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en busca de fórmulas para no perder el curso

Educación a distancia obligatoria: cuando estudiar se convierte en un reto por una pandemia mundial

21/04/2020 - 

VALÈNCIA. Estudiar en tiempos de pandemia no es fácil. En ninguna etapa educativa lo es, aunque en algunas se acusa más que en otras. Colegios, institutos y universidades tienen hoy las puertas cerradas y sus aulas vacías. Los alumnos han tenido que cambiar sus pupitres y horas de recreo por sus cuartos. Para los pequeños, sus padres se han convertido en maestros; son quienes les imparten clase, hacen un seguimiento de lo que marcan sus "seños", y fijan un horario para que no crean que están de vacaciones. Aunque a veces sea difícil de discernir, dadas las circunstancias. 

Con este escenario, cada centro educativo ha elegido una modalidad para poder continuar con la formación de los alumnos. María, estudiante de cuarto de Primaria, estaba hasta hoy de vacaciones y avanzando con fichas de papel que le llegan por email todos los lunes por la mañana. A ésta se unen dictados y decenas de enlaces imposibles de gestionar para los padres. Ahora empezarán con tutorías online dos veces por semana. "Me gusta más que antes, porque hay menos deberes", reconoce, con la sinceridad que caracteriza a los más pequeños. 

Mientras su hermana, en infantil, requiere la ayuda de sus padres y todos los días recibe vídeos de su profesora con alguna tarea o manualidad. "No llegamos a todo", admite la madre, quien también es maestra y asegura que algún padre incluso le felicita cuando imparte o graba alguna clase online porque la ven con sus hijos. "Estamos en tiempos muy raros", ríe y añade que su otra hija, en secundaria, está encontrando dificultades, por ejemplo, en los exámenes. "Los hacen con apuntes, pero son más difíciles y largos". 

Y es que, mientras los estudiantes más pequeños requieren supervisión, los estudiantes mayores han tenido que crecer aún más. Son ellos quienes se imponen las nuevas rutinas y horarios. "Si quieres aprender, ahora más que nunca depende de ti, es tu responsabilidad organizarte y seguir las clases al ritmo que se marca", explica María, estudiante de segundo de Bachillerato. "Nuestros padres trabajan, no pueden estar pendientes de lo que hacemos cada día", añade Amparo, que cursa 4º de la ESO. 

Tampoco enseñar es una tarea sencilla. En la otra orilla, los profesores, pura vocación, han cambiado las tizas, pizarras y clases con decenas de estudiantes, por ofrecer charlas a un ordenador o tablet; lo que tienen a mano y que poco tienen que decir o preguntar. "Es como leer un guión a una pantalla", compara Rafa, profesor de secundaria y bachillerato en un colegio concertado. El aula virtual ha sustituido al "dejad los trabajos en mi mesa". Y el turno de dudas se ha convertido en centenares de correos en la bandeja de entrada del mail a los que contestar uno por uno. Aunque a veces la misma cuestión se repita una y otra vez. 

Alumnos de Secundaria, obligados a crecer

Nunca antes la educación a distancia había sido obligatoria. Al principio, quizá, tuvo su gracia: no ir al cole, poder ver la tele, jugar con los hermanos... Luego las risas cesan, como cuando se escucha un chiste demasiadas veces, y dan paso a la resignación. Lo que peor lleva Amparo, dice, es no ver a sus amigos y los plazos para entregar las tareas que certifican que ha adquirido los nuevos conocimientos que cada semana imparten sus profesores. "A veces son muy cortos y los métodos de entrega no están unificados en todas las asignaturas, por lo que al ser cada uno de una manera es un poco lioso", explica. 

Si algo bueno tiene esta situación -"Always look at de the bright side of life", decía la canción de los Monty Python-, es que la solidaridad entre los alumnos es cada vez mayor. "Algunos de mi clase no se aclaran mucho con las plataformas porque tuvimos poco tiempo para aprender a usarlas, así que siempre hay alguien que hace un vídeo para explicarlo y lo envía por Whatsapp", describe Amparo. También ocurre, expone, que hay compañeros "que tienen cuatro hermanos y no todos pueden utilizar el ordenador a la vez". Agravio añadido: los padres también trabajan y necesitan los dispositivos. "Como las clases en mi colegio se imparten a la misma hora que cuando íbamos de manera presencial, esa hora se la pierden; intentamos pasarles los apuntes, pero no es lo mismo porque hay veces que lo nuevo que explican es un poco difícil", lamenta. 

