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CRÓNICAS POR LOS OTROS / OPINIÓN

Salim no sabe ni leer ni escribir

Salim tiene 28 años. La mayoría del tiempo conduce lanchas (taxis) en la isla de Lamu, un oficio que aprendió de pequeño porque nunca fue a la escuela. Salim no sabe ni leer ni escribir

29/04/2017 - 

Salim sueña con la posibilidad de salir de su isla natal. Le gustaría poder viajar descubrir otros lugares y, sobre todo, poder salir de la pobreza en la que vive instalado desde que nació. Pero al mismo tiempo que sueña, Salim sabe que todo se complicaría si saliera de su isla y de su país donde conoce las herramientas para sobrevivir sin necesidad de saber leer o escribir. Porque Salim ni lee ni escribe.

Pensemos por un momento cómo sería nuestras vidas si no supiéramos leer ni escribir. Casi seguro no podríamos llevar la vida que llevamos y menos aún lejos de nuestro lugar de origen. Salim está condenado a vivir donde vive y cómo vive. Salim está condenado a acceder a trabajos mal remunerados y con malas condiciones. Salim está condenado a no salir de la pobreza. Salim es uno de los 758 millones de personas analfabetas . Cifras que nos llegan por la Campaña Mundial por la Educación (CME).* (www.cme-espana.org)

En la actualidad hay 758 millones de personas adultas analfabetas, dos tercios de ellas mujeres. Y sigue habiendo 263 millones de niños y niñas, jóvenes y adolescentes sin acceso a la educación.

Esta semana se ha celebrado la Semana de Acción Mundial por la Educación en 124 países, convocada por la CME, a través de diferentes actividades orientadas a crear conciencia sobre la importancia del derecho a la educación. La herramienta básica para poder tener futuro. Y no es un decir. Hasta que hasta que no te rodeas de personas analfabetas, personas jóvenes, con toda la vida por delante que no sabe leer ni escribir, personas con un futuro difícil, es difícil valorar la gravedad real del asunto por mucho que imaginemos, por mucho que nos cuenten, por mucho que leamos.

Por ello , hoy desde mi rincón de África y rodeada de jóvenes analfabetos, me gustaría reivindicar con más fuerza, más rabia y mucho amor la importancia de la educación y exigir a los gobiernos que adquieran responsabilidades reales en este asunto y que garanticen la educación de calidad para todos.

Y no estoy sola cuando pido que no solo laven sus conciencias con campañas mediáticas, sino que se preocupen cada uno en sus contextos que no haya ningún niño y niña sin escolarizar. Porque un sólo niño o niña sin escolarizar es un niño/a sin futuro.

Pido la palabra por la Educación

Esta semana ha tenido lugar la Semana de Acción Mundial por la Educación (SAME), una de las principales actividades de sensibilización y movilización social y ciudadana de la Campaña Mundial por la Educación (CME), una coalición internacional presente en más de 100 países y formada por ONG, sindicatos del entorno educativo, centros escolares y movimientos sociales de muy diverso signo. La CME se funda en el año 1999 y desde entonces trabaja para exigir a la comunidad internacional que cumpla sus promesas: que sitúe la educación en el centro de la agenda internacional y dedique fondos suficientes para financiar sistemas de educación pública y gratuita. Defienden que la educación es cosa de todos. Y trabajan cada día para conseguir reducir y eliminar las cifras que reflejan el problema de analafabetismo en el mundo: 263 millones de niños y niñas, jóvenes y adolescentes sin acceso a la educación.

Estos niños y niñas no van a la escuela debido a distintas causas como vivir en contextos de crisis o en zonas rurales remotas; la falta de recursos, infraestructuras adecuadas o de personal docente cualificado; o la discriminación por motivos de raza, género o discapacidad.

Hay niños/as que no pueden disfrutar del privilegio de ser niños/as, no pueden jugar como en las escuelas se juega, no pueden tener compañeros de clase como en las escuelas se tiene, no pueden quejarse de tener que ir a clase.

Y ahora pienso en todos los proyectos de organizaciones que cubren la ausencia de educación, que cubren el agujero que los gobiernos tienen, proyectos que parchean la falta de responsabilidad de las autoridades…

Y pienso en la treintena de niños y niñas que vienen a nuestra escuela y en todos quienes nos ayudan a mantener a estos niños con comida y educación (www.onedayyes.org). Y pienso en Abdala, en Faith, en Muslima, Sadia, Issa, Mbarak, etc. que posiblemente no estudiarían si no existiera Twashukuru Academy School. Y como Twashukuru hay miles de proyectos en el mundo que suplen esa carencia y que merecen la pena.

Yo ahora he visto el horror, el horror de no poder estudiar, el horror de no poder ir a la escuela por tener que trabajar, el horro de la miseria. He convivido con el horror de no tener futuro. Y tiene solución. Pero la solución pasa por que los gobiernos adquieran sus responsabilidades.

Por ello es tan importante sensibilizar y concienciar del privilegio que tenemos quienes hemos podido ir a la escuela, quienes hemos podido correr por el patio de nuestra escuela, quienes hemos podido comer en la escuela, quienes hemos podido pelarnos una clase.

En esta línea y bajo el lema “Pido la palabra por la educación”, decenas de centros educativos, incluidos los de la Comunitat Valenciana, han trabajado la campaña con sus estudiantes para conocer mejor los retos de la educación en el mundo y en su entorno más cercano, y comprender que todas las personas podemos hacer algo para transformar la realidad.

Y créanme que es posible. Es posible cambiar el futuro de estas personas y de estos niños/as que nacen pobres y con difícil acceso a la educación.

Hay maneras de apoyar organizaciones que trabajan en ello, aunque todos coincidimos en que es una responsabilidad de los gobiernos. Pero mientras tanto, pongamos nuestra granito de arena. No para intentar cambiar realidades grandes, pero sí para cambiar realidades pequeñas, con nombres y apellidos…

La semana que viene… ¡mas!

* La Coalición Española de la Campaña Mundial por la Educación (CECME) está formada por tres organizaciones - Ayuda en Acción (que asume la coordinación de la misma), Educo y Entreculturas – y está presente en 16 comunidades autónomas.

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