CHIPS EN EL BELVEDERE / OPINIÓN

Que no es (solo) cuestión de dinero, que no

1/09/2022 - 

No es cuestión estrictamente de dinero. Alucinante, ¿verdad? Nos encanta achacar todos los males a los problemas de financiación, y algo de eso hay, pero en el mundo actual la disponibilidad de fondos no es el problema, hay un exceso de liquidez en el mercado de hecho, sino configurar un entorno atractivo para las ideas, en el que ‘pasen cosas’ (una expresión que entusiasma a los innovadores de base científico-tecnológica y que confunde a los expertos de marketing), crear hubs de conocimiento en los que sea imprescindible estar para competir a nivel global. 

Una de las respuestas más contundentes en mi conversación para la revista Plaza con Pablo Jarillo-Herrero, investigador valenciano del MIT, fue que había visto en España laboratorios con mejores instalaciones que el suyo. En algunos procesos de su trabajo en Boston “estamos ahí con duct tape (un tipo de cinta adhesiva) haciendo cosas en plan chapucero”. Obviamente, cuentan también con dispositivos de vanguardia. Parte del problema es el dinero, en efecto, pero “es más cuestión de ambición intelectual”.

Rechazar 106 millones de euros en ayudas ya ‘preconcedidas’ del Perte del automóvil, como acaba de hacer Ford, no es cualquier cosa. Debemos reflexionar por qué una multinacional presente desde hace medio siglo en nuestro país, en nuestra comunidad autónoma, no quiere recoger esa cantidad de dinero que le queremos dar. No mirar hacia adentro y analizar en qué estamos fallando sería un error enorme. Porque la decisión de Ford nos pone frente al espejo, nos muestra una realidad que no podemos seguir obviando.

En unos días se celebra el, en otros tiempos imprescindible y líder indiscutido, Detroit Auto Show. Asfixiado por el efecto mediático del CES de las Vegas, se trasladó de febrero a septiembre, pero no ha sido suficiente. Los ‘Tres de Detroit’ (General Motors, Ford y Chrysler) son los únicos fabricantes de automóviles importantes que han previsto conferencias de prensa en el evento. Otros planean algún tipo de presencia casi testimonial y Nissan y Hyundai han decidido no repetir. Va en serio esto de que quien no aporte valor se queda fuera de juego, incluido Detroit.

En los medios internacionales se describió la decisión de Ford como una renuncia a fondos europeos: ha sido Bruselas la que ha quedado en evidencia en este episodio. Y es verdad. Ese principio de subsidiariedad que trata de llevar la toma de decisiones en la gestión de recursos a los entes más cercanos a los ciudadanos no siempre acierta, o no siempre cumple con su objetivo de distribuir de la forma más eficiente posible… a largo plazo. 

Lo que deben de estar pensando en Europa sobre ese primer semestre de 2023 que se avecina. En medio de la mayor crisis energética de la historia, con tasas de inflación desbocadas y en pleno maremoto de credibilidad de las instituciones democráticas, visible en la polarización política y el auge de los populismos, Pedro Sánchez asumirá la presidencia rotatoria del Consejo, y lo hará siendo año electoral en España. Sus últimos movimientos con Alemania no están exentos de riesgo, una apuesta que puede devolver a nuestro país al núcleo duro de la UE o situarnos en el bloque de damnificados al que nada nos obligaba necesariamente a pertenecer. Suerte.

El primer error ha sido de concepción del Perte del vehículo eléctrico. Eso es obvio. Ford ha identificado a 550 proveedores en República Checa, Alemania, Hungría, Austria y Eslovaquia, países de alto riesgo para la crisis energética en Europa, de los cuales 130 suministran a sus plantas en Estados Unidos. Además, el 50% de todas las materias primas que son necesarias para cumplir con los objetivos combinados anunciados por todos los fabricantes mundiales de vehículos eléctricos está realmente disponible en un 50%. 

Pero no se trata sólo de un problema coyuntural. Sólo como segundo plato, el Perte estaba pensado para potenciar a la industria auxiliar del automóvil, esas interesantísimas empresas de microelectrónica, de componentes de alto valor añadido, de robótica, de AGV, de software, secundarios de lujo, de fotónica, de óptica, de sistemas de almacenamiento y carga, de inteligencia artificial, cuyo desarrollo es precisamente el que hace que las grandes corporaciones piensen: allí tengo que estar. ¿Acaso no es Nvidia la que marca el paso y no al revés?

El presidente mundial de Ford, Jim Farley, dijo a analistas que “el cambio en nuestra industria no es un cambio de propulsión. Es mucho más grande que eso”. En realidad, “es un cambio hacia un vehículo cuya diferenciación será cada vez más el software”. Escuchando algo así se entiende mejor que las grandes compañías prefieran sacar músculo en Las Vegas y no tanto en Detroit.

España diseñó un Perte del vehículo eléctrico pensado en atraer inversiones, esas decisiones multimillonarias que tan bien quedan en los grandes titulares de los medios de comunicación y sobre todo en las redes sociales. Síndrome de la Pepica como he dicho. Pero no necesariamente son indicativas de que el territorio en el que se producen ocupa la vanguardia de la innovación tecnológica. “Como se acaba de ver con Ford, las decisiones de inversión no son solo una cuestión de dinero. La empresa invertirá si ve que tiene unas oportunidades razonables de recuperar su inversión en un plazo determinado”, me comenta el presidente de la patronal TIC, Ametic, Pedro Mier. Ese es el tema.

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