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tribuna / OPINIÓN

Nuevas maneras de construir espacios para el aprendizaje

Foto: KIKE TABERNER
11/08/2021 - 

VALÈNCIA. La neurociencia ha demostrado que el cerebro siempre tiene la capacidad de aprender, por lo que no existe un tiempo o edad específico para el aprendizaje, mientras exista la motivación por hacerlo.

Sin embargo, el confinamiento vivido por la pandemia de la covid-19, nos hizo ver, que pese a estar muy motivados, el ambiente en el que nos encontramos si influía en nuestra manera de sentir y en el aprendizaje. Fue notorio ver cómo la manera en las que estaban diseñadas muchas de las viviendas, no ayudaban al proceso de enseñanza aprendizaje, el cual tuvo que darse en casa, incluso era hasta insoportable estar todo el tiempo en ese mismo espacio. 

En este sentido, si bien el momento de la vida no interfiere en el aprendizaje, el hecho de sentirnos motivados, en armonía, y en espacios adecuados, si influye. Y si aún queda duda de ello, sólo basta preguntarse ¿Cuántas veces hemos tenido sensación de calma al estar en lugares cálidos, con materiales bien proporcionados, colores que imitan a la naturaleza, y mucha luz natural? La respuesta sin duda alguna, será común para la mayoría: muchas veces.

La neuroarquitectura, es la ciencia que estudia cómo se sienten las personas en los diferentes espacios construidos, no desde la intuición, sino, basado en estudios científicos. En esta disciplina, arquitectos y científicos trabajan en conjunto, para poder comprender de manera objetiva cómo el entorno modifica las emociones, sensaciones, pensamientos y/o conductas humanas. Esta rama de la arquitectura, hará posible la construcción de espacios que promuevan el bienestar, bien sea de las viviendas, centros educativos, lugares de trabajo, o los sitios de recreación.

Muchas veces el espacio no está diseñado para generar bienestar a las personas y mejorar su vida, sino, en atención a criterios funcionales como la resistencia de los materiales, el mantenimiento, la seguridad, entre otros. Un ejemplo claro de esto, lo vemos en las escuelas, en donde la arquitectura responde a dichos criterios, y no al desarrollo emocional y cognitivo de los niños y niñas.

Con un sistema educativo en plena transformación, en cuanto a estructuras y metodologías, ahora vemos que no pueden quedar de lado los espacios, los cuales también deberán adaptarse y ser más innovadores ante las nuevas demandas. Los cambios en la arquitectura de los centros educativos, deben estar dirigidos a la búsqueda de la libertad en el movimiento, mejoras en el diseño a la altura visual de los alumnos, y la inclusión de espacios en los que haya un contacto con la naturaleza. 

La neuroarquitectura busca medir las sensaciones para obtener datos objetivos, que sirvan de referente para comprender mejor cómo se sienten las personas en los diversos espacios construidos. Para tal fin, cuenta con herramientas médicas y tecnológicas que emplean sistemas de medición como, eyetracking, machine learning, tecnologías de realidad virtual, entre otras, con la intención de llegar a conclusiones que sean aplicables a los diversos diseños.

Se ha analizado la combinación de variables como, luz, color, altura de los techos, y forma, dentro del aula, para saber ¿cómo se potencian los procesos cognitivos?. Y una de las conclusiones ha sido, que los colores de tonos fríos mejoran el rendimiento en la atención y la memoria. Sin embargo, aunque los estudios incluyen a los participantes del mismo, los resultados no son extrapolables a todos, porque cada grupo es único, así existan parámetros generales que pueden ayudar a potenciar la creatividad o reducir el estrés.

Del mismo modo, se ha señalado que la presencia de naturaleza en los ambientes, por ejemplo, el poder mirar vegetación a través de una ventana, la presencia de plantas en los espacios interiores, o la naturalización de los patios escolares, relaja los niveles de estrés y ansiedad. Así mismo, se ha demostrado que los techos altos propician las actividades creativas y artísticas, mientras que los techos bajos favorecen la concentración, el trabajo rutinario y otorgan sensación de seguridad.

Lo primero que se busca en los estudios de neuroarquitectura es identificar la emoción en las personas, y luego estudiar qué criterios tomar para alcanzarla? Pero además de atender los parámetros emocionales de las personas que usarán esos espacios, hay que considerar aspectos funcionales, como la higiene, la movilidad, la seguridad, entre otros, que se requieran en el lugar.

Foto: KIKE TABERNER

Utilizar la ciencia para crear espacios más acordes a nuestras necesidades puede ayudar a optimizar los espacios. Ya se conoce que el entorno influye en cómo producimos, nos sentimos o descansamos. En ese sentido, utilizar neuroarquitectura en los colegios, causará un impacto positivo en el rendimiento escolar. 

Al ser seres complejos y cada uno diferente, será necesario invertir en la construcción de  espacios confortables que propicien el aprendizaje, lo cual, según lo dicho por los expertos, no tiene ningún coste extra dentro del presupuesto de la obra, pero de haber una inversión superior a lo pautado, el mismo será amortizado, porque el rendimiento se incrementará considerablemente en un ambiente que invita a la concordia, promueve la imaginación, aumenta la concentración, y disminuye la ansiedad y el estrés.

Con el retorno a las aulas escolares, y ante un panorama de cambios, será importante entonces aplicar la neuroarquitectura en la construcción de nuevos espacios para aprender, que le otorgue a los niños, niñas, y adolecentes una sensación de bienestar, se minimicen sus niveles de estrés, y se potencie la formación integral de alumnos más eficientes, productivos, sanos y felices.


Pedro Adalid es doctor en Educación y profesor universitario de Políticas de Calidad Educativa y Planes de Mejora

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