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EL MURO / OPINIÓN

Nuevas tribus urbanas

El peligro no está en las bicicletas, sino en los patinetes que parecen una derivación del cannonball. Eso y el neo ecologismo: abandonar la poda y alcorques porque hay que volver al estado natural. Estamos apañados de ocurrencias. 

23/02/2020 - 

Hacía tiempo que no cogía mi bicicleta. A cierta edad hay que ser prudente. Así que, al verla allí cogiendo polvo decidí sumarme de nuevo al colectivo de ciclistas que usan el anillo y las vías de circulación de dos ruedas a fin de reengancharme a la normalidad urbana y dejar de ser un simple paseante. Menudo riesgo post punk.

Cuando el anillo ciclista se inauguró comenté las supuestas bondades de la infraestructura, pero también sus riesgos y la pedagogía que debía de realizarse en torno a los nuevos consumidores de vehículos de dos ruedas, bien en forma de bicicleta y/o de patinete. Cansado de ser agredido verbalmente por otros usuarios ya que no siempre estamos al tanto del espacio que como viandantes ocupamos, me apunté al riesgo. Fue como realizar un ejercicio de autoestima, comprensión, represión y hasta coraje.

Esto de circular en bici por la ciudad es algo muy saludable, barato, ecológico y hasta social. Total, aguantar algunos insultos tampoco viene mal del todo porque se dicen a la cara y no desde la ventanilla de un vehículo de cuatro ruedas en el que todos nos sentimos titanes y nuestra adrenalina se dispara. De hecho, un día espeté a un ciclista que Symba -mi fiel acompañante de paseos- estaba disparado, por ello su enfado. Entendió lo contrario. Se paró y pidió explicaciones. Estaría en versión Grezzi 2.0. Y si te atropellan, ya te apañarás.

Pero después también comprobé que había nacido un nuevo tipo de usuario, mucho más peligroso y contundente que el de la movilidad a dos ruedas y a piñón fijo: la sociedad del patinete cannonball. Y entonces, sí descubrí, que son peligrosos y hasta gozan de todo tipo de presunción. En resumen: un verdadero peligro por mucho casco que utilicen. Funcionan a lo suyo. Son un nuevo modelo social, lo que antes se definían como Tribus Urbanas. Esta misma sin ir más lejos semana ha existido un nuevo atropello en la misma calle Colón de Valencia.

En los últimos meses la proliferación de pequeños negocios de alquiler de patinetes ha crecido de tal manera que debe ser imposible su control, como lo es mantener la ciudad limpia y los alcorques y árboles en condiciones.

A este respecto, era verdad lo que un amigo me dijo: “la nueva política municipal es la de no cuidar ni renovar o limpiar alcorques y jardines porque ahora dejar crecer los hierbajos se entiende como una nueva forma de ecologismo”. Al principio lo consideré una ironía. Pero tras ese paseo en bicicleta descubrí que era cierto. Que donde no crecían hierbajos de metro de altura, la suciedad y el abandono se lo comían todo. Cuanto más alejado de la ronda central, más aún. Al principio pensé que era un abandono pasajero, pero cuando un diario contó que no, que nuestro neoprogre Ayuntamiento, para lo que cree oportuno, había decidido cambiar de estrategia y hacer frente a la limpieza de alcorques y jardines cuando decidiera en pro de la neo ecología  de asesores municipales que son tan verdes que abandonan La Albufera a su suerte, descubrí que era normal. 

No creo que los alcorques repletos de hierbas sea motivo suficiente para limpiar el medioambiente de forma natural sino una simple ocurrencia de las muchas a las que nos están acostumbrado estos ex asesores del ecologismo y el lenguaje convertidos hoy en cuestionables gerentes de nuestros impuestos. Ver la maleza  crecer a rienda suelta a las puertas del Museo de Bellas Artes San Pío V era todo un ejercicio de desvergüenza ante visitantes foráneos y ciudadanos habituales. ¡Alcorques ecologistas! 

Comprobé también varias realidades. Nos van las hierbas, los que usan bicicletas se ajustan más bien que menos a las nuevas normas de circulación, y los que usan patinetes eléctricos son una especie a controlar. Pero muy estrechamente. Adelantan sin avisar, van a toda velocidad y por mucho casco que lleven son un peligro para viandantes, ciclistas y sobre todo personas de avanzada edad cuyo despiste ya ha provocado más de un susto e innumerables menosprecios, sobre carriles ciclistas y más aún en aceras peatonales. 

Como alguien no entre en razón y exija normalidad, esta ciudad se puede convertir en un peligro. Circular en patinete a velocidad de más de 20 kilómetros/hora, como me superaban sin miedo ni escrúpulos fue una aventura suicida y se está convirtiendo en un problema. Y dos, jardines, alcorques y poda están dejados de la mano de Dios y su responsable además de llamarse Campillo es vicealcalde. Y ya no creo que sea teoría de un neo naturalismo barato o irracional, sino simple incompetencia o ausencia presupuestaria. Fichan asesores, pero no limpian árboles. Paseen por ejemplo por el paseo de la Malva-rrosa y verán que sus innumerables palmeras llevan años sin podar, esto es, hay más ramas secas que vivas. Y de seguir así en lugar de hablar de la California del Mediterráneo hablaremos del desierto de Utha.

El vicealcalde segundo de València, Sergi Campillo. Foto: ESTRELLA JOVER.

Por suerte, pude regresa a casa sano, pero para nada a salvo. Durante mi paseo o intento de suicido también descubrí jardines, como los de esa zona de entrada a Valencia desde la Patacona absolutamente arruinados, en una simple rotonda con mirador cerrado pero que nos costó 50 millones de euros por deseo del Plan Zapatero, esa lumbrera que aún busca su espacio natural y reconocido por su optimismo patológico

En fin,  prepárense que llega fallas y el negocio de las verbenas, el botellón y la desatención  al patrimonio histórico artístico, o sea el todo vale, está a punto de llegar y  un año más lo hace para quedarse. El día que alguien sancione a unos y otros con contundencia comenzará a existir cierto orden. Mientras todo valga, seremos ciudad sin ley urbana por mucha parafernalia de plazas dialogantes y amabilidad urbana que nos quieran hacer creer. Así, que, atentos. Salgan de casa con casco. Es una recomendación. Vamos, a diferencia de Oviedo, a ganar el premio a ciudad peor conservada en su plan arbóreo y ajardinado y de riesgo en cuanto a nueva movilidad urbana. Y eso que tenemos concejales al uso y asesores al desuso. Piénselo, estamos a las puertas de comprobar en carnes el nuevo IBI de una ciudad sin barrer y menos podar, pero a la que le mola la velocidad urbana.

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