El pasado 12 de marzo Juan Luis Gandía fue elegido nuevo rector de la Universitat de València (UV), tras vencer a Ángeles Solanes en segunda vuelta con casi el 60% del voto ponderado. Es catedrático de Economía Financiera y Contabilidad, con una larga trayectoria en diferentes puestos de responsabilidad de esta institución. Sustituye a Mavi Mestre, que llegó al cargo en 2018, convirtiéndose en la primera mujer rectora de la Universitat de València en sus más de quinientos años de historia. La estancia de Gandía como rector, no obstante, será más corta que la de su antecesora, pues la nueva ley universitaria fija el tope en un único mandato de seis años.
En cualquier caso, Juan Luis Gandía parece tener clara su hoja de ruta para los próximos años. «Primero diagnosticar, luego actuar» es la premisa en la que basa las primeras semanas de su nuevo puesto. Entre las actuaciones contempladas para este sexenio, el rector prevé aumentar la participación de los estudiantes en procesos electorales, un plan de inversiones en infraestructuras y equipamientos, así como medidas para la regulación de la inteligencia artificial, entre otras cuestiones.
Uno de sus principales cometidos durante su etapa como rector será la renovación del plan plurianual de financiación de las universidades valencianas, que culmina en 2029. Aunque Gandía es consciente de la infrafinanciación que arrastra la Comunitat Valenciana, reivindica las universidades como un «motor de cambio e innovación», por lo que considera que la Generalitat —y la sociedad en su conjunto— debe entender el desembolso en estas instituciones como una inversión y no como un gasto.
El nuevo rector también tiene muy presente la progresiva jubilación de docentes y la importancia del relevo generacional, teniendo en cuenta que los profesores más antiguos son los que han generado y transferido una mayor cantidad de conocimiento. En este sentido, aboga por tener un plan que permita llevar a cabo este proceso de la manera más ordenada posible.
Natural de Ontinyent, también tiene la mirada puesta en el campus que la Universitat tiene en la capital de la Vall d’Albaida, donde contempla nuevas infraestructuras que ofrezcan un mayor número de servicios a la comunidad universitaria en dicha localidad.

- Alfons Rodríguez
— La reciente ley universitaria solo le permite un único mandato de seis años. ¿Cómo se imagina la Universitat de València en 2032?
— Siempre he entendido el servicio público como un proceso de mejora de las instituciones. Pretendo que la universidad de 2032 sea mejor que la de 2026 en todos los ámbitos posibles, como también esperaré que la siguiente persona que sea rector o rectora pueda dejar una mejor universidad en 2038.
— Ha sido especialmente crítico con el sistema de gobernanza de la Universitat. ¿Qué mejoras plantea llevar a cabo durante este mandato?
— En la primera reunión del equipo de gobierno aprobamos un código de buenas prácticas. Este documento es obligatorio para los miembros del Consejo de Dirección y las personas que dependen del mismo. El código contempla cómo debe trabajar internamente el Consejo de Dirección y cómo debe relacionarse con la comunidad universitaria.
— En un contexto en el que la transparencia institucional cada vez es más importante y exigida por la comunidad universitaria, ¿qué medidas piensa adoptar para garantizar una buena transparencia dentro de la Universitat de València?
— Sin transparencia, no puede haber buen gobierno. La transparencia supone dejar a disposición de todas las personas implicadas la información suficiente para que tengan un conocimiento del problema sobre el que tenemos que tomar una decisión. Eso nos permite explicar el porqué de las decisiones y cumplirlas. Vamos a establecer mecanismos para que se disponga de esa información y nosotros podamos explicar nuestras decisiones a partir de la información que conocemos.

