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entrevista con macdiego

Paco Roca: Experiencia, talento, talante p'alante

Desde que en 2007 publicó 'Arrugas' (Astiberri), el valenciano Paco Roca ha concedido miles de entrevistas. En esta ocasión, con 'El tesoro del cisne negro' en las librerías y una exposición en el IVAM, se enfrenta a una conversación a calzón 'quitao' (casi literalmente) con MacDiego, un amigo de toda la vida... 

14/04/2019 - 

VALÈNCIA.-Mientras llegabas he escrito esta introducción, a ver qué te parece: Te guste o no, eres el autor que ha revolucionado el mundo del cómic en este país, y eso, mezclado con la calidad de tus obras, te convierte en alguien excepcional, en una de las personas más influyentes del panorama artístico actual. Eres un dibujante que va ganando seguridad y frescura a pasos agigantados. Has pasado de dibujar detalles a casi hacerlo con bolígrafo, y escribes con una naturalidad y sentimiento envidiable. Es fácil que los lectores se sientan identificados con tus personajes, pues haces maravillas con lo cotidiano. Escribir es complicado y dibujar mucho más. Has mezclado estas complicaciones para ser uno de los más grandes.

—Vaya, me descoloca esta introducción. Me tienes acostumbrado a hablar mal de mí en las presentaciones de mis cómics. Que te pongas tan sentimental conmigo me da miedo.

—Tranquilo, sé que no te hace falta, pero en público solo soy el esclavo que te recuerda que eres humano.

—Jajaja, gracias. Me humanizas de maravilla.

—He tenido la suerte de verte crecer y evolucionar, por eso puedo afirmar que tu gran obra aún está por llegar. Hacia el exterior estás asentado, pero tu interior continúa buscando retos. Es la esencia de la creación, hacer algo que nunca haya hecho nadie. Y no dejas de sorprendernos.

—Ojalá sea como tú dices; eso me gustaría pensar, que lo mejor aún está por llegar. Lo contrario es un miedo que creo que tenemos todos los autores: ¿He contado todo lo que tenía que contar y ahora solo queda repetirme?, ¿he engañado hasta ahora a todos y pronto se descubrirá que soy un fraude? Somos inseguros, y quizá por eso intento esforzarme al máximo con cada trabajo.

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—Bendita inseguridad cuando sabes controlarla. ¿Algo te da miedo o es precisamente esa emoción lo que hace que aceptes como un reto casi cualquier proyecto?

—Temes todo lo que no eres capaz de racionalizar. Para mí es un misterio por qué mis cómics funcionan y los de otra gente que considero muy buena, no. Siempre te mueves por terreno intangible y no sabes cuándo caerás y dejará de interesar lo que haces. Ya te lo decía. Soy un inseguro.

—Nos conocemos hace unos cuantos años y no me consta que te hayas portado mal con nadie. ¿Crees que algún día podrás enderezar esta situación?

—Jajaja… Dame tiempo. Pienso que todos esos lectores que vienen a las presentaciones a por un dibujo o cualquier petición es la gente que no solo me da de comer sino que además son los que me comprenden por medio de los cómics. Respeto total. Lo que llevo peor es el después, no saber si con quien me encuentro es un lector que no he visto nunca, alguien a quien le firmé una vez, un conocido o incluso un familiar, que ya me ha pasado. Me estresa mucho. Ante la duda, saludo a cualquiera con el mismo entusiasmo con el que saludaría a mi hermano.

—Sí, eso lo he notado, ya que con los amigos no eres tan simpático. Por cierto, aparte de conmigo, tampoco nunca te he visto discutir con un amigo.

—Creo que con la edad que tenemos, a estas alturas, con los amigos con los que no has discutido ya nunca lo vas a hacer.

—Sé que eres constante en tus rutinas. A las 7.30 ya estás trabajando, te preocupas de tu familia, eres ordenado y aprovechas cualquier momento para trabajar, el tren, hotel, esperas, siempre llevas una libreta de apuntes, pero... ¿te atreves a contarme algo frikizarro que haces cuando estás solo en casa o cuando viajas? Ya sabes, algo que te haga más humano.

—La verdad es que me estás tratando como si fuera un ser extraño y mi día a día es como el del 99% de la gente. El resto, ese 1%, lleva la misma vida que nuestro amigo José Manuel Casañ. En el libro La encrucijada contrasto un día en su vida y en la mía, cuando ninguno estamos de gira. Su día es ocioso: se levanta sin despertador, hace recaditos, come con unos o con otros... Y el mío es de oficinista. Me acuesto haciendo balance de si mi día ha sido productivo. ¡Productivo! No me planteo si ha sido un día divertido. Hacer ese libro me hizo replantear mi filosofía de vida. Me gustaría perder el tiempo más de lo que lo hago. Como dices en tu libro; la vida es breve, ¡desperdíciala!

—Vaya, esperaba alguna interioridad picantona, tipo colecciono pechugas de pollo en la nevera y me gusta acariciarlas. Pero no, eres tan normal como en mis pesadillas. Y bueno, ya me gustaría desperdiciar mi vida como tú la tuya.

