17 de abril de 1912. Hace 114 años que España no vive uno de los fenómenos «más impresionantes que la naturaleza puede manifestar». Un eclipse solar, ya sea total o parcial, que muchos valencianos no han visto en su tierra. Este 12 de agosto se podrá presenciar un eclipse que, quizá, nadie olvide. Aunque Luis Rivas, vicepresidente de la Asociación Valenciana de Astronomía (AVA), no lo tiene tan claro: «Las personas tienen memoria a corto plazo».
Cuando el reloj marque las 19:36 horas (inicio del eclipse) y hasta las 20:33 horas (fin de la totalidad), la Comunitat Valenciana será testigo de un atardecer diferente. La Luna se interpondrá entre el Sol y la Tierra, haciendo desaparecer el disco solar, pero trayendo consigo la noche más mágica del año: «Tienen que coincidir Sol, Tierra y Luna en una misma distancia para que la sombra se proyecte en algún lugar de la Tierra. Por eso sucede de vez en cuando», explica Rivas.
En la región valenciana la totalidad durará tan solo un minuto cincuenta. En ese instante saldrán a la luz (nunca mejor dicho) las estrellas y planetas. Aunque solo veremos Mercurio o Venus, que son los más cercanos al Sol: «Se hará de noche a última hora de la tarde y luego volverá la luz del día, aunque ya será para la puesta de sol», precisa José Miguel Viñas, físico y meteorólogo en Meteored. No tiene nada que ver con un eclipse parcial, donde tan solo se cubre entre el 20% y el 70%, dejando una pequeña penumbra en el paisaje, pero sin oscurecer la noche: «Hay algunos que no se perciben, lo que sería un parcial muy pobre», precisa el astrónomo.

- -
- Eduardo Manzana
La pasión de Luis Rivas por la astronomía le llevó a los quince años —ahora ya está jubilado— a entrar por la puerta de la asociación. Cuando llegó, estaba rodeado de un grupo de personas más mayores que él que se interesaban por ella, aunque «ninguno tenía mucha idea de nada, porque entonces eran pocos los libros que había», relata. Ahora, y después de tantos años, la asociación no solo se dedica a divulgar e investigar, sino que también realizan observaciones públicas una o dos veces al mes: «Nos vamos a algún pueblecito, montamos los telescopios y observamos juntos», explica Rivas.
Sin embargo, un telescopio es lo que el vicepresidente de AVA no recomienda llevar para ver el eclipse: «La gente que lleve telescopio va a perder el tiempo apuntando, sabiendo cómo deslumbrar o poniendo el filtro que se necesita». En ese sentido, el mejor instrumento para ver el acontecimiento son las gafas de eclipse. Unas gafas que habrá que ponerse cuando comience el eclipse solar, ya que sus cristales quitan el 99% de la luz del Sol. Viñas describe ese inicio como un «fogonazo» y revela que se empieza a apreciar la ocultación cuando el disco lunar tapa el 85% del Sol: «Te entra como un flash y ves que se ha tapado totalmente la luz. Ahí es cuando puedes quitarte las gafas».
Pero hay que ser muy rápido, advierte Rivas. Porque durante un eclipse solar total, las sombras pueden ir hasta a 1.500 km/h: «Si miras hacia donde se está retirando la sombra, verás cómo se aleja a toda velocidad y en fracciones de segundo la dejarás de ver». En ese corto periodo de tiempo también se pueden producir las perlas de Baily o el efecto diamante, como lo llaman los astrónomos: «Da la sensación de que es un anillo con un diamante arriba», describe el miembro de la asociación. Se trata de otra «preciosidad» más que surge a partir de los bordes de la Luna porque la luz del Sol empieza a salir a través de los relieves y se crean «pequeñas lucecitas en el borde», relata Luis Rivas. Aunque, al contrario que las estrellas o los planetas, las perlas de Baily son más difíciles de ver: «Depende de que la luz salga por el punto adecuado del borde lunar», explica.
Los animales sienten el eclipse
El eclipse solar total no se reduce al minuto de oscuridad, sino que genera diferentes cambios físicos en el día: las temperaturas pueden bajar cerca de cuatro grados y se generará una «pequeña brisa» debido a las variaciones de presión que se experimentan durante el proceso: «En la fase de parcialidad, la presión tiende a bajar y, en la de totalidad, hay una subida brusca», explica el físico de Meteored.

