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plaza de salida / OPINIÓN

¡¡¡Seré bocazas!!!

17/08/2020 - 

VALÈNCIA. Ahora va y tengo un bicho que no me toca. Miastenia de nombre y Gravis de apellido. Algo que crea mal rollo entre mi sistema nervioso y músculos. Algo que hace que, por ejemplo, los párpados cierren persiana no por el cansancio o humedad sino por su peso. O que a veces no pueda hablar, masticar, tragar, sonreír o detalles sin importancia. Porque afecta principalmente a los músculos más pequeños del cuerpo. Estoy tranquilo porque con el tiempo puede afectar a brazos y piernas. Mooola. De momento estoy controlado a base de cortisona, que me hincha como un globo, y bromuro, que evita que se me hinche el flácido, que es justo lo que me faltaba.

A partir de ahora si no te apetece leer no lo hagas, pues voy a contar lo último que me ha pasado y no sé si es apto para los lectores de esta revista. No lo hago para provocar ni por chulo ni postureo. Aviso porque es raruno, y verídico.

Efectivamente, a otro de los miembros que afecta es a mis genitales. A los tres colegas. Digamos que la relación entre deseo y excitación se ha visto afectada. Así que no siempre cuando aquello erecta está mi pareja a mano, y no siempre que con ella estoy excitado aquello erecta. Caos. Solución algo egoísta, aprovechar el momento y chim pum.

Y así ocurrió.

Estoy en una fiesta en casa de una amiga esperando que ella y mi chica aparezcan. Compras de última hora y yo he aparecido pronto. Así que ahora ando aburrido en una terraza admirando las vistas al campo de golf de la urbanización. En la casa hay pocos libros y poco roll, rollo minimal. De pronto noto que mi estalactita anda estalagmita como un basto. Tengo que aprovechar ese momento. Me inclino por la discreción y aprovecho la soledad para agitarla de forma armónica pero acelerada. A las pocas envestidas ya he dejado el zumo escurriéndose por la barandilla. Prudentemente recojo el armamento y aquí paz y después gloria y las que vengan.

Pensé que nadie me había observado, pero no, Michelle, la pequeña perra mil leches de la casa, andaba dando buena cuenta y en solo cinco lametones borró toda prueba de lo ocurrido.

Se besan en los morros lametones incluidos, mundo perruno ya me explico. ¡Ahí hay más babas que en una bañera de lenguas!

Suena el timbre y la mil leches de ojos saltones sale disparada a los brazos de su dueña. Se besan en los morros lametones incluidos, mundo perruno ya me explico. ¡Ahí hay más babas que en una bañera de lenguas!

Aparece su marido, de un sonrosado subido, pues lleva la tarde de cócteles y mojitos y ha probado de todos los que ha preparado. Y besa a su señora con exageración y risas, llevándose esa mezcla de babas, espumajo del mil leches de ojos saltones y ojete en pompa y mi zumo.

Y entra su hija, que recibe de su padre ese abrazo familiar que solo sabemos dar los que nunca lo recibimos de los nuestros. Que sí, que ya, que eran otros tiempos, pero que le deja colgando ese no sé qué de babazas blanquecinas. Es mi turno, todo es muy rápido y me saluda besucona de abrazos y besos que no me corresponden, pero como hay alegría todo es válido. Y me llevo el ungüento en los labios.

Y llega mi chica. Que está emocionada y preciosa y sonriente y hermosa como siempre. Y que me secuestra discretamente y me lleva al calor de un cuarto para que la posea como un toro bravo. Mis fuerzas las quemé hacía poco tiempo, así que mi única salida honrosa es llegar con la lengua donde debiera lo otro que no es más que un trozo de cuerda algodonosa. Y volcán y mariposas. La oigo gemir y es todo un éxito.

Ahora me dice que está embarazada. Mi quinto está de camino. ¡¡¡Seré bocazas!!!  

* Este artículo se publicó originalmente en el número 56 de la revista Plaza

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