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grand place / OPINIÓN

Por qué Luis De Guindos NO debería ser vicepresidente del Banco Central Europeo

20/02/2018 - 

¿Por qué el ministro de Economía español, Luis de Guindos, no debería ser el vicepresidente del Banco Central Europeo? Por que no está en su ADN. Y no sólo por una cuestión genética endógena, ya que no es una mujer, conditio sine qua non establecida por el grupo socialista europeo para darle su apoyo en el Europarlamento. Sino también por una cuestión genética exógena. Porque no está en su ADN adquirido, el de su experiencia vital, el del  “yo y mis circunstancias” del que hablaba nuestro filósofo y pensador del siglo XX José Ortega y Gasset.

¿Y cuáles son estas circunstancias? Las más recientes, las que acompañan sus “logros” para la salida de España de la crisis y el aprovisionamiento del sistema bancario español, en dramático default cuando De Guindos entró en este Ministerio, en 2011, aunque nadie lo quería reconocer. Momento clave en el que los bancos seguían vendiendo acciones y preferentes, estableciendo cláusulas abusivas y dejando en la calle a los perdedores de la crisis, a los desahuciados del sistema, trabajadores despedidos de sus empresas que, de repente, no podían cumplir con las cuotas de su hipoteca.

Pero lo será, pese a fallar en su primer examen. Porque no hay otro. Porque los equilibrios norte-sur ha obligado a Irlanda a retirar a su candidato, el ex gobernador del Banco Central de Irlanda Philip Lane, considerado hace unos días por el Parlamento Europeo como el más adecuado para ocupar la vicepresidencia del Banco Central Europeo. No importa. La opinión de los representantes de los ciudadanos europeos, de la soberanía popular, no es vinculante. El resto del recorrido en esta elección tampoco importa, es decir lo que opinen los ministros de finanzas de la Unión Europea cuando se reúnan en el ECOFIN. O lo que piensen los jefes de Estado y de Gobierno en la cumbre del Consejo Europeo de marzo, donde debían decidir por mayoría cualificada.

Ya ha pasado el mal rato para el sucesor de Rato en el Ministerio de Economía -con el paréntesis de Zapatero y del Fondo Monetario Internacional-. Luis De Guindos será el elegido de los dioses, perdón del Banco Central Europeo, que también dará su opinión en este nombramiento. O que ya la ha dado. Porque ha sido en esta reunión -llamada informal- del Eurogrupo, donde lo han decidido los países de la zona euro. ¿Solos? ¡No! También participaba el presidente del Banco Central Europeo.

Vaya… ¿Un viejo amigo de De Guindos? Quizás, quizás, quizás. Porque el italiano Mario Draghi, hoy vicepresidente del Banco Central Europeo, proviene de la banca de inversiones, como De Guindos -y luego volveremos a sus orígenes-. En este caso, el italiano viene de Goldman Sachs. ¡Qué casualidad! Drahgi llegó a Frankfurt en 2011, en pleno rescate griego, con información privilegiada. Entre 2002 y 2005 fue vicepresidente y director de Goldman Sachs International, la empresa que había estado vendiendo swaps al Gobierno griego desde 2001. Estos productos financieros complejos no fueron declarados a Eurostat, el órgano europeo supervisor, al tener un interés diferenciado y ser una inversión en mercados de futuro que, como se comprobó, resultó ruinosa. Grecia fue castigada por ello. Y sigue siéndolo.

¿Y qué más tienen en común De Guindos y Drahgi? Pues…, ¿información privilegiada? Si nos retrotraemos a 2008, Luis de Guindos era el delegado de Lehman Brothers para España y Portugal -otro país rescatado con problemas financieros-. Sí, Lehmann Brothers, ¿les suena? El banco norteamericano de inversiones que provocó el disparo de salida de la crisis, después de que el gobierno de George Bush Jr. lo dejara caer. 

Cuatro meses antes de su caída, en mayo de 2008, De Guindos vendía alegremente a la CAM las cuotas participativas de Lehman Brothers que saldrían a Bolsa. Ganó 1,1 millones de euros de comisión. Decía, ante el equipo de ventas de la fenecida caja alicantina: «Yo creo que las cuotas participativas serán algo que, cuando le demos un poquito de tiempo, cuatro, cinco o seis años, esta emisión va a ser estudiada por las mejores escuelas de negocios del mundo”. Seguro, como que ya hay tesis sobre el rescate bancario en las universidades españolas.

El ministro español, que suponemos que no tardará en dejar el cargo -algo a lo que se ha resistido desde que presentó su candidatura, por si acaso…-, se va a Europa con la aureola de haber mejorado las provisiones de la banca, que ya contabiliza beneficios después de la gran crisis del sistema financiero. Todo sea dicho -y no me cansaré de repetirlo-, superada con el rescate de 60.000 millones de euros a costa del bolsillo de los ciudadanos españoles. De Guindos es el autor del rescate a la banca que no nos iba acostar ni un euro, según se cansaron de repetir desde el Gobierno de Rajoy. Porque estas “provisiones” vienen del dinero público, del que los Estados europeos le prestaron al Estado español, a costa de su déficit y de su deuda, con un Memorándum de Entendimiento (Memorandum of Understanding o MoU, según sus siglas en inglés), firmado por España y bajo su única responsabilidad para devolverlo, como quedó fijado en el acuerdo del Eurogrupo de junio de 2009. Con la ayuda de Drahgi, por cierto.

Pero es que, hace seis meses, el Gobierno le perdonó la vida a la banca. El Banco de España dio por perdidos 60.613 millones del rescate y sin asumir errores. Mientras, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, afirmaba en una sesión de control del gobierno en el Parlamento: Gracias a esas decisiones, España no quebró y no necesitamos el rescate”. ¿Y qué ha dicho Luis De Guindos? Hace un mes, en la comisión de investigación del Congreso sobre la crisis financiera, el ministro manifestó: “La alternativa al rescate de los bancos hubiera sido el rescate de toda la economía”. 

¿Alguien le oyó entonar el mea culpa? No. Tras premiarle hace más de seis años con el Ministerio de Economia, ahora le mandan a Europa a regir los designios de las finanzas de la Unión. No, Nadie le oyó gritar: “Was wrong, was wrong, was wrong”. Como exclamaba el CEO de Ibis Clear Capital en la genial película Money Monster, cuando George Clooney le pone una bomba en el pecho por haber manipulado las acciones haciéndolas caer de golpe. Y no lo ha dicho, no porque nadie le haya puesto una bomba en el pecho. No, no lo ha dicho porque no está en su ADN.

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