Para invertir en el sector biotech hace falta valor. Si sale bien, puede que te forres; si sale mal, lo más posible es que lo pierdas todo. El problema es que la probabilidad de fracaso es muy alta. «Existen patrones de cálculo sobre la posibilidad de que un nuevo fármaco llegue a destino. Creo que no llega a uno de cada mil».
La afirmación corresponde a Miguel Ángel Ávila Santiago, CEO y cofundador de ViroFend Therapeutics. Es una empresa biotecnológica centrada en la inmunoterapia contra el cáncer impulsada por virus. Ahora tratan de desarrollar un fármaco que combata el cáncer de colon con tecnología que proviene del Monte Sinaí (Nueva York), donde reside e investiga la doctora Sara Cuadrado-Castaño, la otra cofundadora de la compañía. Colabora también en la iniciativa Adolfo García-Sastre, doctor en biología y uno de los virólogos más prestigiosos en el mundo.
Costosos tiempos de desarrollo
Más de trece años lleva Sara Cuadrado-Castaño investigando sobre viroterapia, un tipo de tratamiento contra el cáncer basado en virus modificados genéticamente (virus oncolíticos) para destruir selectivamente las células tumorales mientras se estimula el sistema inmunitario del paciente para combatir la enfermedad. ViroFend se constituye tras conseguir una licencia exclusiva de Monte Sinaí para explotar los resultados de sus investigaciones en España y, en caso de éxito, poder comercializar el fármaco. Como señala Ávila Santiago, algo inusual. Lo habitual es que la ciencia que se desarrolla en España termine explotándose en otros mercados y no a la inversa. Los cálculos que hace el CEO sobre los beneficios que podría generar un producto como el que ellos investigan rondan los doce mil millones de euros al año.
Todavía están lejos de poder hablar de beneficios. La empresa se halla en fase preclínica, es decir, haciendo ensayos con ratas y ratones. Aquí, el medicamento se ha mostrado 100% eficaz. Solo para la fase preclínica, ViroFend ha necesitado una inversión de dos millones de euros, la mayoría privados, aunque cuentan también con apoyos institucionales. Una vez que concluya la fase preclínica, dará paso a la fase uno y dos clínica, donde la experimentación salta a los humanos. Para esta fase se seleccionarán entre cuarenta y sesenta pacientes, repartidos entre los seis u ocho hospitales más importantes de España, liderados desde el de Salamanca. Solo para la puesta en marcha de esta segunda fase prevén una inversión mínima de ocho millones de euros.

