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Soleá Morente: "Si el trap y Camela causan tanto fervor, por algo será"

16/10/2018 - 

VALÈNCIA. Soleá Morente (Madrid, 1985) vive en un perpetuo estado de tránsito artístico, habita en el filo de los acantilados creativos. Es ahí, en la incertidumbre de lo inexplorado, en la indagación sonora y la experimentación donde la hija mediana de Enrique Morente y Aurora Carbonell encuentra su sentido, su razón de ser ante el micrófono y sobre el escenario. Tras el carrusel indie que fue su debut, Tendrá que haber un camino -poblado por nombres como La bien querida, Los Planetas, Lagartija Nick o Lori Meyers-, la intérprete podría haber continuado por una senda que se presagiaba halagüeña. Pero entonces no habría sido Soleá, sino un sucedáneo acomodaticio. Se imponía el cambio, la osadía llamaba a la puerta con determinación.

De esa pulsión por cabalgar nuevos rumbos nació el pasado mes de marzo su último trabajo, Ole Lorelei (El Volcán Música – Sony), un disco de ecos piscodélicos que huye de prejuicios, etiquetas y ortodoxias como si se tratara de los nuevos jinetes del Apocalipsis. Una apuesta rítmica en la que caben por igual pinceladas de Las Grecas, Jeanette, Camela, Jane Birkin, Ray Heredia y el propio Enrique, cuyo legado actúa como vigía en la trayectoria de la cantante. ¿Y por qué no había de ser así? Música sin ambages en el sentido más amplio y categórico del término. Un universo singular y personalísimo hilado con mimo por esta granadina de adopción en el que el fandango y las bulerías se hacen íntimos amigos de la electrónica y el pop. Los amantes del purismo no hallarán aquí la paz, quedan advertidos. El próximo 20 de octubre, Morente recalará en el Truenorayo Fest junto a Napoleón Solo, cuyo líder Alonso Díaz, ha ejercido las labores de producción del álbum. Aprovechamos su próximo paso por la ciudad para charlar con ella en una conversación en la que resurge, una y otra vez, la libertad como motor de su labor interpretativa.

-Ole Lorelei presenta un viraje de gran calado respecto a tu anterior trabajo. ¿Qué retos ha supuesto su creación?
-En cada proyecto uno va aprendiendo más, adquiriendo experiencia y conociendo cosas que antes no sabía. Por ejemplo, a la hora de cantar, este disco me ha aportado recursos vocales que antes no tenía. Una de las cuestiones más complejas ha sido la inclusión de momentos de cante jondo, que no aparecía en todo lo que había hecho anteriormente. Ha sido un giro bastante potente. Yo soy la misma persona, pero todos vamos evolucionando y cambiando. Eso sí, puedes ir hacia adelante o hacia atrás. En mi caso, estoy disfrutando de los cambios que siento en mi misma, pero también cuento con el bagaje de todo lo que había recorrido antes.

-En alguna ocasión has comentado que lo que más te gusta del trabajo musical es la investigación. ¿Por qué te atrae tanto?
-Es una inquietud natural que hay dentro de mí, que me lleva, tanto en la vida como en la obra, a estar buscando nuevos lugares. Me sucede también en el campo académico: ahora estoy haciendo un máster de investigación de estudios literarios. Es algo que está en mí, no lo puedo evitar. Mi trayectoria es como un viaje por los diferentes géneros y estilos, quizás en algún momento me quede a vivir en alguno de ellos, pero de momento me considero una persona libre y puedo permitirme hacer este tipo de travesías.

  

-Apostar por el riesgo ya forma parte de tus rasgos definitorios como artista, esa voluntad de descubrir qué nos tienen deparado los lugares desconocidos.
-Exactamente, considero que sin riesgo no hay creación. Me interesa ese vértigo que te pone las pilas, necesito esa adrenalina para trabajar. Me gusta no acomodarme, salir de mi zona de confort, evolucionar. Muchas veces emprendo el viaje y no sé hacia dónde voy a ir a parar, pero me gusta salir de dónde estoy.

-En tu caso, se puede decir que te sitúas en las antípodas del purismo. Tienes una visión muy poliédrica de la música.
-Sí, me gusta la libertad a la hora de expresarme. No estar delimitada por ciertos estereotipos establecidos o ciertas maneras de hacer las cosas. No creo en la moral establecida, creo más en la libertad. El sol, el aire, el agua, el arte, la literatura y el flamenco son de todos. Si no me siento libre, no me expreso bien.

-De hecho, el uso del auto-tune en una soléa como La misa que yo voy supone un guiño al trap, un género algo demonizado. ¿Se puede asumir como una declaración de intenciones ante los convencionalismos?
-Me apetecía probarlo, considero que es un efecto más, en este caso, ligado al trap. Así que es una forma de reivindicar este movimiento musical nuevo al que hay que prestarle atención. Como decíamos antes con Camela, si está causando tanto fervor, por algo será. El artista tiene la obligación de prestar atención a lo que está ocurriendo a su alrededor y luego decidir por dónde tirar. Estar actualizado es muy importante. Dentro del trap hay artistas geniales como Yung Beef, en Granada se están haciendo cosas muy interesantes en este campo. 