En su caso, los profesores están avanzando materia. Aunque eso sí, la evaluación de estos conocimientos del tercer trimestre sólo la valorarán de forma positiva, ya que las notas que primarán para calificarle serán las de las dos primeras evaluaciones -tiempo a. C. (antes del Covid-19)-, tal como ordenó el Ministerio de Educación la semana pasada. Una instrucción que aclaró dudas, pero también sembró otras y dejó algunas sin responder. "Hay gente de mi clase que aún no ha recuperado asignaturas del segundo trimestre porque aún no se ha decidido cómo hacerlo", sostiene. "Y si un alumno no está preparado para pasar a bachiller, por su propio bien, creo que no debería pasar de curso porque luego va a ser peor; debería buscarse un equilibrio", agrega respecto a las repeticiones "excepcionales". 

La incertidumbre de Selectividad en Bachiller

María opina lo mismo. "Una persona que suspende siete asignaturas no está en condiciones de pasar de curso; entiendo que esa es la excepción", estima. Su vida ha cambiado, como la de todos, pero probablemente con mayor perjuicio: el próximo curso pasará al 'universo universitario' y este año debe enfrentarse a la temida Selectividad, que se celebrará 7, 8 y 9 de julio. "Lo que más nos asusta es no saber qué va a ser de nosotros. Desconocemos si vamos a tener exámenes en la tercera evaluación o no, por lo que no sabemos si centrarnos en estudiar la materia del tercer trimestre, concentrarnos directamente en los finales, si los hay, o pasar directamente a dedicarnos a las pruebas tipo EBAU (Evaluación de Bachillerato para Acceso a la Universidad)", manifiesta. 

Para exhibir más esta intranquilidad que los profesores tratan estos días de apaciguar, añade un ejemplo: "En Historia ahora mismo estamos estudiando el siglo XX, pero si supiéramos que no habrá exámenes de este trimestre, todos nos pondríamos a repasar el anterior, el XIX, porque es el que dimos en clase y seguramente es el que elijamos en el examen de Selectividad, ya que ahora nos permiten seleccionar de las dos partes de la prueba". 

Como Amparo, María también está aprendiendo más materia. Pero sus circunstancias difieren: iba a terminar las clases el 10 de mayo y apenas quedaban unos pocos temas por preparar en cada asignatura. Dos; tres a lo sumo. Con 17 años se ha marcado un horario preciso: como un reloj suizo, sin retrasos, se levanta siempre a la misma hora, dedica toda la mañana a seguir las clases y las tardes a hacer los deberes, a hincar codos. "Lo bueno es que ganamos independencia y, en mi caso, ajusto mi tiempo a la dificultad que tengo con cada materia, aunque seguir algunas asignaturas por tu cuenta es muy pesado", comenta. 

Rafa G. Foto: VP

El papel del profesorado 

Profesores como Rafa G. intentan tranquilizar y animar a sus alumnos, aunque para ellos la incertidumbre sea la misma, o incluso mayor. En sus manos está parte del futuro de centenares de estudiantes, porque aunque son los propios escolares "los que se ponen la nota" -al fin y al cabo deben ser ellos los que estudien-, es el equipo docente el que tiene que trasladar los conocimientos para que sus alumnos dispongan de los recursos necesarios y superen con éxito cualquier prueba selectiva de sus asignaturas. Para ello, Rafa graba sus clases como si cada jornada entrara por la puerta del aula, como si de un día normal se tratase. Con el despacho de su casa convertido en un plató improvisado, intenta poner los vídeos a disposición de los "chavales" -así los llama- a primera hora de la mañana. Ha optado por este método, y no por las emisiones en directo, para que sean ellos los que se organicen y visualicen el material cuando puedan. Así, de paso, evita dificultades en familias que comparten dispositivos. 

Particularmente, él ya estaba familiarizado con Classroom, la plataforma educativa gratuita de Google por la que ha optado su centro. "Incluso tenemos la suerte de contar con un equipo de TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) entre los profesores que se han encargado de actualizarnos un poco a todos", explica. Circunstancia que, desafortunadamente, no es la norma. Cada alumno y profesor tiene un correo corporativo y a través de esta herramienta pueden comunicarse con cierta solvencia, dentro de lo que cabe. Las rutinas, sin embargo, han cambiado. Se trabaja más, pero las clases, paradójicamente, duran menos: si en el colegio tienen una duración de 55 minutos, en sus vídeos se reducen a 35. ¿Por qué? Nadie levanta la mano para preguntar, no hay que desplazarse de un aula a otra, no debe preparar proyectores o material adicional... 

Como profesor de biología ha encontrado en el coronavirus la excusa perfecta para que sus alumnos se interesen cada día por ahondar más en ella. "Les pongo noticias, les explico lo que son los antígenos, entienden la importancia de las vacunas y los más curiosos están emocionados con la asignatura", afirma. Él ha preferido avanzar temario porque en Bachiller apenas le quedaban un par de unidades por explicar, aunque no cree que vayan a celebrarse exámenes parciales. Al menos no como se concebían hasta el momento: "Puede haber pruebas de evaluación de contenidos, pero ni se puede exigir lo mismo ni examinar en las mismas condiciones". "Si las circunstancias nos lo permiten se celebrarán globales semanas antes de Selectividad, pero se tomará una decisión a la vuelta de las vacaciones de Pascua", pronostica. 