- Alfons Rodríguez
— La palabra cambio aparece en hasta veintiocho ocasiones en su programa electoral. ¿Cuáles son los aspectos que considera prioritarios?
— Nuestro lema era Amb vosaltes es pot canviar. Nosotros creemos que hay cambios y mejoras que son imprescindibles para que esta universidad funcione de otra manera. Hay otras prioridades inaplazables como el proceso de renovación y rejuvenecimiento de las plantillas, que va a determinar nuestro futuro a corto y medio plazo. Más de seiscientos profesores y profesoras permanentes culminarán su vida profesional en un plazo de entre seis y siete años. Desde que una persona entra a la universidad hasta que consolida su posición como profesor permanente pasan muchos años. Por tanto, teniendo en cuenta que gran parte de las personas que se van a jubilar son las que más se han formado y han trasladado su conocimiento, mayor motivo para tener un plan para conseguir que ese proceso sea lo más ordenado posible. Esa es una de las prioridades que más me preocupan.
— ¿Cómo espera que repercuta ese cambio de rumbo en los estudiantes?
— Otra de las prioridades es conseguir que el estudiante esté en el centro de la experiencia educativa. Eso implica que su proceso de formación vaya más allá de las clases y formemos ciudadanos críticos y con criterio que hagan una mejor sociedad.
— La participación de los estudiantes en los procesos electorales universitarios sigue siendo muy baja. ¿Cómo puede la institución enganchar a este colectivo para tener mayor implicación en la elección de sus representantes?
— Es una cuestión que tenemos que reflexionar. En nuestro programa llevamos la creación de un observatorio del estudiantado para identificar por qué existe cierta desafección entre el estudiantado y la propia universidad, que tal vez pueda ser una de las causas por las que no acaban de vincularse a los procesos electorales. Queremos introducir el voto electrónico en todos los niveles, no solo para elegir rector, sino para otros procesos electorales. Eso será una prueba de fuego para ver si el estudiantado se moviliza. La participación de los estudiantes en la primera vuelta de estas últimas elecciones fue del 8,43%, una cifra habitual históricamente. Pero, en la segunda vuelta, fue del 11,01%, con un incremento del 30% respecto a la primera vuelta. Esto pone de manifiesto que el estudiantado se movilizó porque entendió que tenía que participar a mayor nivel.
— ¿Ese voto electrónico que menciona también se utilizará para consultas?
— Es un elemento que tendremos que plantear en su momento dentro de las cuestiones que tienen que ver con la participación. Hay universidades que ya tienen implantado el voto electrónico y creemos que debemos ponerlo en marcha para procesos electorales. Veremos qué mecanismos son los más apropiados para hacer otro tipo de consultas a la comunidad universitaria.

- El edificio del rectorado alberga el Observatorio Astronómico de la UV, fundado en 1909 por Ignacio Tarazona. -
- Alfons Rodríguez
— ¿Cómo es la relación con la Generalitat Valenciana en estas primeras semanas de mandato?
— Todavía llevo poco tiempo en el cargo. He hablado varias veces con la secretaria autonómica de Universidades y el president me felicitó el día después de las elecciones. Las relaciones han sido cordiales y correctas. Estoy seguro de que lo serán así durante estos seis años.
— A mediados de mandato concluirá el plan plurianual de financiación de 2026-2029, con el que usted ha sido crítico. ¿Qué aspectos deberían mejorarse en el siguiente?
— El plan plurianual actual contempla cuestiones importantes para las universidades al generar una parte de financiación que estabiliza nuestras necesidades financieras. La parte donde hemos sido más críticos es la financiación por objetivos, que no está desarrollada. Las necesidades de las universidades no se limitan al mantenimiento de lo que ya tienen. Si queremos planificar a futuro, tenemos que plantear objetivos compartidos con la Generalitat para que la sociedad valenciana se beneficie en su conjunto. Eso implica una rendición de cuentas por nuestra parte, y, al mismo tiempo, que la Generalitat y la sociedad entiendan que el desembolso en universidades es una inversión y no un gasto. Yo creo que sí lo entienden a día de hoy. Invertir en universidades públicas no solo tiene un retorno económico, sino también social. Las universidades somos motor de cambio e innovación desde la investigación, transferencia y transmisión de conocimiento.
— ¿Le preocupa la situación económica de la Generalitat para elaborar el siguiente plan de financiación?
— Gobernar es priorizar. Como economista, uno entiende cuáles son las restricciones presupuestarias que tiene cualquier entidad pública, la Universitat también las tiene, pero lo importante es priorizar. Las universidades deben ser una prioridad para la Generalitat, pese a las restricciones.