-El disco plantea una reivindicación de la música popular de otras épocas, como Los Chichos. ¿Crees que son sonidos que han estado menospreciados hasta ahora, es necesario recuperarlos y darles un nuevo espacio?
-Para mí ese flamenco de los 70 y 80 constituye una parte muy importante de mi cultura musical y creo que ahora están volviendo a ponerse de moda, es algo casi vintage. Incluso Camela, de hecho, 'Baila conmigo' tiene lo que yo llamo ‘tintes camelianos’. Hace unos días les estuve viendo en Oviedo y aluciné con la cantidad de público que tenían.

-Precisamente Camela ha sido un grupo muy maltratado por determinados circuitos culturales…
-A mí me gusta mucho lo que hacen, son la reivindicación de un sector de la población que se sienten identificados con ellos, son la música del pueblo. Si les gustan a tanta gente por algo será, ¿no? Eso para mí tiene mucho más valor que cualquier tipo de clasismo o etiqueta, que al final son juicios perecederos.


-Hace unos años comentabas que el flamenco estaba viviendo una catarsis. ¿Cuál es tu percepción actual?
-Ahora la creación, en general, está viviendo un momento fantástico. Son tiempos convulsos, se palpa el sentimiento de revolución, la gente se está rebelando y está habiendo manifestaciones artísticas muy relevantes. Y creo que el flamenco es uno de los sectores donde más se está haciendo esa revolución.

-Siguiendo esa línea, ¿qué opinas de las críticas tan furibundas que ha recibido Rosalía, una artista  englobada en esa renovación del flamenco?
-Bueno, creo que está haciendo un trabajo fantástico, muy interesante y está marcando una línea a favor del desarrollo del flamenco. No sé lo que pensará ella de las críticas, pero yo le apoyo en todo, lo está haciendo muy bien.

-¿Cuánto hay de posicionamiento generacional en tu trabajo, de manifestar que tus coetáneos cantan desde un lugar concreto?
-Es que todo artista debe posicionarse según la época en la que le ha tocado vivir. Nuestra labor es contar lo que está pasando con la información que tenemos en cada momento. También reivindico el canto antiguo tradicional, le canto a Manuel Vallejo, a Fernanda de Utrera, a mi padre, que siempre está en mi música…Diría que revindico ambos: el pasado y el presente.

-Se trata de ese ‘traducir la tradición’ que tanto defiendes…
-Exactamente, ese es el concepto que me ayuda a explicarlo todo. Esa necesidad de contar que la tradición es muy importante, sin esos cimientos, sin esa base, no se puede llegar a ninguna parte. Pero también creo que es necesario actualizar, traducir todos esos conocimientos ancestrales que nos han enseñado para intentar hacerlos llegar tan lejos como podamos para que alcancen a más gente.

-A pesar de ello, la industria musical parece empeñada en etiquetar a los artistas, en meterlos en diminutos compartimentos estancos.
-Sí, parece que organizándolo así puede funcionar mejor, pero es algo contra lo que yo lucho día a día, porque no sé meterme en un determinado cajón. Yo tengo mi propio orden, o mi propio desorden, en el que me entiendo.


-¿Crees que has logrado hacerte un nombre propio como artista más allá de tu familia?
-Yo soy parte de mi familia y siempre lo seré. No pretendo otra cosa que no sea reivindicar la música de mi casa desde mi propio punto de vista. Eso te lleva a ir buscando tu camino. Me considero una embajadora de la casa Morente, igual que mis hermanos [Estrella y Kiki, mucho más ligados a la ortodoxia flamenca].

-Una de las banderas del festival Truenorayo es promover la presencia femenina no solamente sobre el escenario sino en todos los ámbitos del sector. ¿Qué relevancia le das a esta premisa?
-Creo que es imprescindible que surjan este tipo de propuestas enfocadas en la igualdad y en el papel de las mujeres. Lo necesitamos. Estamos viviendo un tiempo de cambios y cuanto más equipo hagamos y más ayuda mutua tengamos unos de otros, más fácil será construir una sociedad justa e igualitaria.

-Te has declarado amante de la literatura y la palabra escrita, ¿te ves como compositora única de tus canciones en el futuro o todavía prefieres que sea una responsabilidad compartida?
-Me gusta mucho el trabajo en equipo, lo necesito y lo disfruto. Cada vez me voy lanzando un poquito más, pero con muchísimo respeto. Ahí voy…Sí que en el próximo disco habrá alguna canción escrita pro mí de principio a fin…me da un poco de vértigo, pero me hace mucha ilusión adentrarme en esa aventura.

-¿Puedes darnos alguna pista sobre ese futuro trabajo?
-Habrá un poco de volantazo. No puedo decir mucho más. Estoy creándolo ahora mismo y todavía queda bastante para que sea una realidad. Es otro viaje distinto.



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