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GRUPO PLAZA

LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR

Sintetizadores contra tupés: Glamour telonea a Stray Cats

Hace 30 años, juntar a grupos de estilos diferentes en un mismo cartel podía resultar peligroso. Esto es lo que pasó cuando la tribu new romantic se dio de bruces con la tribu rocker

24/01/2016 - 

VALENCIA. No está muy claro de quién fue la gran idea, pero evidentemente alguien la tuvo porque en febrero de 1982, el grupo valenciano Glamour teloneó a Stray Cats en sus dos conciertos españoles. Los norteamericanos estaban en un punto álgido gracias a su reinvención del rockabilly, una música que habían adaptado a la época posterior al punk, añadiéndole unos ligeros toques renovadores. El problema era uno muy habitual en la música: si te gusta un estilo es muy posible que entres en colisión con los seguidores de otros estilos. Cuanto más identificado con un estilo de vida esté ese género, mayor es el riesgo de colisión, y más violenta será esta en caso de producirse.  En aquellos tiempos, un grupo como Glamour era, con su música con sintetizadores y su look neorromántico, una aberración para cualquier fan fundamentalista de Elvis. Cuando le pregunto a José Luis Macías, teclista del grupo, de quién partió la oferta para telonear a Stray Cats, tampoco sabe decirme con exactitud. Me comenta que unos meses antes ya ocurrió algo parecido. Alguien programó como teloneros de Ramones a Los Secretos, que a consecuencia de ello fueron apedreados en Badalona, la misma localidad dónde también actuaría Glamour. “Por lo visto –prosigue José Luis- el mismo fenómeno al que se le ocurrió aquello fue quien nos incluyó a nosotros en el cartel. Una barbaridad solo superada el día en  que se juntó en un mismo cartel a Vídeo con Vulpess, en Alzira, si mal no recuerdo”.

Del Carmen a Londres con parada en Berlín

Glamour se encontraban en un gran momento, quizá el mejor de su carrera, con un single de éxito, Imágenes, y un primer álbum publicados tan solo tres meses atrás. Se habían consagrado en Valencia pero todavía les quedaba convencer al resto del país de que eran algo más que un one hit wonder y que debajo del maquillaje y las chorreras había músicos curtidos escuchando –igual que los new romantics británicos- a Bowie, Ultravox!, Human League, Kraftwerk, Roxy Music y demás heraldos del rock futurista, ese tipo de concepto que los seguidores radicales de los géneros clásicos y puros tanto detestan. A Glamour en Madrid los miraban con desconfianza. Resultaban sospechosos –de no haberlos conocido personalmente, a mí también me lo habrían resultado-, y cuando digo sospechosos me refiero a que nadie sabía si pertenecían a la rama de Azul y Negro y Mecano, grupos que adoptaban una personalidad determinada para darse a conocer y, a ser posible, triunfar; eso que de toda la vida se ha denominado subirse al carro, vamos.

¿A dónde va la gente? A la Bony de Torrente

El 18 de febrero fue el primero de los dos conciertos. Tuvo lugar en Torrente, en la inolvidable Sala Bony, que llevaba una racha de modernidad impresionante después de haber recibido un par de meses antes a Ramones para oficiar su primer concierto valenciano. Esa noche todo fue bien, según recuerda Macías, mejor que bien incluso, porque el grupo sonó como nunca antes lo había hecho. Stray Cats, resultaron ser muy amables y, cuando vieron que en el camerino de Glamour el catering brillaba por su ausencia, los invitaron a tomar bourbon en el suyo. Esa noche actuaron ante un público dispuesto a disfrutar de Stray Cats pero que no tenía ningún problema en verles a ellos antes; de hecho, Stray Cats formaban parte de la banda sonora de los locales modernos de la ciudad, y era habitual escuchar su Storm the embassy junto a canciones de Soft Cell, D.A.F. o Killing Joke. Poco después de terminar el concierto, el grupo, acompañado por el saxofonista Ramón Gilabert, Esteban Leivas -productor del grupo- y yo salimos en dos coches rumbo a Barcelona. El siguiente concierto era al día siguiente en el Pabellón del Juventud de Badalona.