- Alfons Rodríguez
— En su programa contempla un plan de inversiones en infraestructuras y equipamientos. ¿Qué actuaciones prevé impulsar a lo largo de los próximos años?
— Una prioridad inaplazable es un plan de inversiones, tanto de obra nueva como de mantenimiento de la existente. El 70% de la superficie construida es del siglo pasado, a lo que se suma el patrimonio histórico que tenemos. Destinamos muchos recursos a mantener esas infraestructuras, pero también necesitamos nuevas.
— Llega al rectorado en un momento de auge de las universidades privadas. ¿Cómo puede la Universitat de València hacer frente a este reto?
— Las universidades públicas lideramos como instituciones a las universidades en general. Un ranking muy conocido es el de Shangái, en el que hay treinta y seis universidades españolas, de las cuales treinta y cinco son públicas. La nuestra se sitúa en el tramo de doscientas a trescientas, y somos la segunda española después de la Universidad de Barcelona. Esto no es una casualidad, es fruto de cómo han trabajado las universidades públicas españolas y cómo las distintas administraciones han creído que la financiación del sistema público universitario era importante para el desarrollo de sus comunidades autónomas. Las universidades, para considerarse como tal, tienen que cumplir básicamente tres misiones: la transmisión del conocimiento, la generación del conocimiento y la transferencia del conocimiento. En este último punto tal vez tenemos margen de mejora, porque somos estudi general. La sociedad ha de entender que una universidad es eso y que cualquier otro modelo que no se rija por estas tres misiones no estará cumpliendo con lo que creemos que debe cumplir una universidad.
— ¿En qué aspectos concretos existe el margen de mejora del que hablaba?
— Nuestra universidad ha hecho las cosas muy bien históricamente, pero eso no quiere decir que no se puedan mejorar. En transferencia de conocimiento los indicadores establecen que hemos ido avanzando, pero hay margen de mejora para que nuestros investigadores puedan hacer mejor transferencia a la sociedad en su conjunto. En la parte de investigación, nosotros somos excelentes. Pero tenemos que fortalecer esa capacidad para conseguir hacer mejor investigación, con más impacto, más traslación también a la sociedad y que nos haga mejor universidad de lo que somos.
— ¿Se contempla algún plan específico para el uso de la inteligencia artificial en la docencia y en la burocracia de la Universitat?
— La inteligencia artificial ya lleva un tiempo entre nosotros y va a seguir estando. Hay que ser muy prudente con su uso, sobre todo en el ámbito de la universidad, pero no hay que negar la realidad. Desde el liderazgo institucional tenemos que hacer un análisis riguroso sobre cuál es el uso que tenemos que dar, y lo tendremos que incorporar a muchas facetas universitarias, como la docencia, investigación o la gestión, para conseguir realizar mejor nuestras funciones. Nunca debemos perder de vista que somos una universidad. Por tanto, el espíritu crítico y el rigor nos tiene que regir en cualquier proceso que realizamos.
— El alojamiento está siendo un reto para muchos estudiantes e investigadores. ¿Contempla medidas para aumentar y facilitar la oferta habitacional cerca de las facultades?
— Es un problema que excede de nuestras competencias reales como universidad. Es una situación que no solo afecta a los estudiantes, sino a la sociedad en su conjunto. Tenemos un problema claro y evidente de necesidad de vivienda y, en la parte que nos toca, intentaremos llegar a acuerdos con otras administraciones y fomentar la colaboración público-privada para intentar que haya mayor oferta posible para el estudiantado.

- Alfons Rodríguez
— La universidad tenía la residencia del Lluís Vives. ¿Debería haber mantenido su finalidad este edificio?
— Si ahora lo viéramos desde este punto de vista o hubiéramos proyectado a diez años en adelante puede ser que hubiesen cambiado las cosas, pero era otro contexto y otras restricciones presupuestarias. Creo que lo importante era mantener un edificio magnífico, que actualmente cuenta con unos usos muy adecuados.
— ¿Ve suficiente el sistema de becas ante el alza del coste de la vida y, particularmente, de la vivienda en los últimos años?
— Una de las cuestiones más importantes como universidad pública que somos es que nadie quede fuera de la capacidad de poder estudiar una carrera universitaria por su procedencia social o la falta de recursos económicos. La universidad es una oportunidad que te cambia la vida, es algo que tiene que estar al alcance de todos los ciudadanos del país. El sistema de becas creo que funciona, pero siempre podría ser más adecuado.
— Las universidades públicas valencianas cobrarán una reserva de máster de trescientos euros a partir del próximo curso académico. ¿Qué supone a nivel de gestión? ¿Puede desincentivar las matriculaciones de estudiantes con menor capacidad económica?
— La reserva de máster hay que entenderla dentro del contexto de organización de las propias enseñanzas. Hay veces en los másteres que la gente tiene la capacidad de inscribirse o prescribirse en varios de ellos y luego no formalizan la matrícula. Esto produce disfunciones en la propia organización académica. La principal función de la reserva de plaza es que no sirva como una herramienta para que el alumnado vaya lanzando solicitudes a coste cero y que tenga un compromiso. En principio, eso no debería ser una medida disuasoria, ni tampoco debería generar que nadie se pudiera quedar fuera por cuestiones económicas

