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MUJERES ILUSTRES DE LA COMUNITAT

Sor Isabel de Villena, primera escritora en valenciano

10/10/2018 - 

VALÈNCIA. Elionor Manuel de Villena, más conocida como sor Isabel de Villena, nació en València en el año 1430. Era hija del ilustre Enric de Villena, un traductor y escritor que era conocido como El Nigromante y cultivó con enorme esmero disciplinas como la astronomía, la medicina o la teología. A él se le atribuye El tratado de la astrología –encontrado después de un incendio en el siglo XIX por Manuel Serrano Sanz, amigo íntimo de Menéndez y Pelayo-, cuyas páginas pueden encontrarse todavía en la Biblioteca Nacional de España y cuya publicación en 2015 supuso una nueva puesta en marcha de su vigencia.

Tal y como apuntaba el historiador medievalista Vicent Baydal en este mismo medio hace más de cuatro años, las mujeres han sido las grandes invisibles de la historia de València:

En definitiva, la mujer ha sido invisibilizada en la Historia, no sólo porque durante siglos ha vivido en desigualdad en un entorno que la consideraba sujeta e inferior al hombre en el terreno político, social, económico y cultural, sino también porque los que se han dedicado a construir los relatos históricos han sido, igualmente, los hombres, que hemos "olvidado" analizar la aportación femenina al desarrollo común.

Una de esas mujeres fue Isabel de Villena que, a día de hoy, sigue siendo un estandarte de la cultura en valenciano gracias a su obra maestra, Vita Christi, en la que reflexiona a propósito de la vida de Jesús con las mujeres. Pero vayamos a su infancia antes de comentar su fructífera trayectoria. Isabel se quedó huérfana de madre muy pequeña y fue la reina María de Castilla, la esposa de Alfonso el Magnánimo, la que le educó en el Palacio Real de València.

Con apenas 15 años ingresó en el Monasterio de la Santísima Trinidad en el que vivían las religiosas franciscanas clarisas. Allí toma los hábitos y adopta el nombre de sor Isabel de Villena, nombre con el que casi 20 años después se convertiría en abadesa. Su obra Vita Christi es uno de los testimonios más importantes de la literatura del siglo XV. Sor Isabel murió en 1490 a causa de la peste que arrasó València. Siete años después, la sucesora de sor Isabel, la abadesa Aldonça de Montsoriu, entregó el manuscrito a la imprenta de Lope de Roca. Hemos de recordar que, a finales del siglo XV, València era considerada el primer centro editorial de España. Impresores llegados de todos los lugares de Europa –Juan Mey, Nicolás Spindeler, Juan Rosenbach, Pedro Hagenbach, Leonardo Hutz, etc.- hicieron de València una ciudad en la que convivieron todo tipo de talentos. Isabel de Villena mostró siempre una predilección hacia el mundo de las letras y mantuvo una relación muy estrecha con los autores coetáneos: desde Miquel Peres hasta Bernat Fenollar o Pere Martínez. Vita Christi alcanzó más éxito que el Tirant lo Blanc e Isabel se convirtió en la la primera escritora en valenciano. Su objetivo no era otro que educar a sus monjas en la contemplación. La obra de Villena contiene una defensa a ultranza de la mujer, prestando atención al protagonismo que determinadas mujeres tuvieron en la vida de Jesús.

Y el propio Salamó, inspirado por mí, temiendo que los hombres os fueran desconocedores y se apartasen de la devoción vuestra, les dice: Qui fugit matrem ignominiosus erit et infelix; esto es: quien se aparta y huye de la madre suya, éste tal estará, entre las gentes, lleno de mucha miseria y confusión.

Vita Christi defiende la dignidad y potencia de las mujeres frente a la misoginia recalcitrante de la época.

[...] Y quienes de las mujeres despotricarán caerán en mi ira, porque pensar pueden que mi madre es mujer que ha merecido a todas vuestras hijas gran corona, y les es una salvaguarda tan fuerte que nadie puede enojarlas sin a mí ofenderme mucho.

Tal y como apunta el profesor de la Universitat de València Vicente J. Escartí en su artículo titulado Sobre la voluntad didáctica en la obra de sor Isabel de Villena, ésta “se nos presenta como una abadesa atenta las necesidades de sus hermanas e hijas. Para ello les escribe, les lee, les ilustra con pinturas e, incluso, les predica, no escatimando en todos los recursos al alcance de su mano”. En este mismo artículo se recoge el especial énfasis que Villena dedicó a las mujeres de Jesús en dos planos bien diferenciados:

Las alegorías que aparecen aquí ya dejaban ver como Isabel de Villena iba a narrar la historia de Cristo y de su madre haciendo uso de dos niveles o ámbitos: el de la vida real –donde seguirá las Escrituras y el material que tiene a su disposición– y el del plano que podríamos denominar espiritual, donde la abadesa ideará –a partir también de materiales diversos, frecuentemente– escenas con largas conversaciones destinadas a fomentar la contemplación y la oración.

En la introducción al libro Protagonistes femenines a la "Vita Christi", publicado en Edicions de les Dones en 1987, Rosanna Cantavella apuntaba que pocas veces se puede encontrar en la literatura un caso como el del Vita Christi, gestado por tres mujeres:

La Vita Christi fue escrita por Isabel de Villena, abadesa, y dada a la imprenta por su sucesora, Aldonça de Montsoriu, atendiendo a la solicitud de Isabel la Católica, y las destinatarias más inmediatas de la misma eran las religiosas de su convento. La obra se ocupa abundantemente de los personajes femeninos del Evangelio, y defiende abiertamente la superioridad moral de la mujer sobre el hombre.

¿Es posible rastrear atributos feministas en la Edad Media? Resulta complicado afirmar algo así en una época en la que las mujeres eran consideradas seres inferiores y, en ocasiones, demoníacos. Por ello resulta tan interesante la obra de sor Isabel de Villena que habla de mujeres extraordinarias – la Virgen María y María Magdalena esencialmente- para que sean leídas por sus compañeras de convento que se convirtieron así en las primeras lectoras de un libro que después sería universal y cuyo estilo, elegante y dulce, sigue conquistando cinco siglos después.


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