En cualquier caso, una de sus principales preocupaciones son los exámenes extraordinarios, donde muchos alumnos recuperan año tras año el curso escolar. A día de hoy todavía nadie sabe si se celebrarán o no en la ESO -en Bachiller sí-, y de qué manera. Un asunto que enlaza directamente con la orden acordada entre el Ministerio de Educación que dirige Isabel Celáa y las comunidades autónomas para que las repeticiones se produzcan en casos "excepcionales" y sean justificadas por el equipo docente. Disposición que, erróneamente, algunos equipararon a un aprobado general y que ha podido sembrar confusión entre las familias. "Repetir curso siempre ha sido la excepción, nunca la norma", reprueba. "Y siempre se ha justificado si un alumno debía repetir curso, no lanzábamos una moneda al aire", añade. La razón era simple hasta ahora: si un estudiante suspendía ocho asignaturas durante las dos primeras evaluaciones con una media de 2 ó 3, resultaría complicado, por mucho que el tercer trimestre se le puntúe de forma positiva, que éste pudiera promocionar. 

Con todo, extrae la parte positiva de esta distopía. "Hemos aprendido la utilidad de que todos los recursos estén en una plataforma y algunos alumnos han mejorado su rendimiento", declara. "Son pocos los casos, pero especialmente en la ESO he comprobado cómo estudiantes que estaban más despistados en clase, ahora se han puesto las pilas". 

Patricia F. Foto: VP

Formación Profesional acusa las clases prácticas

Lo mismo le ha pasado a Patricia F. Ella es profesora en un ciclo formativo de Farmacia y Enfermería. El grupo de edad de sus alumnos abarca de los 16 a los 50 años, por eso también imparte las clases en diferido: cada semana explica parte del temario y pide una tarea que publica los lunes en el aula virtual. "Algunos son padres o tienen personas a su cargo, así que me grabo y lo cuelgo pronto para asegurarme que tengan el material al principio de la semana y lo hagan cuando puedan", comenta. A los menores, además, les debe prestar especial atención y remitir semanalmente un informe individualizado a los padres sobre su progresión. Aparte, cada uno puede contactarle por correo electrónico o por el chat de Moodle, la plataforma elegida por su centro. 

Su coyuntura también es especialmente delicada, ya que forma a futuros profesionales sanitarios dónde la formación práctica ha dejado de ser presencial. "En el aula tienen maniquíes, camillas, un laboratorio... pero en casa no. Y aunque intentamos suplirlo con vídeos, es más complicado que adquieran con destreza las técnicas a realizar a un paciente", lamenta. 

Es uno de los mayores inconvenientes que encuentra en el escenario actual: "Pierdes el feedback con el alumno, no interactúas con ellos y no ves sus caras, algo que para mí es clave porque me doy cuenta de si me siguen o no; es lo que me permite regular el ritmo de la clase". Pero no es el único obstáculo que advierte en este contexto: "Requiere mucha autonomía por parte de los alumnos, y algunos todavía no tienen la suficiente madurez como para adaptarse sus horarios". 

Raúl Abeledo. Foto: EVA MÁÑEZ

Universidad, innovación acelerada

La preocupación que viven estos días profesores y alumnos no sólo se limita a la formación básica obligatoria, Bachiller o FP. También alcanza a miles de estudiantes universitarios. Ellos ya estaban acostumbrados a estudiar por su cuenta, de manera independiente, sin un docente que les tutorizara; no es un contexto nuevo. Llevan meses organizando sus propios horarios y apuntes. Pero también hay angustia en su día a día. 

Javier, estudiante de Psicología en la Universitat de València, no esconde la ansiedad que le ha generado esta situación. Todavía desconoce si realizarán exámenes o estos serán sustituidos por algún tipo de proyecto de cuatrimestre. Y, a pesar de que ahora cuenta con más tiempo para dedicar a la carrera, asegura que también los profesores han ampliado la cantidad de trabajos. Muchos de ellos pertenecen a distintos departamentos, lo que probablemente dificulta su coordinación a la hora de equilibrar la carga de tareas. "Nunca llegas a tener la sensación de haber terminado todo lo que te mandan y los trabajos grupales son muy complicados de resolver con cierta solvencia", lamenta. 

El escenario varía significativamente en cada carrera, pero también entre asignaturas. La universidad ha ofrecido a cada profesor la posibilidad de elegir el método de enseñanza que más le convenga: fórmulas que van desde simplemente mandar los apuntes a través de un mail, a realizar clases online en directo con los alumnos donde se incluyen pizarras electrónicas. "Cada día que accedemos al aula virtual hay una herramienta nueva", señala Elena, estudiante del Grado de Relaciones Laborales y Recursos Humanos.