- La Asociación Valenciana de Astronomía organiza observaciones públicas. -
- Carlos Poveda
Pero quienes más lo percibirán serán los animales y las plantas. Antes de que empiece la «crisis» —como lo llaman los astrónomos— perciben que algo va a suceder y comienzan a entrar en pánico: «No conocen el fenómeno y se alteran», puntualiza Viñas. En el caso de las mascotas, desde la Asociación de Astronomía no recomiendan salir con ellas a la calle en la hora mágica, ya que pueden sufrir daños y quemaduras en sus retinas. Otros, como las aves, deciden retirarse a dormir: «En el último que vi, que era anular, todas las aves se fueron como si fuese de noche y era media mañana», detalla Rivas.
El eclipse solar del 12 de agosto tan solo dura un minuto, suficiente para que se duerman unos, pero amanezcan otros. Porque el ritmo biológico cambia. Cuando pasen los sesenta segundos de oscuridad, volverán a cambiar su comportamiento como sucedió en 2024 en Estados Unidos. En ese momento, al percibir, otra vez, los rayos de luz solar, las aves entonaron un coro matutino, como si estuviera de nuevo amaneciendo.
La Comunitat puede ver la magia
La totalidad del eclipse no se va a ver en todos los lugares de España. La Luna proyecta una franja de sombra muy estrecha, por lo que es frecuente tener que desplazarse a donde discurre la misma. Solo quienes estén dentro de ella verán desaparecer el Sol por completo. El resto se tendrá que conformar con un parcial: «La zona donde se ve un eclipse total es muy pequeñita comparada con la superficie terrestre. Es una especie de pasillo que va avanzando de una zona a otra», aclara el meteorólogo.
Esta vez, la cara de la moneda cae sobre la región valenciana: «Coge la parte entre Coruña y casi Bilbao y va bajando en diagonal hacia la Comunitat Valenciana», describe Rivas. La sombra entrará por la cornisa cantábrica y atravesará la Península, saliendo por el Mediterráneo. Así, el camino discurrirá desde A Coruña hasta Palma de Mallorca, incluyendo León, Bilbao, Zaragoza y València, según informa la propia Asociación Valenciana de Astronomía.

- -
No todos los puntos de la franja son iguales. «Cuanto más te acercas a la línea de centralidad, más segundos dura el eclipse, aunque este no es de los largos», apunta Luis Rivas, quien desde que pertenece a la asociación ha podido presenciar eclipses de hasta siete minutos: «Esos son una barbaridad; al final se te hacen largos y todo», revela.
Por eso la diferencia, aunque se mida en segundos, importa. En la ciudad de València, la totalidad no llegará ni al minuto —en concreto serán 59,6 segundos—, pero en cualquier municipio hacia el norte del Cap i Casal, el Sol desaparecerá durante más de un minuto: «Los mejores sitios para verlo serán en la provincia de Castellón. Todo lo que te puedas acercar hacia allí te beneficiará», aconseja. En realidad, en las tierras castellonenses se acercarán al máximo de toda España, un minuto y cincuenta segundos. En el extremo opuesto, tierra adentro, la ‘magia’ se desvanecerá a toda velocidad: en Requena apenas se verá en 23,6 segundos.
Y, por si fuera poco, también es importante que el lugar esté despejado o, de lo contrario, habrá que subir a alguna terraza. Cualquier obstáculo —un edificio, una hilera de árboles, una loma— bastará para entorpecer el espectáculo, porque el Sol estará «bajísimo». En concreto, a unos cinco grados sobre el horizonte. De ahí que la costa y los grandes espacios abiertos —como el Circuit Ricardo Tormo— se hayan convertido en los lugares más codiciados. Aunque hay que tener en cuenta que el Sol se va por el Oeste: «Cualquier persona que baje a la playa no verá nada», advierte Rivas.
La fiebre del eclipse
La fiebre del oro, la fiebre de los noventa, y ahora la fiebre del eclipse. Las tres son muy diferentes, cada una representa una época. Pero si hay algo que tienen en común es la masificación. Hay miles de personas que no tienen conocimiento de astronomía o, simplemente, no les interesa el acontecimiento del verano. Pero igualmente ahí estarán. Porque la humanidad funciona así, con la necesidad de estar en todo aquello que se pone de moda.
«Que el eclipse iba a ser el 12 de agosto lo sabíamos con muchos años de antelación», explica Rivas. Porque las predicciones de estos eventos no son de un año para otro, sino «para varios siglos», según revela el miembro de la asociación. «Nosotros lo supimos con menos tiempo de antelación pero, aun así, hay algunas personas que se empezaron a movilizar desde hace años: el parador de Alcañiz, por ejemplo, está cogido por unos estadounidenses desde hace dos años», explica.

