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Ricardo Miravet: La casa de un hombre es su castillo, literalmente

Ricardo Miravet (ANTONIO PRADAS)

Se enamoraron, primero entre ellos y luego de un castillo en la Todolella, en la comarca de Els Ports. Ella, Livia Férgola, era científica; él, Ricardo Miravet, músico. La biografía de este matrimonio de argentinos que decidió pasar su vida en un castillo que se caía a trozos es de esas que da para un libro. Ahora solo queda él... y su música

17/07/2022 - 

VALÈNCIA. Este no es un cuento de un castillo encantado en el que vivieron nobles o príncipes que después de enfrentarse a batallas acabaron siendo felices y comieron perdices. ¡Para nada! Esta es una historia de la vida real de dos personas cultas, apasionadas por el arte, la música y la cultura, que un día, en los años sesenta, procedentes de París, visitaron España, concretamente los pueblos de Morella y la Todolella en la comarca de Els Ports.

Quedaron tan maravillados con el castillo medieval de este último pueblo que decidieron comprarlo. Una edificación que les enamoró y les gustó para vivir su jubilación, pero en la que había que invertir tiempo, trabajo y dinero y de la que, además, tenían que desalojar a los entonces habitantes del recinto: pollos, conejos y corderos, dado que era una granja, además de un secadero de jamones. Gracias a sus nuevos dueños el castillo recuperó su alma y se convirtió en el mejor preservado del viejo Reino de València, además del único habitado en la Comunitat. Sin duda alguna, una historia de sueños e ilusiones que, con pasión y amor, dos personajes hicieron realidad.

Parece un cuento pero, insistimos, no lo es. Es la historia de una pareja argentina formada por la científica Livia Férgola Grüssi (fallecida en 2017) y el músico y compositor Ricardo Miravet Toutain (nacido el 26 de agosto de 1930) quienes se convirtieron en los ‘nobles del castillo de la Todolella’ —población de unos 150 habitantes— pero no por abolengo o herencia, sino por la loable labor que hicieron al rescatarlo, y la aportación cultural que en décadas han hecho a la comarca, gracias a que también en uno de sus viajes él conoció y se ofreció a restaurar el órgano de Turull, que celosamente guarda la Basílica Arciprestal de Santa María la Mayor de Morella, dada su profesión de organista y organero.

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El castillo no pertenece a una sola época, pero, de acuerdo a su historia, podría pensarse que el grueso de la obra es del siglo XIV. Miravet explica que «primero fue una torre árabe del siglo VIII a la que se fueron añadiendo construcciones en todas las épocas y, cuando se expulsó a los árabes, Blasco de Alagón lo donó a un señor de apellido Calavera. Sus descendientes lo modificaron y ampliaron durante siglos, hasta que llegó a heredarlo el marqués de Llaneras». Pero deja claro que el sitio no fue objeto de ningún hecho de armas. Él lo compró al procurador del castillo que se llamaba Simonet, por la cantidad de cuatrocientas cincuenta mil pesetas (poco más de 2.700 euros), en 1966. Hoy está valorado en 2,6 millones y, cuando Ricardo ya no esté, pasará a ser de titularidad y uso públicos.

* Lea el artículo íntegramente en el número 93 (julio 2022) de la revista Plaza

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