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colas del hambre

Pobreza, otro síntoma de la pandemia

Una interminable hilera de carritos de la compra se agrupa ante el Mestalla. Las han venido a llamar las ‘colas del hambre’, imágenes que se pensaban superadas en España, pero que la pandemia ha vuelto a sacar a la luz

14/03/2021 - 

VALÈNCIA. Prefieren mantener sus nombres en el anonimato mientras buscan a algún responsable que les oriente sobre dónde tienen que entregar sus papeles. Es la primera vez que hacen esta cola. Son una pareja joven con una niña de ocho años. Aguantaron el golpe de la primera y segunda ola de la pandemia. Había algo de ahorros e iban haciendo chapucillas, pero en esta tercera embestida se hace verdaderamente difícil llevar comida a la mesa. «Si tuviera otra opción juro que no vendría, pero cuando ves que no tienes nada que darle a la pequeña para desayunar, no te queda más remedio. Nuestra situación es crítica», comenta el marido.

A pocos metros, Francisco García les observa: «Yo no me avergüenzo. Mi familia y yo nos mudamos a València desde León justo antes de la pandemia por el trabajo de mi mujer que se dedica a la hostelería. Era cuestión de tiempo que la despidieran. A mí, al ser mayor de cincuenta años me es prácticamente imposible encontrar trabajo. Tenemos dos mellizos pequeños; los ahorros se han agotado. Me temo que tardaremos mucho en levantar cabeza», explica mientras se coloca para que le hagamos una foto de retrato.

Conforme avanza la mañana la cola crece y predomina el perfil de la mujer. Algunas con sus dos bebés en brazos como Patricia. Su marido era repartidor y se ha quedado en paro. Mientras conversamos llega Josefa Bandera, de 72 años. Tiene fibromialgia y asma. Con las restricciones de la pandemia no le pueden acercar la comida a casa, así que le tocará cruzarse la ciudad en transporte público.

Habla con dificultad por el cansancio: «Tengo una hija con discapacidad y vivo con mi nieta, a la que he criado. Tengo una pensión no contributiva de 400 euros, pero cuando llega el alquiler, con las facturas del agua, gas, comunidad... me quedan 60 euros hasta final de mes, así que tengo que venir por narices». La situación de vulnerabilidad de Josefa no la ha provocado la pandemia, pero la ha hecho visible. 

Oxfam Intermón avisa de que el impacto de la covid-19 ha arrastrado a la pobreza severa a casi 800.000 personas más en España, situándose la cifra en 5,1 millones de ciudadanos que viven con menos de dieciséis euros al día y que representan al 10,8% de la población total, pero, además, la pobreza relativa (menos de veinticuatro euros al día) se ha elevado en un millón, hasta alcanzar a casi once millones de personas, el 23% de la población.

Álex Prats, responsable de desigualdad de la ONG, señala que «ante estas cifras sin precedentes, entendimos positivas las medidas que tomó el Gobierno en el caso de la aprobación del Ingreso Mínimo Vital, que no es el ideal, pero es un paso histórico. Sin embargo, la resolución administrativamente está siendo ineficaz porque hemos visto que es un recurso que no llega a las personas que lo necesitan. Según datos del Gobierno, solo ha alcanzado a 160.000 personas de las 850.000 previstas». La complejidad del proceso de tramitación, comenta, «hace que muchas personas con derecho acaben desistiendo de la medida». 

* Lea el artículo completo en el número de marzo de la revista Plaza

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