Kairós, en la fértil mitología griega, despuntaba por ser el hijo divino (no mortal) más joven de Zeus y por constituir la personificación del momento, de la oportunidad. Refleja un tiempo concreto, frente a Cronos, que lo representa en general. Esa singularidad lo convirtió en recurso filosófico, en epítome de hacer algo, podría decirse que, «cuando toca», en el instante adecuado. Esa captación de un segundo, de un contexto, constituye la esencia de la fotografía. Y, con más precisión, la de mostrar un instante que refleje una coyuntura, que permita retratar más de lo que a simple vista, con una mirada rápida, se percibe.
Por ejemplo, de identificar una ciudad, de lograr que, con esa imagen, perdure por décadas. O por siglos. En esa idea abunda la iniciativa Valencia en Blanco y Negro, un proyecto que tiene su origen, precisamente, en recopilar fotografías en esos dos colores, por lo que pertenecen a la pasada centuria. Alguna incluso se adentra en el siglo XIX.
El propósito, que ha partido de un jubilado, empleado durante gran parte de su trayectoria profesional en la empresa Repsol, ha logrado, a base de tesón, paciencia y ese don de la oportunidad que evoca Kairós, reunir cien mil fotografías.

- Foto del paseo de la Pechina en el siglo XIX.
No obstante, tal como explica Julio Cob, su impulsor, no se trata únicamente de recopilar para guardar. Ni tan siquiera para exponer en un espacio físico concreto. El objetivo consiste en que supongan un primer paso para acompañar un texto que cuente una realidad, que retrate un rincón, o que incluso defina a un personaje.
La imagen como punto de partida
«Cada foto conlleva una información. A partir de esa imagen, busco en archivos, hemeroteca… para, en muchos casos sobre la base de informaciones de periódicos de aquella época, contar su historia, siempre de manera veraz», señala Cob para explicar su modus operandi diario desde 2008 con la intención de que, cada jornada, los seguidores y lectores del blog Valencia en Blanco y Negro puedan leer una entrada y apreciar una foto bicolor.
A base de constancia, no le falta repertorio. «Llevo veintiséis años jubilado y siempre me ha interesado la realidad social. Después de ir a la universidad sénior, profundicé en la idea. Me he relacionado con mucha gente aficionada a la fotografía. Participé durante tiempo en el foro Remember, en el que se compartían imágenes. He recogido más de seiscientas fotos del Archivo Histórico Municipal de València», detalla para recalcar la antelación con la que desarrolla su afición. «Hace cinco años llegué a tener hasta sesenta días de entradas programadas. Ahora cuento con contenido ya preparado para los próximos tres o cuatro días», añade.
La acequia de Vera en los años treinta del siglo XX, los denominados chalés de los periodistas que prácticamente datan de esa misma época, el barranco del Poyo con una ilustración del botánico Cavanilles de 1795, una cremà fallera de 1935, el por entonces nuevo edificio de la Escuela de Artesanos en 1931, una partida de trinquet en los años ochenta para recordar el origen del nombre de la calle Trinquete de Caballeros…

- Julio Cob, responsable del blog Valencia en Blanco y Negro. -
- Marga Ferrer
El blog recapitula más de cinco mil entradas etiquetadas por nombres comunes (acequias, tiendas, sucesos, trenes…) y propios de barrios, calles o lugares de referencia (Tabacalera, Zaidía, Puerta de la Mar, puente de la Exposición…) o de entidades, personas y advocaciones (Valencia CF, Vicente Boix, Tomás Trénor, Tosca, virgen de los Desamparados…). La retahíla aparece indexada por orden alfabético.
Pont de Fusta
Una de las fotografías con más historia, por su antigüedad y simbolismo, la constituye la que muestra el Pont de Fusta tras la riada de noviembre de 1897. Forma parte de la colección legada por el polifacético José Martínez Aloy, que a sus vertientes de historiador y cronista sumó una prolífica carrera política que culminó con la alcaldía de València en 1907 por el Partido Liberal Conservador.
El texto que acompaña a tan ilustrativa fotografía relata cómo fue derribado el casi recién estrenado puente por la ferocidad de la riada, para posteriormente ser reconstruido igualmente de madera. Lo mismo ocurrió debido a otro episodio similar en 1949. Y en 1957, tras sufrir otro derribo por idéntico motivo, cambió el material de construcción. La imagen citada, la de 1897, muestra, tal como narra el texto de Julio Cob, «la estación de Santa Mónica a la izquierda y el convento de la Trinidad a la derecha, situados ‘‘a la otra parte del río’’, que flanquean un friso de antiguas casas».