- Biorce -
Superar fases para incrementar el valor de la compañía
Laminar Pharma comparte con Virofend que cuenta con la familia Matutes como inversor. También aquí desarrollan fármacos de nueva generación. Se centran en el enfoque terapéutico denominado meliterapia, basado en el diseño racional de fármacos que actúan específicamente sobre los lípidos de la membrana celular. Su producto más avanzado corresponde a LAM561, un compuesto, protegido ya con patente, que se dirige a pacientes con glioblastoma, un agresivo tumor cerebral que se da tanto en adultos como en niños. Es el tumor maligno cerebral que se diagnostica con mayor frecuencia. El fármaco podría alargar la esperanza de vida de estos pacientes.
Han pasado más de veinte años desde que el CEO y fundador de Laminar Pharma, el doctor Pablo Escribá, empezó en Estados Unidos a investigar con lípidos en la membrana celular. Ahora están ya en fase clínica, con ensayos realizados tanto en los hospitales españoles como en otros europeos. Desde que se constituyó la empresa, en 2006, como entidad derivada de la Universidad de las Islas Baleares hasta el día de hoy, se calcula que ha recaudado más de 55 millones de euros de inversión. El 70% de ese capital lo han conseguido a partir de 2021, gracias al avance del fármaco en la fase III de ensayos.
Sigue así la estela típica de las empresas biotecnológicas que describe Ávila Santiago: «Tras años de mantenerse a pulmón, el valor de la empresa se va incrementando a medida que obtiene buenos resultados en los ensayos. Es entonces cuando empiezan a interesarse los inversores y las grandes farmas». Normalmente, una startup farmacéutica con resultados eficaces en una fase 2A puede estar valorada en sesenta millones de euros, mientras que en una fase 2B sube hasta los trescientos o quinientos millones de euros.
Otra alternativa es firmar un acuerdo de codesarrollo, aunque en este caso la startup ya no asume el mismo nivel de riesgo, puesto que la compañía farmacéutica aporta el capital, una vez que ha decidido hacerse cargo de la producción y distribución del nuevo medicamento. En la práctica, terminar integrada en una gran farmacéutica suele constituir el desenlace natural para muchas de estas startups.
La IA lo cambia todo
Tanto Virofend como Laminar Pharma representan un claro ejemplo del viacrucis que hasta ahora tenía que atravesar cualquier startup europea que quisiese poner un nuevo fármaco en el mercado. Sin embargo, la industria está acelerando su transformación. Gracias a la integración de la inteligencia artificial, se están reduciendo los costes de los ensayos clínicos y acortando los tiempos de investigación.
Al desarrollo de IA aplicada a los ensayos clínicos se dedican en Biorce. Destinan su tecnología a «optimizar el diseño, la planificación y la ejecución de los ensayos clínicos, con el objetivo de reducir tiempos, costes y riesgos en el desarrollo de nuevos medicamentos y acelerar la llegada de nuevas terapias a los pacientes», declaran.
Aika es el nombre del producto estrella de Biorce. Consiste en un asistente de ensayos clínicos que ayuda a los equipos clínicos, médicos y regulatorios a diseñar y optimizar estudios de forma más eficiente. La plataforma combina modelos avanzados de inteligencia artificial con uno de los conjuntos de datos más completos en investigación clínica: más de un millón de registros, que abarcan prácticamente todo el historial de ensayos clínicos registrados. Así es como permiten a los equipos pasar de dedicar meses al análisis y diseño de estudios a tomar decisiones fundamentadas en cuestión de minutos.
«A diferencia de otras soluciones del mercado, Aika no es una herramienta genérica de IA adaptada al entorno clínico: ha sido concebida desde el primer día para este sector, con toda la complejidad regulatoria, terminológica y metodológica que eso implica», afirman desde la compañía. Como gran reto que han tenido que afrontar para poner en marcha el proyecto, señalan el de «operar en una industria altamente regulada, conservadora por naturaleza y con ciclos de decisión muy largos». Los aproximadamente sesenta millones de dólares que han conseguido levantar en distintas rondas de financiación les han permitido seguir adelante con Aika, que ofrecen a compañías farmacéuticas, empresas biotecnológicas y organizaciones de investigación por contrato (CRO) bajo un modelo de suscripción.

- César de la Fuente -
- Tyger Williams
Biología digital
En este nuevo campo de la biología digital se mueve también otro de nuestros científicos más prestigiosos: César de la Fuente. Es un investigador gallego que ejerce como profesor en la University of Pennsylvania (Estados Unidos), donde lidera el Machine Biology Group, un grupo de investigación biotecnológica que busca respuestas en un ámbito que cobra cada vez más importancia: la resistencia antibiótica de las bacterias.
Gracias a los avances en el poder computacional, la disponibilidad de datos y el mayor entendimiento del mundo biológico, apuestan por el desarrollo de medicamentos usando tecnologías como la IA y herramientas computacionales. César de la Fuente y su equipo han desarrollado un avanzado sistema de IA generativa llamado ApexGO que actúa como un motor de diseño inteligente capaz de crear y mejorar moléculas antibióticas en cuestión de horas. Estas moléculas rediseñadas por IA han demostrado ser muy eficaces destruyendo bacterias peligrosas, como las superbacterias hospitalarias, que actualmente son inmunes a los medicamentos tradicionales.
En el descubrimiento de fármacos asistido por ordenador se enfocan también en la deep-tech Pharmacelera. Aquí digitalizan el proceso a través de su tecnología computacional, ayudando a las empresas farmacéuticas y biotecnológicas a identificar posibles compuestos activos antes de que deban sintetizarse o probarse en un laboratorio. Utilizando sus algoritmos patentados de mecánica cuántica e IA (QaiM), Pharmacelera está revolucionando el descubrimiento de fármacos gracias al hallazgo de moléculas candidatas nuevas y diversas. Aseguran que su proceso es hasta 75.000 veces más rápido que los enfoques tradicionales basados en la inteligencia artificial.
La compañía levantó hace escasos meses una ronda de inversión por valor de seis millones de euros, lo que le ayudará a continuar con la expansión internacional. Pharmacelera cuenta ya con clientes habituales tanto en Europa como en Estados Unidos, entre los que se incluyen tres grandes farmacéuticas y numerosas empresas biotecnológicas importantes.

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* Este artículo se publicó originalmente en el número 138 (julio 2027) de la revista Plaza