Tupés en crecimiento

Cuando llegaron la noche siguiente al camerino tenían bebida, comida y hasta fruta, un detalle que, seguramente, partió del grupo estrella. Cuando salieron a  probar sonido, Ramón comprobó que junto a la base de su pie de micro habían escrito Mel Collins / Glamour Sax. Casi llora de la emoción, porque Mel Collins era su saxofonista favorito –había tocado en King Crimson- y ahora iba a pisar el mismo suelo que él e incluso a compartir micrófono. Esteban y yo nos situamos  para ver el concierto. El ambiente no era nada tranquilizador. Entre el público había un grupo de rockers rendidos ante Stary Cats. A Glamour no los querían ver ni en pintura. La hostilidad era tan patente que alguien le dijo a  Macías: “No vais a durar ni dos minutos allí arriba”.

Remi Carreres, bajista, recuerda que mientras subían la rampa camino al escenario, escuchaban gritos de “¡Hijos de puta”. Antes de tocar el primer acorde ya habían sido repudiados por un pequeño sector del público que los consideraba unos maricones new wave, profanadores del buen nombre del rock & roll. Glamour fueron tocando las canciones de su breve set –nunca me he alegrado más de que el set de un grupo telonero fuese breve- a medida que los ánimos del respetable menos respetuoso se iban caldeando. La facción que no estaba dispuesta a demorar su cita con Stray Cats por culpa de los fantoches valencianos, lanzaba al escenario monedas, botellas y cualquier otra cosa susceptible de hacer pupa. Luis Badenes, el cantante, se protegía el rostro con las manos. El guitarra Adolfo Barberá, el Nano, -el mote del batería José Payá- y Remi se mostraron desafiantes y sacaron su actitud más punk. Desde la atalaya de sus teclados, Macías, que en general suele gravitar en su propia órbita, tampoco se dejó intimidar. 

Qué hacer con un lavabo cuando estás en Badalona

En un momento, Esteban y yo vimos a unos cuantos rockers dirigirse a los lavabos. Se escucharon una serie de ruidos bastante ilustrativos y, poco después, los vimos salieron del lavabo cargados con pedazos del saneamiento –quiero pensar que lo que destrozaron fue un lavabo- para tener proyectiles contundentes que lanzar. Y eso  fue exactamente lo que hicieron a continuación. A Macías le alcanzó un trozo de cerámica en la ceja y la sangre comenzó a gotear sobre el teclado. En ese momento estaban tocando su adaptación de Shot by both sides de Magazine, y creo que nunca les vi tocarla con tanta adrenalina. Cuando Macías comenzó a sangrar, un miembro de seguridad se acercó para preguntarle si estaba bien. José Luis contestó que sí. Lo que ocurrió a continuación lo cuento tal como me lo contó Macías: “El de seguridad tomó carrerilla y saltó sobre el tío que al parecer me había tirado un trozo de lavabo y le dio de hostias de tal manera que hasta me supo mal y todo”. Glamour llevaron a cabo su concierto tal como estaba previsto. Recibieron un merecido aplauso y se marcharon por donde habían venido. A continuación salieron Stray Cats, que debían haber estado flipando en colores. Ahora, mientras lo escribo, recuerdo que llegué a pensar que no saldríamos ilesos de aquel pabellón. La sangre no llegó al río, solo al teclados de Macías. Glamour demostraron con creces la clase de grupo que eran y vivieron una experiencia que les curtió. Eran otros tiempos, vale, pero acabo de acordarme cuando Blixa Bargeld me contó que los fans de U2 les lanzaban botellas llenas de meado a Einstürzende Neubauten cuando telonearon a  los irlandeses en su gira de 1991. El pasado no necesariamente supone que ciertas cosas hayan cambiado, me temo.

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