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UNA HABITACIÓN PROPIA / OPINIÓN

Refugiados bienvenidos, refugiadas bienvenidas

La foto de Aylan ahogado ha tenido un innegable "efecto llamada", el de la solidaridad

10/09/2015 - 

La foto de Aylan ha tenido un "efecto llamada", pero no en los términos insolidarios de la derecha. El "efecto llamada" desde mi perspectiva cercana lo he vivido en forma de mensajes de amigos y familia, pidiéndome información acerca de cómo hacer saber a las autoridades que sus casas están abiertas a quienes están viviendo el éxodo.

Una gran parte de la sociedad civil ha reconocido el hilo que les une a esas familias que huyen para salvar la vida y su futuro. 

Hay gente que se reconoce en ellas directamente y también la hay que recuerda a sus propios ascendientes huyendo de la guerra y de la represión franquista.

Hay un antes y un después de la foto de Aylan, que no es más que la evidencia de una realidad que nos venían mostrando desde hace mucho tiempo pero que éramos incapaces de ver. Sin embargo, tal y como nos han ido narrando estos días in situ periodistas como Olga Rodríguez y Alberto Sicilia, la solidaridad es hasta ahora tan sólo un deseo de una gran parte digna de la población porque la realidad de los refugiados cruzando fronteras en esta Europa "fortaleza de los mercados" está marcada por el horror de los antidisturbios, los naufragios y los centros de detención.

No obstante, aquí, la gran mayoría de ayuntamientos del País Valenciano se han organizado siguiendo la estela marcada por Ada Colau y Barcelona en Comú, que defendieron la necesidad de crear una red de ciudades-refugio que dieran acogida a las miles de personas que escapan de la guerra. Se han ido uniendo otros consistorios, como el de Madrid anunciando una partida presupuestaria de 10 millones de euros para garantizar las necesidades habitacionales del proceso de acogida. Por cierto, un millón de euros más que lo presupuestado por el Gobierno central para emergencias y atención a refugiados.

Toda esta solidaridad en potencia ha de verse concretada en un tiempo muy próximo y espero que estemos a la altura de aquellas familias valencianas y catalanas que durante la guerra acogieron a refugiados de otros territorios ya asediados por el terror de la victoria franquista, como describe 

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No es baladí tampoco que en Alicante y Valencia se vuelva a hablar de memoria democrática y se recuperen los refugios que salvaron a nuestros abuelos y abuelas de las bombas de Franco Mussolini, haciendo comprender que el sufrimiento de la guerra y la intolerancia no nos es ajeno. De hecho, en el marco del apoyo de la OTAN a las intervenciones bélicas de Estados Unidos y de las políticas migratorias represivas de la Unión Europea, nuestro gobierno es aliado de los responsables de este éxodo.

Toda esta solidaridad en potencia ha de verse concretada en un tiempo muy próximo y espero que estemos a la altura de aquellas familias valencianas y catalanas que durante la guerra acogieron a refugiados de otros territorios ya asediados por el terror de la victoria franquista, como describe Lluís Llach en Memòria d'uns ulls pintats:

"Allà, palplantats, esperàvem que el tren i l'atzar decidissin la porta que s'aturaria davant nostre, de la qual baixarien els fugitius amb aquella mirada tan desemparada als ulls. Famílies senceres, però sobretot dones, criatures i vells. No calia preguntar si eres refugiats, l'espant els marcava les faccions. Descendien tímids, caminaven amb passos imprecisos, fent tortes mentre miraven aquelles estructures metàl·liques que cobrien les vies i que els esvoleiaven pel damunt, com estranys monstres metàlics. Nosaltres ens presentàvem procurant que entenguessin que érem allà per ajudar-los i dur-los als espais que la ciutat havia preparat per acollir-los".


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