Así que esto me lleva también a lo contrario. Cuéntame la gran mentira que no te han pillado. Sé que sabrás hacerlo.

—Que no soy una persona sensible que se emociona con las pequeñas cosas, con un atardecer o con la sonrisa de un niño. A partir de Arrugas se me encasilló como autor comprometido y sensible. Eso fue algo accidental, pero desde entonces he tenido que vivir ese papel; colaboro con todo tipo de campañas sociales, regalo mi trabajo, intento ser buena persona, en las entrevistas doy imagen de tipo serio. El único momento en el que puedo escapar a ese papel es en el programa de radio que hacemos los viernes con Ramón Palomar.

—Quien no te conozca jamás pensaría que el de la radio y el dibujante sois la misma persona. Aún no me explico cómo Ramón no nos ha tirado del programa. ¿Por cierto, recuerdas la última vez que te rechazaron?

«a partir de 'arrugas' se me encasilló como autor comprometido y sensible. eso fue algo accidental, pero desde entonces he tenido que vivir ese papel»

—En la vida me rechazan a diario, tú y yo somos de esos que siempre estamos perdiendo. Hace unas semanas me echaron del IVAM. Era el primer día de montaje de la expo, aún no tenía muy claro los horarios y estaba en la puerta de la galería esperando a que llegaran los pintores. Saqué el ordenador y me puse a trabajar en un sofá del hall. Una de las chicas de seguridad me echó con educado desprecio porque ese no era lugar para eso. Me dio vergüenza usar el ''pero usted sabe quién soy yo''. Me fui con la cabeza gacha. 

—Lo veo, tienes una mirada amable, y eso es un hándicap. Los que te seguimos lo sabemos. ¿Por qué eres bueno en tu trabajo? ¿y en la cama? ¿Me darías tres razones?

—Hombre, esto de echarse flores uno mismo queda de folclórica. Si soy bueno en la cama no puedo decirlo yo. Lo único que puedo decir es que intento poner pasión en todo. Esa sería una razón. Otra explorar. No dar nada por sentado; todo se puede hacer desde otro enfoque. Creo que otra razón es dudar mucho y dar vueltas a lo que haces. Mmmmm, me parece que todo sirve para el trabajo y para la cama.

—Sí, es cierto. Creo que ya estás tardando en sacar un libro de autoayuda. Seguro que también te queda nikelao¿Y puedo saber en qué o quién piensas mientras tienes relaciones íntimas con tu pareja?

—En ti. Si hay una persona que chirría en la armonía del universo eres tú, la nota asonante en la creación. Suelo pensar en algo que tengamos pendiente, un viaje por ejemplo, porque sé que cambiarás el día en el último momento, o el itinerario o de pronto seremos veinte más y eso lo complicará todo. Esas cosas ayudan en esos momentos íntimos.

—Juassddfgjuaasdfghj...  anda que para algo serio que te pregunto haces que me sienta mal.

Y aparte de mi amistad, que ya veo cómo la utilizas, ¿cambiarías algo de tu vida? Siempre hay algo que no hemos superado y lo arrastramos, pues nos gusta aparentar que estamos bien con nosotros mismos.

—Sin duda cambiaría muchas cosas vistas ahora con la distancia del tiempo. No firmaría algún contrato abusivo; me portaría mejor con alguna ex; me hubiera gustado hablar más con mi padre y sobre todo no me habría pasado todo un verano de mi adolescencia montando un puzle. Me parece buen argumento el de Mark Twain cuando decía que dentro de veinte años te sentirás más arrepentido por aquello que no hiciste.

—Estoy con Mark y contigo, primero hacer y luego ya veremos. Pienso que eres un psicópata que te dedicas a los tebeos para no mostrar tu lado oscuro. ¿Sabes cual es esa psicopatía?

—Reconozco que siempre que algún amigo se compra un coche y me enseña lo cómodos que son los asientos, el fabuloso motor... cuando me muestra el maletero no puedo evitar medir el espacio en cuerpos descuartizados. Aquí caben tres de tamaño mediano, me digo.

—Juasdfggjuassdfgh...

—Todos los que trabajamos solos en casa tenemos alguna tara. Yo guardo las medias lunas al cortarme las uñas y con ellas escribo en cuneiforme invocaciones al maligno. Lo normal.

— Por cierto, ya sabes lo que es estar al borde del precipicio, y no por tu trabajo, sino por contratas que se quedan a medias. Te he visto disgustado. Aun así controlas bien la situación.

— Los dos conocemos a gente que ha caído desde muy alto. Hosteleros y constructores que nadaban en la abundancia y lo perdieron todo, políticos con poder, artistas en su mejor momento. Todo pasa. Puede que no caigas de golpe, pero no se puede vivir en la cresta. Por eso es importante que tu felicidad no dependa de una sola cosa, y que, como te decía antes, no puedes racionalizar ni controlar. Esto ha quedado muy de filosofía de azucarillo, jajaja…

—Sí, y a algún publicista. Eres bueno y no quieres que nos mojemos, está bien y has quedado dulcemente elegante.

Por cierto, ¿estás a favor de la depilación genital en general?