- Fotografía de la riada de València de 1897.
El proyecto bloguero Valencia en Blanco y Negro cuenta con un segundo etiquetado, el de colaboradores, que alcanza la treintena. Entre ellos destacan Amparo Zalve Polo o Enrique Goñi. También se hallan el cronista oficial de Valencia, Francisco Pérez Puche, o el bibliófilo y coleccionista de libros antiguos Rafael Solaz, que es quien suma más artículos en los 18 años de publicaciones.
La aportación de Esteban Gonzalo
Le sigue, cada vez más cerca por su constante actividad, Esteban Gonzalo Rogel, vasto conocedor de la historia del ferrocarril y secretario de la Asociación Valenciana de Periodistas y Escritores de Turismo que preside Luis Agudo. «Fuimos compañeros de trabajo y nos conocemos desde hace setenta años. Envía contenido con frecuencia», apunta sobre él Julio Cob.
Con el paso de los lustros, más que buscarlas, muchas fotografías le llegan. Lo hacen por medio de sus lectores. «Las agradezco todas, aunque bastantes ya las tenga», recalca el impulsor de València en Blanco y Negro. La imagen, en cualquier caso, siempre supone el inicio de la investigación para generar el contenido que cada día repasan alrededor de diez mil visitantes, una cifra que, multiplicada por el conjunto de jornadas de los dieciocho años de historia, rebosa los cinco millones.
No obstante, más allá de los datos de visitas, aquello que emociona más a Cob son los sentimientos que remueven algunas entradas. Y va con un ejemplo: el colegio de San Francisco Javier. «En el gran solar triangular que quedó entre la avenida Campanar, Pío XII y la calle Monasterio de Poblet se instaló, en la posguerra, lo que fue posiblemente el último gran establecimiento benéfico para niños de València. Lo recuerdo como Preventorio de San Francisco Javier», cuenta en la primera entrada bloguera que le dedicó.
Fotos de lectores
A partir de ahí llegó la acumulación de mensajes, correos y visualizaciones. «Me escribe continuamente gente que estuvo internada en él. Me llegaron tantos comentarios que decidí publicarlos como texto», señala. Y así lo traslada literalmente.
«¿Quiénes mejor para contar las vivencias del colegio San Francisco Javier que los comentarios vertidos en este blog por su propio alumnado, como seguidores del mismo? Una institución creada en la década de los cuarenta, que cumplía diversidad de cometidos de acuerdo con la realidad social de aquellos tiempos, en su demanda de asilo y protección para los desprotegidos en sus años de infancia y juventud», escribe en un texto que acompaña —siempre con carácter subsidiario y explicativo— a una imagen datada en 1945 del archivo de Rafael Solaz, con el texto: Albergue del Grupo Benéfico San Francisco Javier.

- Fotografía del puerto de Valencia.
También se le acumulan fotos de encuentros familiares de personas ajenas a Cob. Él agradece la gentileza de quienes se las remiten, aunque en su blog, centrado más en espacios, lugares, historias, investigación, las escenas con personajes propios menos conocidos del pasado no tienen exactamente su cabida.
Rincones autóctonos
En cambio, sí que la encuentran los denominados rincones, entre los que enumera el vestíbulo de la estación del Norte, el jardín posterior a la iglesia de San Agustín, la plaza de la Santa Cruz (en el Carmen) o el cementerio municipal (al que denomina Museo del Silencio). Refleja, con sus imágenes (en estos casos, más actuales, ya en color), hasta sesenta enclaves. A esa tarea meticulosa se dedicó durante cinco años, a una media de un rincón mensual, con la puntualidad difusora que lo caracteriza. Todo ello lo compiló en un libro posterior que, efectivamente, luce como título Rincones de Valencia.
También, desde luego, tiene un libro rotulado como La Valencia en blanco y negro de Julio Cob, editado por Carena en 2015, que aglutina imágenes e historias con matriz en su propio blog. Y una tercera obra, La Valencia del padre Tosca, que, basada en el histórico mapa del religioso de la València de 1704, recorre cada rincón, edificio e iglesia del intramuros de aquella época desde la perspectiva del minucioso autor.