- -
En total, van a ser diecisiete millones de personas las que se movilicen por el eclipse. Una cifra que se suma al lleno de pleno agosto, a los residentes y los veraneantes: «Se van a organizar unos follones…», augura Luis Rivas. Diversos puntos de la Comunitat Valenciana ya han colgado el cartel de ‘completo’ ante la cantidad de reservas que se han registrado desde finales de 2025. En concreto, el punto que despierta mayor interés, sobre todo entre los turistas, es Castellón, donde las búsquedas de apartamentos turísticos se llegaron a disparar un 250% para los días 12 y 13 de agosto: «A Castellón llegarán tres cruceros de Estados Unidos», precisa el vicepresidente.
La Comunitat Valenciana tendrá un impacto de 130 millones de euros, según un informe elaborado por Analistas Financieros Internacionales (AFI). En concreto, las previsiones apuntan a que el eclipse generará 26,7 millones de euros en alquileres turísticos, con el 80% de turistas extranjeros.
Entre todos esos enclaves codiciados, uno destaca en la provincia de Valencia: L'Albufera. El refugio habitual de quienes buscan la mejor puesta de sol. Su atractivo y la posibilidad de pasear en la barca mientras sucede la ocultación total provocarán una ‘avalancha’ en el lugar. Marcos, barquero de L’Albufera d’Or, se plantea buscar a más empleados para ayudar en su local de El Palmar y, también, en las barcas: «Me va a hacer falta gente ese día; dos barqueros que salgan a dar los paseos, para yo quedarme en la entrada atendiendo a la gente que entra», explica.

- -
- Joan Manuel Bullón
El eclipse desde el agua
Marcos tiene claro que el 12 de agosto saldrá media hora o una hora antes del eclipse para hacer el paseo de todos los días, pero, para la llegada de la totalidad, se pondrá en un sitio clave desde donde suele ver los atardeceres: «Siempre me pongo en el centro del lago para que los pasajeros disfruten de las vistas», asegura. Lo que no tiene tan claro es cuánta gente irá a su local. L’Albufera d’Or es un lugar amplio, con sus mesas para el tardeo y sus barcas para los paseos. Pero para el día del eclipse tendrá que poner restricciones: «Seguramente cobre entrada y quien venga tendrá que comprar, mínimo, una consumición», precisa.
Ver un eclipse solar total en una barca en el centro de L’Albufera es un lujo y un privilegio que pocas personas pueden permitirse. Aunque las empresas de la Gola de Pujol ya han colgado el cartel de ‘completo’. Excepto Marcos, a quien le están llegando llamadas de compañeros suyos para saber si tiene algún hueco en las barcas para los clientes. Y para sorpresa de muchos, los tiene prácticamente todos: «Solo tengo unas diez reservas, un grupo de ingleses y unos cuantos madrileños», explica. Prevé sacar las dos barcas que tiene en su pequeño embarcadero y va a jugar a la suerte. A diferencia de sus compañeros, él se niega a coger más reservas para un paseo con L'Albufera d’Or el día 12 de agosto y una de las razones es la incógnita que nadie controla: «Si se nubla, el eclipse no se verá y tocará devolver el dinero de la reserva. No me arriesgo», se sincera.

- -
Las previsiones meteorológicas son uno de los grandes problemas de última hora que pueden surgir para ver la totalidad del eclipse. Si el día sale nublado, se apreciará la oscuridad —a las 20:30 en el caso de la Comunitat Valenciana—, pero no se podrá ver el disco solar ni los rayos de luz saliendo a través de los cráteres de la Luna: «Hasta que no queden tres o cuatro días no empezará a estar claro cuál será el tiempo el 12 de agosto», precisa José Miguel Viñas. Aunque es cierto que en la zona del Mediterráneo es previsible encontrarse cielos despejados, pero no pueden afinar con la nubosidad hasta 24 horas antes.
Por ese motivo, y a pesar de ser un acontecimiento que no ocurre desde hace 114 años, el barquero tiene una lectura del fenómeno muy realista. No se ha puesto grandes expectativas respecto al día del eclipse. Lo vivirá como un día más, en el que los veraneantes y turistas van a ver la puesta de sol a sus barcas. Desde su punto de vista, querer ver la ocultación del Sol desde el lago es «la tontería del postureo», se ríe. Aunque también entiende por qué hay tantas expectativas: «Yo estoy en un paraíso», asiente Marcos mirando a su alrededor, un lugar donde se han rodado diferentes películas.
Lo que quizá pocos tienen en cuenta es que, en enero de 2028 volverá a pasar por Valencia un eclipse solar, esta vez anular. La Luna estará más lejos y no llegará a tapar el Sol del todo, por lo que solo dejará un «anillito de luz» a su alrededor. Quizá esta vez la memoria a corto plazo no gane la partida: «Hay gente que se ha quedado atrapada al ver el primero y se ha ido a otros países a ver más», sonríe el astrónomo Luis Rivas. El 12 de agosto, con el horizonte despejado, la Comunitat tiene una cita con el Sol. Pero en un año, 2027, el sur de España tendrá otra cita con una ocultación total de casi cinco minutos.

- -
* Este artículo se publicó originalmente en el número 138 (julio 2027) de la revista Plaza