revistas de sociedad, fotografías, carteles y material audiovisual. Por cierto, no todo relacionado directamente con la República. “La singularidad de esta exposición es que aborda todos los aspectos de la vida de Valencia durante este periodo. No solo la efervescencia cultural, que es el aspecto más conocido, sino cómo vivía la gente anónima, un aspecto que no suelen recoger los libros de Historia”, señaló Toni Morant.

“La exposición pretende establecerse como nexo de unión entre generaciones que todavía mantienen un vínculo directo con la guerra civil, sean los hijos de aquellos que vivieron en primera persona el conflicto bélico o los nietos de los mismos y a quienes la historia oral narrada por sus familiares ha servido y sirve todavía de cordón umbilical, y aquellas nuevas generaciones para quienes la guerra civil solo es un episodio leído en algún manual de texto o escuchado desde la lejanía”, añadió Mireia Ferrer. El itinerario está dividido en ocho secciones: protagonismo político; las mujeres y la guerra; la vida cotidiana; la salud y la sanidad; el arte y la cultura visual; la actividad cultural, la educación y la Universidad. 

El Levante, ¿feliz?

Efectivamente las piezas recogidas muestran el día a día en un contexto complejo, con las tropas franquistas en Madrid y un cap i casal que había pasado a ser observado por el mundo. Frente la imagen de proyectada en la prensa madrileña de ‘Levante feliz’ contrastaba con la progresiva escasez de alimentos o las cartillas de racionamiento. Fue al principio de 1937 cuando los bombardeos se ensañaron con la ciudad, de los poblados marítimos al centro de la urbe, una ciudad que sea afanaba por rebautizar sus calles siguiendo el imaginario antifascista y revolucionario. De esta forma, la actual Gran Vía Marqués del Turia fue rebautizada como Gran Vía Buenaventura Durruti; la calle Isabel la Católica pasó a ser la calle de Margarita Nelken y la actual avenida de Blasco Ibáñez  se renombró como avenida de la Unión Soviética. 

Foto: Ibán Ramón.

"Hace dos años, el rector planteó la importancia de organizar esta exposición de una época en que la Universitat también fue protagonista”, afirmó el vicerrector de Cultura e Igualdad, Antonio Ariño, durante la inauguración de la muestra. El propio centro cultural La Nau, que ahora presenta la exposición, alojó parte de las dependencias del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y desde septiembre de 1936 la dirección de la Biblioteca Universitaria fue ocupada por María Moliner. Su papel también tuvo consecuencias, pues el final de la guerra y la victoria franquista resultó en el exilio de su Rector, el catedrático de Fisiología José Puche, y en el fusilamiento en mayo de 1941 de quien también había sido Rector de la Universitat entre 1932 y 1934, el conocido catedrático de Medicina Juan Peset Aleixandre.

Entre los materiales seleccionados en Tot està per fer, título que alude a las palabras pronunciadas por el artista y el intelectual Rafael Pérez Contel, hay piezas como carteles de Renau y fotografías de 'Finezas', que conviven con documentos cotidianos como cartillas de racionamiento, periódicos, dibujos infantiles de bombardeos e imágenes que ilustran que Valencia fue una ciudad de acogida de refugiados de todo el país. La vida continuaba, mutaba y se adaptaba en un momento en el que la ciudad se convirtió en la sede del gobierno legítimo de la Segunda República y de sus Cortes, que se ubicaron en el edificio del Ayuntamiento y celebraron sesiones plenarias en la sede municipal y también en la Lonja.

Nada quedó sin modificar en ese año, hasta las Fallas, pues la muestra acerca al público episodios como la historia de las cuatro fallas antifascistas que cubrieron el hueco dejado por la supresión de la fiesta en 1937, así como la llegada del patrimonio artístico español al Colegio del Patriarca y a las Torres de Serranos, o el  Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que reunió en la ciudad a intelectuales de la talla de André Malraux, Tristan Tzara, Octavio Paz, Alejo Carpentier o Pablo Neruda, entre otros. Valencia era República y, a la vez, mucho más.

Y es que 1937 fue el año de la capitalidad republicana y, también el año en que el Levante UD se proclamó campeón de la Copa de la España Libre, cuyo trofeo se puede ver en la exposición, o el ejercicio en el que contrajo matrimonio la “musa” de la prensa Carmencita Arroyo y el oficial de Telégrafos Matías en la Federación de Comunicaciones de Valencia. También, por cierto, con la llegada de la República a Valencia también llegó a Fernando su carné de socio infantil del Valencia C.F., en noviembre de 1936.

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