- Imagen de la presentación de la placa al conde Altea.
Una recreación de arrozales, la iglesia de San Valero o una barraca de la época exponen la Ruzafa de 1921 sobre la base de postales, otra de las singularidades de su proyecto. El cogollo de esta variante se centra en una colección de trescientos ejemplares de estas imágenes comerciales que heredó de su abuela y que se remontan a la primera década del siglo XX. E incluyen dedicatorias de admiradores.
Puentes (el de los Serranos en 1935, el de Trinitarios en 1924, el anteriormente citado de Fusta de 1897…) o estatuas —«todas las de València aparecen en mi blog», remarca Julio Cob— cuentan con una presencia destacada. O trenes, como el llamado Limón Exprés, que transitaba por la costa alicantina (aquí se permite la licencia de salir de València), gracias a la pasión ferroviaria de Esteban Gonzalo.
Del tren a las fallas
«Empecé a colaborar a mitad de la década pasada, aunque desde 2019 lo hago con más asiduidad, con un artículo cada ocho días», comenta el citado autor, compañero laboral de Cob durante décadas y uno de sus más fieles colaboradores en València en su proyecto editorial. Gonzalo Rogel, por medio de la editorial Sargantana, ha lanzado recientemente a la venta el libro Conociendo Valencia. Artesanos, comercios históricos y personajes, donde recopila algunas de las historias que narra en Valencia en Blanco y Negro.
Cuenta, en su propio repertorio, con una colección de más de 36.000 fotografías, muchas de ellas en cromatismo bicolor. Octogenario enérgico al igual que Cob, cada día sale a la calle a hurgar, a rebuscar imágenes que le inspiren. En los trenes tiene su afición, y en las fallas un campo de cultivo de recursos y narrativa.

- Esteban Gonzalo, secretario de la Asociación Valenciana de Periodistas y Escritores. -
- Marga Ferrer
Incluso aúna ambos intereses en algún artículo, como el titulado Las tres fallas, referido a la conocida como La Ferroviaria, entre la estación del Norte y Pelayo. «La grande, la infantil oficial y la artesana infantil, esta rememorando las que antaño hacíamos los niños hasta su desaparición en 1952 cuando la Junta Central Fallera impuso a las grandes tener una pequeña tutelada», escribe literalmente en uno de los párrafos.
Esa abundancia de recuerdos e instantáneas divulgados despertó la admiración, en un reciente encuentro, de la concejala de Turismo, Innovación y Captación de Inversiones de València, Paula Llobet, que se identificó como lectora habitual de una publicación digital en la que Esteban Gonzalo ronda las quinientas entradas con su nombre.
«Del Ayuntamiento o de autoridades de diferentes tipos no hemos recibido ningún tipo de apoyo. Nuestra labor se basa en la afición y el amor por València. Y, hasta ahora, nuestro mayor reconocimiento ha procedido de artículos de medios informativos locales contando qué es Valencia en Blanco y Negro», matiza Julio Cob al respecto.

- Fotografía del interior del Mercado Central.
Periódicos históricos
Este jubilado bucea precisamente cada día entre periódicos autóctonos, en muchos casos en formato papel que dejaron de existir largo tiempo atrás, aunque mientras pervivieron fueron un referente informativo en la ciudad. «La Correspondencia, El Pueblo, Diario de Valencia…, en muchos de ellos busco información para las fotos con la finalidad de ofrecerla con total veracidad y rigor en el blog», defiende.
Las calles Barcas (con imagen del año 1900), Bailén (1930) o la de San Vicente (1900) son algunas de las que muestran su rostro pasado, aunque perfectamente reconocible, dentro de la pestaña Calles de Valencia. Se sitúa junto a otras también suficientemente elocuentes y visibles, con el mismo afán recopilatorio de otros apartados, como plazas, grandes vías, torres (con la de Quart captada desde una inconfundible calle del mismo nombre en 1906, o la del campanario de Santa Catalina, en 1910), o puentes.
O palacios, entre los que incluye el de Comunicaciones (nombre que ha recuperado en los últimos años tras adquirirlo la Generalitat a Correos); con una ilustración de 1934, el de Ripalda, con imagen que data de 1895, el del Temple, rotulado en 1906, o el de la Exposición Regional, de 1909, entre otros que atesora y muestra en Valencia en Blanco y Negro.

- El blog cuenta con cien mil fotografías históricas de la ciudad de València.
El secular Tribunal de las Aguas igualmente aparece, como no podía ser de otra forma en una colección tan extensa y vinculada a la ciudad, con una imagen de 1927. Molinos, trenets, murallas romana, musulmana y cristiana, el Museo Nacional de Cerámica, la Ofrenda, el Palacete de Monforte, el paseo de la Pechina, el antiguo penal de San Agustín (con foto de 1900), la plaza del Negrito…
La enumeración de lugares que forman parte del imaginario colectivo no cesa… Parece interminable, aunque cada uno tiene su hueco, con foto y explicación, en esta iniciativa desarrollada por un apasionado de València que ha consagrado su jubilación a recopilarla sobre la base de imágenes en blanco y negro.
Ha querido contar su València, la de sus ancestros y la que han heredado aquellos que han llegado en los últimos años y se han encontrado con una ciudad repleta de múltiples encantos, cada cual con su historia, con su pasado, con sus personajes… Los que asoman en las fotos y muchos otros a quienes, sin salir en ellas, también parecen evocarlos esas imágenes bicolores.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 139 (septiembre 2026) de la revista Plaza