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el tintero / OPINIÓN

Que el món s’acaba

Uno quería comentar cualquier asunto de actualidad, desde la “dimisión” del concejal de cultura festiva a el caos que llegará a la capital de la Comunidad Valenciana en unas semanas si no lo remedia la ciudadanía en la calle. Pero parece que no hay nada más en las últimas horas que el dichoso coronavirus

26/02/2020 - 

La actualidad suele imponer una agenda informativa y en relación con la misma, quienes tenemos el privilegio de escribir una columna y poder compartir nuestra opinión con los amables lectores, solemos buscar temas de interés social y lógicamente personal, pues su nombre lo indica ‘columna de opinión’, pero hay casos en los que se hace casi imposible ignorar algunos asuntos. Les confieso que pensé en escribir sobre el reciente aniversario del 23F y establecer alguna comparación entre un golpe de estado que duró apenas veinticuatro horas y un Golpe de Estado que lleva varios años, el del 1-O en la Comunidad Autónoma Catalana. Pero esta idea se esfumó porque el próximo año se cumplirán cuarenta años de aquella famosa efeméride y seguro habrá ocasión de comentar, aunque sospecho que algunos aprovecharán para analizarlo de manera torticera. 

La política local ha tenido una importante noticia, el concejal de Cultura Festiva y presidente de Junta Central Fallera, Pere Fuset, acusado de homicidio imprudente y de un delito contra la seguridad de los trabajadores, anunció que dejaba temporalmente sus funciones, aunque mantenía el acta como edil en el ayuntamiento de Valencia. Es una noticia que muchos consideramos que llega tarde y mal, debía haber dimitido hace tiempo, la gravedad de los hechos es total, y la responsabilidad política que siempre exigió Compromís a los dirigentes populares debería habérsela aplicado, pero aquí vemos la capacidad de mentir de los actuales gobernantes. La mentira como arma para hacer política. 

Estos eran asuntos de importancia y que son susceptibles de ser comentados y analizados, pero la avalancha informativa, haciendo gala de cierto sensacionalismo y amarillismo se ha centrado en el coronavirus, el más que popular virus provenientes de la República Popular China. Hay tal cantidad de informaciones que cualquiera que pretenda informarse sufre casi un colapso instantáneo, aeropuertos, norte de Italia, Tenerife, el paciente 0, el partido del Valencia, el carnaval de Venecia, las Fallas,……todo está conectado por el maldito virus, todo.

La psicosis colectiva nos lleva a dejar de ver la realidad y poder entender que está ocurriendo, los datos demuestran que hay más muertos al año por la gripe que por este virus, así como que afecta especialmente a población de avanzada edad y con enfermedades o problemas de salud previos. Pero nada importa, sólo la locura colectiva que hace que se agoten las mascarillas y que veamos supermercados vacíos en el norte de Italia. El mundo gira entorno a este virus que como no podía ser de otra manera, tiene varias versiones y cierta mitología sobre su origen, de hecho, el escritor Dean R. Koontz escribió en 1981, Los ojos de la oscuridad, donde narraba una irrupción en el mundo del siglo XXI, además “alrededor del año 2020”, de un arma biológica denominada “virus Wuhan-400”, justamente la ciudad china donde empezó porque es ahí donde hay un centro de investigación y desarrollo en la prevención y control de enfermedades infecciosas de China, en concreto uno de los laboratorios con el nivel más alto de bioseguridad del mundo. 

La realidad nos coloca en un momento crítico más por la psicosis global que se está generando que por la propia peligrosidad del virus, pero en estos momentos está en duda hasta los próximos Juegos Olímpicos. Recordemos que hace unas semanas cuando se canceló el Mobile World Congress algunos pensamos que quizá era una medida exagerada, pero a este paso no sabemos qué será lo próximo en cancelar. En las zonas del norte de Italia, Lombardía y Véneto, hasta las misas se cancelaron, los pueblos y ciudades quedaron desiertos. Lo que tantas veces hemos visto en esas películas apocalípticas empieza a ser real, y como siempre los valencianos con nuestra característica socarronería tenemos un sabio refranero para estar preparados cuando llegue la parusía o el fin del mundo, ese clásico “…que el món s’acaba”. El humor que nunca nos falte. 

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