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RUINAS Y FOTOGRAFÍA 

‘Ruin Lust’ a la valenciana

6/04/2022 - 

VALÈNCIA. La escritora y ensayista Rebecca Solnit en Una guía sobre el arte de perderse escribe que “una ciudad se construye de tal manera que se asemeje a una mente consciente, una red capaz de calcular, administrar, producir. Las ruinas se convierten en el inconsciente de una ciudad, en su memoria, en sus territorios ignotos, sombríos, desaparecidos, y es en ellas donde verdaderamente cobra vida. Con las ruinas, una ciudad se libera de sus planes y se convierte en algo tan complejo como la vida, algo que puede explorarse aunque quizá no cartografiarse”.

Las ruinas, en especial si están integradas en el paisaje urbano o periurbano, son un haz de complejidad emocional. En ellas habita una mezcla de fracaso, memoria histórica y ansia por adentrarse —rozando el allanamiento— en lo prohibido. El espíritu que anida en el concepto wanderlust —pasión por viajar— tan machacado por los blogs de viajes se asoma en el ruin lust: pasión por las ruinas. Si wanderlust proviene de las alemanas palabras Wandern que significa ‘vagar’, y lust traducida por ‘pasión’ o ‘lujuria’, en el ruin lust tenemos la querencia por lo que en su día era una sólida representación del progreso y la capacidad arquitectónica y de ingeniería de la humanidad.  

“Es la misma transmutación que aparece en los que las estatuas, los juguetes y los animales se vuelven humanos, aunque a estos se les insufla muerte, pero una muerte generadora, como la del cadáver que sirve de alimento a las flores. Las ruinas urbanas son espacios que se han quedado al margen de la vida económica de la ciudad, y en cierto modo son el entorno ideal para la clase de arte que también está al margen de la producción y el consumo habituales de la ciudad”.

Aparece entre los cascotes y hierros retorcidos por el paso del tiempo y las lluvias la palabra arte. Estos escenarios son, con frecuencia, tanto objeto de estudio como el marco —el decorado— de sesiones de fotografía. En apariencia puede parecer que esta pasión por la ruina proviene del movimiento punk y de corrientes meramente de apreciación estética, pero ya en el siglo XVIII, en Gran Bretaña, se desató una locura pictórica y exploradora por lo que en su día eran edificios con funcionalidad que devinieron en cadáveres. Pintores como J. M. W. Turner y John Constable emprendieron un viaje en busca de la ruina a través de la campiña inglesa. Los escombros, los muros rotos y las construcciones con huellas de una catástrofe han producido interés, locura y lujuria en artistas de todas las épocas.   

Antigua cementera de Buñol. Foto: KIKE TABERNER

“Las ruinas son una premonición, una advertencia de la historia sobre nuestro propio destino ineludible. Son un recordatorio de que eventualmente todo se perderá, incluso lo que alguna vez fue grandioso y poderoso. De este modo, cada ruina actúa como un memento mori, una alegoría de la muerte y la decadencia, como la usaban los pintores del Renacimiento”, señala el escritor Lewis Dartnell

El taller del alemán, de nombre oficial Taller Götz, en el Puerto de Sagunto, es una postal de lo que fue el pasado industrial de la zona. Esta infraestructura además de acoger rodajes y sesiones de fotos ha sido el espacio para la expresión del sentimiento valencianista del colectivo It Must Be Love 86, que pintó “Meriton” en lo alto de la torre de este edificio que es una muestra perfecta del racionalismo alemán adaptado a las necesidades industriales. 

¿Pero pueden estos espacios perder su naturaleza apartada de los procesos productivos —una ruina o un solar vallado no cumplen una misión económica (salvo casos de especulación inmobiliaria) y por tanto son inútiles— al convertirse en localizaciones? La fotógrafa murciana María Caparrós cuenta que “para el tipo de foto que yo hago, de grupos de música o de moda, intento prescindir de los sitios abandonados porque me parecen que están trilladísimos. Entiendo el romanticismo de hacer fotos en espacios abandonados, creo que es porque es interesante dar tu visión de ese espacio, en tanto en cuanto lo puedes reinterpretar. Tú haces una fotografía y ya con el hecho de hacerla estás siendo subjetiva. Es una reinterpretación de los espacios. Cuando se hacen sesiones con gente se les da un nuevo enfoque al espacio. Si es para documentar el lugar, me parecen atractivas las ruinas si no están muy deterioradas, o si son para hacer una serie, como las gasolineras”. 

Bodegas Vinival. Foto: KIKE TABERNER

Las antiguas Bodegas Vinival de Alboraya forman parte de la lista oficial de patrimonio de la Comunidad Valenciana, sin embargo, este llamativo complejo cuyo proyecto original que se redactó entre el año 1971 y 1975, no ha sido protegido ni mantenido durante décadas. Aunque el fácil acceso al mismo y el atractivo de sus formas de ladrillo visto y hormigón ha servido de fondo para shootings y videoclips como el de Turia River Killed The Radio Star, realizado y dirigido por Miguel Angel Mengó Lloret, el espacio sigue vallado y sin uso, aproximándose cada vez más al imaginario post-apocalíptico de Mad Max.   

Esa idea, la del delirio futurista propio del film de George Miller en el que la ruina alcanza tintes metafóricos, está trabajada por Robert Smithson quien en un ensayo estético planteó este fragmento de texto: “estoy convencido de que el futuro está perdido en algún lugar en los basureros del pasado no histórico (…). El tiempo convierte las metáforas en cosas y las apila en cámaras frías o las coloca en en patios de recreo celestiales de los suburbios. Ese panorama cero parecía contener ruinas al revés, es decir, toda construcción que finalmente se construiría. Esto es lo contrario de la ruina romántica, porque los edificios no caen en ruinas después de haberse construido sino que alcanzan el estado de ruina antes de construirse”. La ruina por tanto, ¿se hace o nace? La cementera de Buñol, el hospital psiquiátrico de Cheste, el nuevo estadio del Mestalla o parte de las instalaciones de la America’s Cup parece que tuvieran en el tuétano grabada la cualidad futurible de ser ruinas. 

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