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CONCIERTOS DE FALLAS

Quemar después de escuchar: ¿para quiénes son los conciertos de Fallas?

La radiografía de los tradicionales conciertos de Fallas arroja una realidad marcada por el punto de vista único

3/03/2016 - 

VALENCIA. “Esto, bueno, que no me esperen”. “En una mascletá hay más calidad musical”. “Yo ya ni suelo mirar quién viene a los conciertos de Fallas”. Y así, en una serie más infinita que la sucesión de Fibonacci, si es que pudiera existir tal cosa, se podrían colocar las reacciones a los anuncios de los conciertos de Fallas auspiciados por el consistorio municipal. La primera corresponde al cartel de 2006, las otras dos al de 2005; una, en un foro especializado de música, y las otras en uno de baloncesto. Una década después, la parvedad estilística de los conciertos de Fallas y su efecto devastador sobre los estados de ánimo de muchos valencianos se extienden sin disimulo cuando llega la hora de los falleros.

La selección de los ya tradicionales conciertos de Fallas parece hecha siempre con esa perspectiva sádica que le dan a la ciudad los petardos, las despertás, el olor a fritanga de las carpas, las calles cortadas y los ecos de las verbenas baratas hasta altas horas de la madrugada. Un golpe más en el hígado del que no puede permitirse hacer el recorrido inverso del turista que abarrota Valencia. Si se mira con cierta distancia, la batería de artistas y conciertos de Fallas podría encajar a la perfección con la sesión de la verbena fallera menos lesiva; por lo tanto, uno puede dejarse caer en la tentación y concluir que la confección de los conciertos de Fallas es una muesca más en la culata de una fiesta que, en realidad, dista bastante de ser la de todos los valencianos.

Efecto Melendi: la constante

Las reacciones entrecomilladas que inauguran este artículo bien podrían corresponder al presente. Y no es una afirmación gratuita porque, de hecho, una de las tres bandas elegidas ya pasó en su momento por los conciertos de Fallas. Efecto Pasillo, que este año acompaña a los valencianos Funkiwi’s y Maldita Nerea (redoble de tambor: ya estuvieron en Viveros para la Feria de Julio de 2011), actuó en los conciertos de Los 40 Principales en 2013; el elenco de aquella noche en la Ciudad de las Artes y las Ciencias lo completaban El Viaje de Elliot y Melendi.

Lo de Melendi, sin embargo, viene de más lejos, y poco puede hacer Leonardo de Pisa ante la imbatible serie de conciertos del asturiano en Fallas. La reiterada presencia de Ramón Melendi Espina en Fallas es posiblemente uno de los factores más reveladores de todo lo mencionado más arriba. Ahora que Rita Barberá ha dejado de ser la constante fallera, el músico ya puede volver a optar. En la última década, Melendi ha actuado hasta en cuatro ocasiones en los conciertos de Fallas; encadenó 2006 y 2007, cuando la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Valencia aún coorganizaba el evento con la Cadena SER y la COPE, y regresó en 2011 y 2013, ya con Amstel a la cabeza de la organización. 

No cambiar nada… para que nada cambie

En esta nueva década, la cervecera desempeña un papel capital en la organización y producción de los conciertos de Fallas. La empresa del río Ámstel ocupa ahora el lugar que hasta no hace demasiado ocupaban emisoras de radio como Cadena SER, COPE, Los 40, Cadena Dial o Cadena 100. Si bien no han desaparecido (Rock FM organizaba el año pasado el concierto de M-Clan), Amstel trata, sin demasiado éxito, de liderar y crear una cita musical memorable para el calendario fallero; sólo el supergrupo de rock del año pasado, formado para la ocasión con miembros de M-Clan, Barón Rojo, Tequila o Uzzhuaïa, se apartó de la radiofórmula más conservadora.

La realidad es que, desde que el Partido Popular recuperara en 1999 una tradición que ellos mismos habían abolido en 1997, la línea de la programación de los conciertos de Fallas ha sufrido muy pocos sobresaltos. Seguridad Social, Revólver, La Oreja de Van Gogh, Melendi, M-Clan, La Unión, El Sueño de Morfeo, Pereza, Los Secretos e incluso Coti (¡con seis años de margen!) han repetido en el programa de conciertos de Fallas desde que se inauguró el siglo XXI. Sólo en 2004 hubo una concesión a la apertura; alguien creyó que los conciertos de Fallas podían retratar más de un universo y, además de la familia de Los 40 (con Tony Aguilar, OBK, Chenoa, Junior, Pereza, Iguana Tango y Fran Perea), se le dio un escenario a grupos como Sôber (que también sonaba en Los 40), Deluxe y Sexy Sadie.

La única evolución que ha sufrido el calendario musical auspiciado por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Valencia desde entonces ha sido la de la cantidad de conciertos. La jornada única de este año, que pretende plantearse como una propuesta para toda la familia durante todo el día, y la cita doble de 2014 y 2015, contrastan con los despliegues mastodónticos de épocas no tan lejanas en las que el exceso valenciano pagaba tributo también al lado más comercial de la música en Fallas.

Del playback de 1999 a la comparación con Barcelona y el BAM

Entre todas esas producciones calcadas en el tiempo extraña la mínima presencia de referentes internacionales. Ni siquiera en la época de los fastos populares se concedió al público valenciano (ni al turista) la posibilidad de disfrutar de artistas de más arriba de los Pirineos; ni hablar de estadounidenses tampoco. Desde que arrancó el siglo XXI, el aporte internacional se ha reducido a algunas figuras latinoamericanas más o menos acertadas como Julieta Venegas, Paulina Rubio, Luis Fonsi o Carlos Baute. O King África.  Muy lejos quedan ya los conciertos de New Kids On The Block en 1994 o Texas y Gun en 1990.

Todo esto contrasta amargamente con ejemplos de otras ciudades en las que las fiestas también se apoderan de la urbe con, entre otras cosas, una programación de conciertos abrumadora. Sí, es el caso de Barcelona, La Mercé y el BAM. Además de los conciertos a cargo de emisoras de radio, como sucede en el caso de Valencia y las Fallas, el Ayuntamiento de Barcelona auspicia un auténtico festival de facto. Sin ir más lejos, por el BAM 2015 (Barcelona Acció Musical) pasó todo el espectro alternativo: el que va de Crystal Fighters al africano Bombino, los canadienses METZ, los norteamericanos Vetiver, los locales Ocellot y Mourn o los valencianos Senior i El Cor Brutal. En las últimas dos décadas en Valencia, los noruegos one-hit-wonder de Babel Fish en 2003, y Manic Street Preachers en 1999, han sido las más destacadas incursiones anglosajonas en 17 años.

Para más inri, el concierto de Manic Street Preachers fue, en realidad, un playback que ni siquiera llegó a la media hora. O eso defendía la querella del PSPV contra el entonces Concejal de Hacienda, Alfonso Grau, por los delitos de exención ilegal y fraude, que además señalaba en su momento que la concesión de los conciertos de Mestalla, contratados a cambio de 50 millones de pesetas por el propio Ayuntamiento de Valencia, había sido adjudicada sin concurso a una empresa vinculada con Jesús Wolstein, marido de la concejala Marta Torrado. El 19 de marzo, Javier Pérez Royo recogía en la edición impresa de El País “los problemas del bajista de Manic Street Preachers para seguir el playback” y “el éxtasis de las quinceañeras con Ella Baila Sola”.

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