- El edificio del rectorado está ubicado en Blasco Ibáñez. -
- Alfons Rodríguez
— Desde el ámbito social y empresarial se ha criticado en muchas ocasiones la dificultad de las universidades para ofrecer enseñanzas acordes a lo que reclama el mercado laboral. ¿Cómo se puede reducir la brecha entre el contenido de los grados y lo que piden las empresas?
— Esa brecha se está reduciendo con el tiempo. Los grados se van modificando y, con ellos, sus planes de estudio. Aquí también cuenta la participación del ámbito social para intentar modernizar o ajustar la formación de los estudiantes también con las necesidades del mercado laboral. No olvidemos nunca que esto es una universidad. Es cierto que debemos tener una relación con la realidad, pero la formación no solo está enfocada a la salida al mundo laboral, sino que debe ser más amplia. Siempre habrá un gap, porque los objetivos que persigue el mercado laboral no coinciden al 100% con los que la universidad entiende que debe tener ese proceso formativo. Por mi propia experiencia, estoy convencido de que esa brecha se está reduciendo y que lo seguirá haciendo.
— Ha hablado de la remodelación de algunos grados. ¿Contempla la creación de nuevas enseñanzas?
— El próximo curso se va a poner en marcha el grado de Arqueología. Poner grados, dobles grados o titulaciones internacionales está también condicionado por los recursos que disponemos y por la financiación que recibimos. Esto, en determinadas circunstancias, tensiona la capacidad real que las universidades tenemos de innovar en nuevos títulos. Es muy importante hacer un análisis riguroso y planificar cuál es el futuro que queremos tener como universidad. Esto también tiene que ver con los números de entrada que hay en las titulaciones. Algunas tienen una demanda altísima. En algunas universidades privadas se está empezando a ofertar el grado de Matemáticas. Esto hace unos años era completamente impensable. Pero, cuando hay una demanda no atendida, la oferta se activa. Nosotros no podemos generar más oferta porque no tenemos recursos, entonces el ámbito privado las crea porque tienen una demanda cautiva. Hacer ese equilibrio es difícil, porque tampoco es tan sencillo encontrar profesores universitarios. Además, es un proceso lento. También es una cuestión de confianza. Las administraciones han de entender que la apuesta por las universidades públicas es una decisión estratégica para el futuro de un país y de las comunidades autónomas. Desde el rigor y la confianza, debemos trabajar conjuntamente por ese futuro común.

- Alfons Rodríguez
— En materia laboral, una de sus prioridades es mejorar las condiciones del personal docente e investigador. ¿Cómo se concretará esta medida?
— Tenemos que entender que la carrera investigadora es compleja y larga y, por eso, es fundamental seguir apostando por ella. Por tanto, son importantes los contratos predoctorales, pero también son importantes los contratos posdoctorales. Estos no tienen que estar necesariamente asociados a una plaza de profesorado, sino que deben permitir que la persona pueda seguir vinculada a la universidad y realizando sus investigaciones. La carrera de investigación se tiene que construir también desde las administraciones para que esta sea lo más conocida posible y que no tengan sorpresas en el camino. Creo que el Estado y las comunidades autónomas están creando programas que son buenos y hay que seguir trabajando en ellos para consolidar a los investigadores. Hemos de seguir apostando por ese sistema público valenciano que hemos construido entre todos y todas.
— Natural de Ontinyent, ¿cuál es su proyecto para el campus que la Universitat tiene en este municipio?
— Llevo diez años dando clase allí y conozco perfectamente el campus. La universidad de Ontinyent tiene necesidades de infraestructuras. Los estudiantes no tienen ningún espacio de relación social. En el plan de inversiones que plantearemos se tendrá en cuenta un edificio que sirva para generar servicios para los profesores y el alumnado. Queremos crear un salón de grados y ampliar la biblioteca.
— Su mandato coincidirá prácticamente con el de su homólogo en la Universitat Politècnica de València, José Capilla. ¿Contempla sinergias entre ambas instituciones?
— Contemplo sinergias con todas las instituciones y universidades. Voy a tener una actitud cercana, dentro del contexto de libertad y de la forma de entender las universidades. Esa misma relación vamos a tener con todas las universidades valencianas, especialmente con la Politécnica.
— ¿Cómo le gustaría que le viera la comunidad universitaria dentro de seis años?
— Llevo treinta y cuatro años ejerciendo de profesor en esta universidad y por eso estoy completamente comprometido con ella. Me gustaría que la gente que pase por la universidad pueda decir que ha vivido una experiencia magnífica, que ha encontrado una universidad que le ha acogido y que ha facilitado su desarrollo como estudiante, como profesor o como investigador. También me gustaría que el personal técnico de administración y gestión de servicios se sienta orgulloso de su propia institución. Con esto me sentiría más que orgulloso.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 136 (mayo 2026) de la revista Plaza