—No. Y te diré por qué. Soy más bien peludo, mi sueño es haber sido lampiño. El caso es que en una ocasión practiqué la depilación genital y pasados unos días aquello era un velcro que capturaba todo tipo de pelusas. Por no hablar del sonido que hacía el calzoncillo al despegarse de los genitales.

— Por cierto, que sepas que conozco gente dispuesta a pagarme para que le organice un encuentro contigo. Pero te tengo respeto y los freno. Me he planteado una empresa que se llame PacoRocaExperience. ¿Admiras a alguien?

—Es algo que me sorprende. No el que tú aparezcas en mi casa sin avisar con veinte extraños, eso no. Creo ser un tipo callado, me sorprende que alguien quiera aburrirse a mi lado. Admiro a mucha gente de mi profesión, como Joe Sacco, Satrapi, Seth, Max o Gallardo. Y también a escritores y músicos que me inspiran, Woody Allen, Miyazaky o Phillip Roth. Con muchos me gustaría tomar una copa y charlar, pero me parece arriesgado conocer gente a la que admiras por si no está a la altura de su obra. Y también ocurre lo contrario, autores cuya obra no me interesa y que en persona llego a admirar. Conclusión: esto es como todo.

—Los que estamos cerca vemos cómo te van ocurriendo cosas que podrían ser nuestros deseos. ¿Tienes alguno o simplemente sigues el camino que te has marcado y se van cumpliendo a su ritmo?

—Mi deseo era hacer cómics, y como mucho llegar a vivir de la industria de los cómics, haciendo superhéroes o lo que el editor de turno me encargara. Todo lo demás me lo he ido encontrando por el camino. Nunca pensé en vivir de lo que me apetecía hacer, alejado de la industria tradicional. Nunca pensé en tener un tipo de público generalista, ni que se hicieran películas, ni todo ese reconocimiento que ha tenido mi trabajo. Ni soñarlo, porque hace quince años estas cosas no pasaban, bueno, quizá a Ibáñez sí. Pero en general el dibujante era un tipo anónimo, como mucho conocido entre los muy aficionados. Todo lo que he conseguido es un lujo superior a mis sueños. Mi verdadero deseo sigue siendo el mismo: seguir dibujando los cómics que me apetece. 

—Imagino que en tu entorno familiar, que lo tienes sólido y muy equilibrado, pero ¿dónde te sientes más a gusto?

—En mi casa, sin duda. En la tranquilidad de mi estudio y con mi familia. Es cierto que demasiada tranquilidad también agobia y me gusta viajar, para que los editores me hagan la pelota y todo eso. Podría vivir sin esa parte; sin embargo no renunciaría a la tranquilidad de mi casa.

—¿Y recuerdas la penúltima vez que lloraste?

—El otro día que me iba de viaje y las niñas se abrazaron para que no me fuera. Se me escapó una lagrimita de felicidad. No lloro muy a menudo, pero me gusta emocionarme con determinadas cosas, felices o tristes. Creo que si un autor pierde esas capacidades, mal asunto. Vivimos de contar emociones.

—¿Y la última?

— Ahora cuando te vayas.

—Juassdfggjuassdfgh. Lo digo porque jugando una liga profesional, siempre que puedes vienes a la radio o a comidas de amigos donde sigues manteniendo la actitud de un chalao buscando cariño. Sorprendes porque nunca has puesto cara de qué narices hago yo aquí. Cuando te pregunto qué vas a hacer en los próximos diez días multiplicas por diez lo que yo tengo que hacer en los próximos diez años.

—La verdad es que desde el 2007 mi vida ha sido un continuo sprint. Viajes, charlas, entrevistas, actos... Cada mes tengo tres o cuatro en algún lugar. Hablo, como o ceno con gente que acabo de conocer y que posiblemente no vuelva a ver. Es una sensación extraña. Y al mismo tiempo sigo trabajando en mis cómics. Así que han sido años de mucho agobio y con poco tiempo para dedicarlo a los amigos. Pero lo he mantenido, ir a la radio, blablablá porque son las cosas que dan estabilidad y orden a mi vida.

—Y nosotros siempre esperamos tus aventuras, que las hay brutales. Vaya, me dicen que vayamos cortando. Por cierto, cómo llevas lo de los fans. Los conozco pesaditos y que no te dejan en paz, te acosan, incluso te persiguen.

—Tampoco exageres, que no soy una estrella del rock. Lo mío es muy llevadero. Además, creo que mis lectores son muy educados, no digo esto por quedar bien con ellos, que también. Pero es cierto que comprar un libro ya hace de filtro; es alguien que se ha tomado un interés por ti. Es diferente al tipo de fama de la gente del cine o la televisión.

—Claro, claro, es así, pero reconoce que siempre que paseo contigo por la calle, alguien que no conoces te saluda cariñosamente. Eso es por algo.

Estoy en casa transcribiendo la conversación. Es difícil pillarte así en un mano a mano, pues los amigos no te usamos para estas cosas. Gracias por no mandarme a paseo. Y por cierto, que sepas que me gusta jugar con las negras, que mi lado de la cama es el derecho y que ya ando con ganas de tu próxima presentación. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 54 de la revista Plaza

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