Teatro y danza

TENDENCIAS ESCÉNICAS

Arden culmina una tetralogía que conecta los horrores del siglo XX con el auge actual de la ultraderecha

La Sala Russafa acoge el estreno de Epílogo, una pieza que recorre la migración forzada de una familia de España y Polonia a Argentina, Israel y Estados Unidos

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Chema Cardeña ha estado en un ay hasta el 21 de abril. Del apego a la realidad de su último texto, Epílogo, dependía que el imprevisible, voluble y harto dañino presidente de Estados Unidos no hiciera saltar por los aires, más de lo que ya lo viene haciendo, la realidad sociopolítica actual. El remate de Arden Producciones a su Trilogía de la Memoria, un proyecto que abarca las propuestas Shakespeare en Berlín (2016), La invasión de los bárbaros (2019) y El perfume del tiempo (2022), es un montaje que abarca un siglo, desde 1939 hasta el 21 del mes de abril pasado, y Donald Trump podía forzar la reescritura de la propuesta.

Por suerte para el dramaturgo y director de escena y, por supuesto, para el resto de la humanidad, la obra que del 14 al 31 de mayo está programada en la Sala Russafa no recoge más tragedia de la ya sostenida estas últimas semanas. 

“Afectaba completamente al final de la obra y a lo que tenían que decir los actores, con lo cual hasta última hora estuvimos preocupados por lo que se le ocurriera al naranjito", comparte el creador de esta ambiciosa pieza que acompaña a cuatro generaciones de una misma familia en su periplo por medio mundo.

El elenco está integrado por dos únicos actores, Iria Márquez y Juan Carlos Garés, quienes van transformándose en diversos personajes anónimos de diferentes edades. Su primera encarnación es la de una pareja de polaca y español; a continuación, asumen los roles de su hijo y de su nuera, ya asentados en Argentina, pero que emigrarán a Israel; y por último, los de la nieta, el nieto y el bisnieto de aquella primera generación, que se instalan en Estados Unidos. 

“El cambio de vestuario es mínimo: una chaqueta, un abrigo… Cada protagonista tiene una prenda que lo identifica y van transitando hasta llegar a 2026 de manera sutil”, apunta Cardeña.

El viaje de este clan arranca con el golpe de Estado en España en 1936, salta a la invasión alemana de Polonia, de ahí al golpe de Estado de 1976 en Argentina, y a continuación, vuelve a cambiar de continente para contextualizar la trama en la primera intifada, la guerra de Gaza a continuación, el conflicto bélico desatado en Irán. Siempre, desde el punto de vista de las víctimas. Pero también de los verdugos, porque en la obra, como en la vida, los roles de opresores y oprimidos se alternan.

Un tributo a dos madres centenarias

El denominador común de todos los miembros de esta familia de ficción es la migración, un tema clave para su creador: “La obra habla constantemente de a dónde ir, de a dónde escapar cuando la situación se va saturando. La gente tiene identificado la marcha con una vida mejor, sin tener en cuenta lo que supone dejar tu país y todo lo que conoces. Nos lo venden como una aventura”.

Epílogo es un homenaje, en último término, a Lea Zajac, una mujer polaca que sobrevivió a Auschwitz y emigró a Argentina, donde uno de sus hijos fue secuestrado por la dictadura y liberado con vida gracias a su incansable búsqueda.

El dramaturgo supo de su existencia cuando se estaba documentando para Shakespeare en Berlín. La superviviente cumple este próximo diciembre 100 años, como la madre del director de escena, que alcanzó el siglo este pasado 21 de abril, la fecha en la que termina la historia de esta obra.

Resignificando que es gerundio

La simiente de la primera obra de la Trilogía cayó, por desgracia, en terreno fértil para las posteriores. Su intención era hacer memoria, pero durante los seis años y medio de gira de Shakespeare en Berlín, el mundo dio un golpe de timón ideológico. Su intención había sido servir como recordatorio, pero las palabras escritas en cada uno de los textos que su compañía iba representando se medían tú a tú con el presente. 

“Ha dejado de ser recuerdo para convertirse en testificación -lamenta su artífice-. Todo lo que ha pasado esta última década me ha puesto un poco patas arriba, porque siempre tengo la sensación de que lo que hago es insuficiente, ya que opino que mi propósito como creador no solo es crear y entretener, sino que también busco una comunión con el público pero para que podamos reflexionar juntos, yo desde el escenario y ellos desde abajo”.

Un personaje de aquella primera obra en torno al nazismo de los años treinta verbalizaba una frase que se ha revelado tan cándida en aquella Alemania prebélica como en nuestra actualidad: “No os preocupéis, solo son unos cuantos radicales”. 

El auge global de la ultraderecha y la naturaleza de su crecimiento en nuestro país, como un brote enraizado en nuestro pasado dictatorial y reaccionario, lo llevaron a convertir en tetralogía aquel trío inicial de espectáculos que arrancaban con el nazismo, proseguían con el fascismo en España y finalizaban el año 1983, con la dictadura de Videla en Argentina. Lo ya escrito y representado no bastaba.

“Es imposible practicar la memoria como reparación en España, porque hemos vivido un pequeño bache en el tiempo en el que siempre que se hablaba del tema había un sentimiento de culpabilidad por parte de unos y otro muy grande de injusticia por parte de otros. El resultado es que ahora estamos otra vez exactamente igual”, se frustra Chema Cardeña. 

Con el apéndice de su trilogía todavía no estrenado, el creador ya está pensando en nuevos proyectos. Baraja dos opciones, que traten sobre la manipulación de la comunicación o que aborden la falta de justicia, “los dos remos que nos están llevado hacia la deriva que vivimos”.

El último escándalo de la judicatura que le ha hecho preocuparse ha sido la absolución de Pilar Baselga, acusada de injurias y calumnias por la mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez. 

“La justicia ha de ser para todos y, sobre todo, ciega. Pero no solo es el hecho de que los tribunales no amonesten a los medios de comunicación por los bulos diseminados -advierte Cardeña-, es la repetición, los mantras que se van creando y que llevan a la gente a entrar en ese bucle que es como las orejeras del burro que no dejan ver absolutamente nada”.

El dramaturgo emplea el término goebbelización para referirse a la actualización de las técnicas de propaganda y manipulación mediática puestas en práctica por el ministro de Ilustración Pública y Propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels. Como ejemplo reciente cita las similitudes entre la contaminación de raza de los adeptos a Hitler y la prioridad nacional impulsado este último mes por Vox. No hay originalidad en el invento, es el fascismo de siempre con nuevo corte y confección.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo

10 Sentidos propone danza palestina como un manifiesto contemporáneo de pertenencia y libertad