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'Quan les vinyes ploren', una crítica al abandono de las tierras y de los mayores

La compañía Fum Teatre debuta con un drama familiar ambientado en el negocio bodeguero

19/01/2022 - 

VALÈNCIA. Como los buenos vinos, los negocios bodegueros son todo un aliciente para la creación dramatúrgica. Existe un teatro ebrio, cuyos autores escriben desde la inspiración que les brinda un buen tinto, como también una rica extraescena en los espacios y las acciones ligadas a la viña como modo de vida. A estas motivaciones, la dramaturga Laura Sanchis sumó una metáfora en su obra Quan les vinyes ploren, la del llanto de la vid como símil de dinámicas familiares. Este fenómeno natural se produce en primavera, cuando la planta comienza un nuevo ciclo de vida. La savia se activa entonces y gotea desde las ramas. El lloro finaliza cuando cicatrizan sus heridas. 

“Me pareció un buena imagen para hablar de lo que te impulsa a salir del hoyo cuando todo está perdido”, explica la autora, que también ejerce de directora y participa como actriz, junto a Pilar Almeria, Guille Zavala y Pedro Mallol, en el montaje programado del 14 al 30 de enero en el Teatre Micalet.

Sus protagonistas son los miembros de un clan que se dedica al negocio del vino en una casa-bodega en el municipio alicantino de Agres. En paralelo a las uvas, los Vidal maceran motivos de tensión. La familia es un microuniverso que permite explorar temas macro desde lo íntimo. En este caso, la autora incorpora rencillas pendientes de solución que están ligadas a la corrupción, al cambio climático, a la salud mental y a la identidad de género. Pero, principalmente, al abandono de los mayores.

Es un tema que obsesiona a la dramaturga desde que en 2015 escribiera Nagg i Nell, un montaje sobre la soledad a partir de dos personajes secundarios de la obra de Samuel Beckett Fin de partida. 

“Durante la crisis sanitaria me he estado preguntando qué ha pasado con esas familias que se desentendían de sus padres y ahora han contado con razones justificadas para no ir a verlos”, se teme la actriz, quien aclara que, aunque en la obra resuena el desamparo que han sufrido los ancianos en las residencias, no es postpandémica, sino que refleja el abandono de lo que te ha cuidado en el pasado, ya sean tus progenitores, ya los frutos de la tierra. 

La también directora tenía así mismo en mente el abandono y el descuido de los campos. Y por extensión, la inmediatez que caracteriza a las nuevas generaciones. “Antes había una capacidad de entrega, sacrificio y paciencia que en la sociedad líquida actual se ha visto mermada por la necesidad de un consumo directo y una  autosatisfacción muy rápida. No hay conciencia de lo que cuestan las cosas porque, los jóvenes no tienen conciencia de los procesos de trabajo, del tiempo que, por ejemplo, tardaban sus padres en labrar la tierra. Con esto no les estoy culpabilizando, es lo que les ha tocado vivir”, matiza.

Enfermos a nuestro pesar

Otro aspecto que pretende subrayar en la pieza es la culpabilización del enfermo. Como señaló Susan Sontag en su libro La enfermedad y sus metáforas (1978), existe una dinámica perniciosa consistente en cargar la responsabilidad del cáncer en el aquejado por haber mantenido malos hábitos, como el tabaco o una alimentación poco saludable. Incluso buscarle una causa psicológica, por la cual, la dolencia habría sido desencadenada por una disposición emocional negativa, como la frustración. Se llega incluso a condicionar la cura a una actitud optimista. Si no se produce una mejora es porque la persona afronta su mal con frustración o desánimo. 

“A los enfermos no se les deja estar tristes y jodidos. Se les somete a la presión de vivir con positividad, se les asegura que su voluntad determinará su recuperación. Pero están en todo su derecho de decir que no pueden más. Toda esta forma de manejarlo está ligada a la industria de los antidepresivos y al abuso en su consumo”, expone Sanchis.

La dramaturga perdió a sus padres de cáncer cuando era joven y en ese trance cambió su apreciación de la enfermedad. “Como no hay una conciencia de que nos vamos a morir, no les acompañábamos con la paciencia y el respeto que merecen. Rechazamos al enfermo y al mayor porque son un espejo real de la muerte, y eso implica aceptar que a ti te va a pasar lo mismo”.

Una creación arropada y colectiva 

Quan les vinyes ploren es la primera pieza de la nueva compañía Fum Teatre, dirigida por Pedro Mallol junto José Emilio Linares Maqueda. El proyecto nació tras la experiencia compartida en la adaptación el año pasado de Martin McDonagh El malfet d’Inishmaan por parte la Companyia Teatre Micalet

La comedia negra, reconocida como mejor versión, traducción o adaptación en los Premios de las Artes Escénicas, les arraigó dentro del teatro de la calle Guillem de Castro. "Ese clan irlandés nos dio una sensación de familia que no hemos soltado desde entonces”.

El equipo del Micalet los ha acogido en residencia. Crecer bajo el ala de la consagrada compañía les ha permitido fortalecerse. “Esta adopción nos ha permitido crecer”.

El debut de Fum Teatre se caracteriza por la creación colectiva, en el que ha habido un trabajo constante en equipo y un seguimiento. Como ejemplo, explica que la veterana actriz Pilar Almeria no se ha limitado a interpretar sus líneas, sino que también ha aportado ideas en aspectos como el vestuario y la escenografía. 

“Es una forma de funcionar que se pone en práctica a menudo en Barcelona y pasa por que compañías fuertes apoyen a compañías jóvenes con dramaturgias vivas. Espero que inspire a otros teatros privados a hacerlo. Es importante apostar por formaciones valencianas embrionarias en formato de residencia, no de exhibición”, valora Sanchis.  

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