Esta alumna de la Universitat de Valencia reconoce que lo bueno de estudiar desde casa es no tener que lidiar con Renfe y que a partir de ahí todo depende de cada docente. "Hay profesores más mayores que son más negados para las tecnologías y que hacen todo por correo electrónico, pero no tiene ni punto de comparación con una clase", confiesa. A partir de ahí hay, clases para todos los gustos, desde profesores que hacen videoconferencias que cuelgan en el aula virtual a un chat donde los alumnos hacen preguntas públicas a las que el docente da salida. 

Raúl Abeledo, profesor de Análisis Económico de las Políticas Socio Laborales en este mismo Grado, ha optado por utilizar la plataforma Blackboard Collaborate Ultra donde imparte a sus alumnos las clases en tiempo real. "En principio mis expectativas no eran muy buenas, más que nada por limitaciones mías de tener que adaptar la docencia en unas condiciones que prácticamente era tirarte sin arnés, porque no lo puedes organizar mucho", reconoce. Sin embargo, la experiencia está siendo gratificante. 

"Mis expectativas han sido sobrepasadas, porque todas las herramientas del aula virtual que nos facilita la universidad han funcionado muy bien y por otra parte las alumnas y los alumnos también muestran mucha voluntad", admite. Raúl ha decidido mantener durante el confinamiento la rutina de horarios de sus clases, a las 8 y media de la mañana y a las 3 y media de la tarde. "De esta manera nos puede ayudar a nivel psicológico para centrarnos y a nivel del curso para seguir el paso que estábamos llevando hasta entonces".

Tampoco tenía mucha confianza en la red. "Antes de empezar las clases durante el confinamiento los correos llegaban con retrasos de cuatro o cinco horas", recuerda. Así que para dar sus clases y no saturar el sistema decidió permanecer con las cámaras y los micrófonos inactivos. "Utilizamos voz y chat, porque hay gente que no dispone de micro. Los que tienen la posibilidad piden turno para que la gente plantee sus preguntas", explica. Además, existe la posibilidad de grabar las sesiones para que puedan escucharlas aquellos que no tienen buena conexión o no han podido asistir a clase.

Con este nuevo modelo ha decidido variar su método de impartir clase. "Antes les daba masticado el manual, pero a veces me daba la sensación de que eran muy pasivos a nivel pedagógico", asiente. Ahora, ha optado por darles un guión donde especifica qué parte del manual deben leer y dejar las clases en directo para abordar las preguntas de sus alumnos sobre el temario y abrir debates. "Participan bastante pero si algo se queda fuera de juego voy lanzando cuestiones para entrar en los contenidos", menciona.

No habrá aprobado general

Este profesor de la UV ya ha advertido a sus alumnos que no se duerman en los laureles porque no habrá una 'amnistía' general. Y a pesar de la situación, los alumnos han respondido con una alta asistencia a clase y con un incremento de la participación. "El compromiso de ver al profesor tirando del carro es un empujón para que la gente participe", opina Elena.

"Ya nos llegaron instrucciones de que les centráramos, que no se relajaran, que no se confiaran y que se hicieran responsables de que esto iba para adelante", recuerda Abeledo. "Yo he hecho todo lo posible para que la gente tuviera todos los recursos y tuvieran toda la ayuda". Ahora, como coordinador de la asignatura, están decidiendo cómo afrontar la evaluación final: "Hace unos días tuvimos una teleconferencia 250 personas de economía para plantear soluciones".

Sin embargo, las situaciones son muy diversas y la burocracia vinculada a la universidad muy alta. "Una de las cuestiones es el sistema de acreditación. La universidad no tiene manga ancha para hacer lo que quiera y la Aneca y la Agencia de Prospectiva deben dar el visto bueno", recuerda. "Cada asignatura tiene una guía docente donde se plantean contenidos y evaluación que ahora modificaremos para variar el peso, pero no es posible eliminar la prueba final", confiesa. Ante la premisa, la opción más viable parece la de tipo test. "Organizaremos tiempos para que no se pueda copiar o hacer mala praxis", sostiene. No obstante, pone sobre la mesa la posibilidad de hacer exámenes orales en situaciones excepcionales para ver la profundidad con la que se conoce el temario.

Un cúmulo de incógnitas que demuestran el retraso de la Comunitat en esta toma de decisiones respecto a otras comunidades autónomas como Madrid, donde Naiara, estudiante de un Máster de Comunicación y Organización de Eventos, ya conoce el método que seguirá su universidad para examinarle de la segunda mitad del curso: "El formato será online, y antes de empezar la prueba debemos enseñar uno por uno con la cámara del móvil las salas en las que estemos para que comprueben que no tenemos a nadie alrededor". 

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