Series y televisión

EL CABECICUBO DE SERIES, DOCUS Y TV

'El plan de las gemelas': Adictos a la crónica negra

Vuelve Carles Porta a Movistar Plus+ con un crimen poco edificante, pero cuesta no verlo.

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VALÈNCIA. Comentábamos hace un par de semanas el salto de calidad que habían dado las producciones de Carles Porta con Abandonados. La gran diferencia era que se contaba una historia cuyo desenlace podía deberse a un crimen, quedaba en el aire, en lugar de ser el desglose analítico de un crimen en sí, que no es lo mismo. Sin embargo, Porta ha vuelto a Movistar con otro documental de dos capítulos, El plan de las gemelas, que vuelve por sus fueros. Es un suceso terrible, macabro, lleno de maldad y crueldad, y se detalla y desgrana poco a poco. ¿Y qué hemos hecho? Pues verlo de principio a fin.

Desde esta columna se da una chapa infernal desde hace años con la inercia que van tomando todas las producciones audiovisuales hacia los crímenes. No es un plan maestro de las plataformas y las grandes productoras, que son extremadamente simples: solo quieren dinero. Y lo buscan dándole al público lo que quiere. Son todas ellas Vasiles con cosas.

El problema, creo yo, es del público. La cantidad de series que van sobre crímenes, delitos, fuerzas de seguridad y psicopatologías orientadas al delito es abominable. Si a eso le sumamos también los documentales, parecemos la sociedad de la posguerra española, muy orientada a la crónica negra y la novela tremendista por esa pulsión burguesa de estar en una situación confortable y querer mirar por un agujerito cómo sufren los demás ahí fuera para disfrutar sentirse a salvo.

No tengo esta opinión con altura moral. Aunque me desagrada y me deja mal cuerpo, he disfrutado El plan de las gemelas porque es un relato adictivo, además de sorprendente. Y como conté hace quince años cuando comenzó este espacio, los crímenes estadounidenses que daba La Sexta al peso por las mañanas, cuando arrancó la cadena, me parecían lo mejor de la televisión. No solo eran entretenidos y aguantaban el misterio hasta el final, lo que permitía hacer cábalas mientras los veías, sino que, si eran antiguos, permitían ver fotos caseras de los años setenta y ochenta, lo que no tenía precio si te atrae el pasado en su vertiente más ordinaria.

Más adelante, descubrí que en el Centro de Doccumentación Judicial, CENDOJ, se podía buscar por palabra. Podías poner “heroína”, por ejemplo, sesgar por fecha en los años ochenta y hartarte de leer sentencias relacionadas con el tema. La exposición de los hechos probados, decía yo alardeando con esnobismo, eran mejor que cualquier novela negra. Entre otros motivos, porque eran ciertos. El problema era que no tenían ni puta gracia. Duré poco leyéndolos porque esa ventana a la realidad de homicidios miserables y violaciones despiadadas si algo era de verdad es deprimente.

La paradoja es que poco tiempo después, mi mujer se puso a traducir capítulos de asesinatos estadounidenses, como los de La Sexta, que le llegaban al por mayor para su emisión en los rincones oscuros de la TDT. Durante años, es lo que oía de fondo en casa todo el santo día. Mi predisposición contra este tipo de formatos, coincidente con las tendencias de las plataformas, que hasta para hablar de cultura popular tenían que buscar que hubiera un crimen que justificase el reportaje, ha llegado a ser agobiante.

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Pero El plan de las gemelas ha caído entero. El hechizo sigue ahí y es imposible evitarlo. En este caso, se trata de un suceso ocurrido en Sabadell hace cuatro días. En 2023, lo contó profusamente la prensa, cuando llegaron las sentencias, pero si hoy no nos acordamos de lo que pasó ayer, lo de hace tres años forma parte ya de la Historia antigua de la nación.

El crimen tiene morbo, en primer lugar, porque no tiene sentido, y en segundo por la existencia de unas gemelas de comportamiento singular. Esta última parte es la que se queda más grabada en la mente. Las dos mujeres son ambiciosas, caprichosas, volubles, difíciles y emplean a discreción las denuncias de malos tratos, para mayor gloria de los creadores de opinión low-cost que señorean esta cuestión en sus medios de combate.

Esa maldad queda retratada en el acceso a los mensajes de los móviles de ambas con su cómplice y brazo ejecutor, Isaac, que parecen una película de terror. O peor, en una película de género serían serie B, porque resultarían histriónicos y poco verosímiles, algo que a la realidad le importa poco, porque no tiene la necesidad de convencer a nadie de que es real.

Por otro lado, tratando de sacar algo positivo, tenemos el comportamiento de la víctima, noble en exceso, hasta el punto de perjudicarle fatalmente. Le habían vaciado las tarjetas de crédito, pero no había puesto un punto y final a la relación en ese momento, como haría cualquier persona cabal. Es más, acudió a dormir con su gemela cuando esta le llamó, entendiendo que le necesitaba. Posiblemente, alguien era que en la psicología de Instagram se define como people pleaser.

Más positivo aún es el comportamiento de la otra casi víctima. Un trabajador que, al encontrarse a una de las gemelas en la indigencia, le ofreció ir a vivir a su casa, donde ella no tardó en denunciarle también por agresiones. Este hombre, peón caminero, encontraba tiempo para ser voluntario en un comedor para personas sin hogar. Igual sería más edificante un análisis exhaustivo de su mente y de cómo le ha llevado a querer darse a los demás, pero los espectadores están más interesados en cómo le revientan la cabeza a un señor en el rellano.

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