Bob Pop: "'De cuerpo presente' no es una exhibición de la decadencia, sino de la imposibilidad de prever lo que nos va a pasar"

Teatro y danza

Dentro de su ciclo Escèniques Cuir, la sala Carme Teatre acogerá hoy y mañana 18 de septiembre el espectáculo De cuerpo presente, que reúne la escritura y la interpretación del escritor y comunicador madrileño con la danza contemporánea de Miquel Barcelona y el bailarín Martí Güell

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VALÈNCIA. Cuando Roberto Enríquez (Madrid, 1971) recibió el diagnóstico de esclerosis múltiple en 1998, sus poemas se llenaron de oscuras premoniciones ante la idea de que la batuta de su futuro estuviese en manos de una enfermedad degenerativa. Veintisiete años después, el escritor y comunicador madrileño -conocido popularmente como Bob Pop- se dirige a aquel Roberto joven y aterido por el miedo desde un lugar diferente. El futuro ha llegado, y el dolor, la discapacidad y la dependencia forman parte de su vida cotidiana. Sin embargo, la angustia antigua ha dado paso a otro tipo de sentimientos y reflexiones; a otro tipo de poemas, más luminosos, con los que Bob Pop se responde a sí mismo. El resultado de ese diálogo intertemporal es el poemario De cuerpo presente (La Uña Rota, 2025), cuya versión escénica se representará hoy y mañana en la sala Carme Teatre, dentro del Ciclo Escèniques Cuir. En esta pieza de la compañía de Miquel Barcelona, en la que texto, danza contemporánea y música en directo van de la mano, Roberto comparte escenario con el bailarín Martí Güell y el guitarrista Salvador Blanch.

“Hemos querido jugar y crear una especie de baile del tiempo y de la intemperie. Con mi cuerpo en el suelo, sin apenas movimiento, tan solo con el movimiento que me coreografía el dolor. Hemos creado un espectáculo de danza imposible, y al mismo tiempo un monólogo poético donde se combina la lectura de poemas, una reflexión sobre el lugar desde el que vengo y el lugar en el que estoy. Todo desde un escenario en el que, como en la vida real, necesito estar acompañado por personas que me ayuden a expresar quién soy”, nos comenta el autor unos días antes del estreno de la obra en Valencia.

- Aunque el núcleo de la pieza son tus poemas y reflexiones, subrayas la idea de que esta es una obra comunitaria. ¿En qué sentido?

- Ahora mismo necesito siempre la asistencia de alguien, de modo que si estuviese solo en el escenario estaría arrebatando a la pieza la verdad que yo quiero contar. Y además me apetecía que este proceso de trabajo fuera con personas que trabajan desde otros lugares. No solo están presentes por una cuestión de acompañamiento o de asistencia, sino también de acogida. La idea es trazar líneas de afecto en el escenario que se contagien al público. 

- Escribes sobre la fragilidad y la vulnerabilidad desde el punto de vista que te da la experiencia de una enfermedad muy específica, pero el proceso de decadencia física es común a todas las personas. ¿Es en ese sentido también un relato con vocación colectiva?

- Sí, por eso este espectáculo no es una exhibición de la decadencia, sino de la imposibilidad de prever lo que nos va a pasar en el futuro. Durante la pandemia pensábamos que habíamos aceptado la incertidumbre en nuestras vidas, pero lo hemos vuelto a olvidar.

- En ese diálogo que propones, ¿qué tipo de sentimientos afloran entre el Roberto de 27 años y el actual? ¿Cómo se llevan uno con el otro? 

- En los poemas del presente hay una pérdida del temor a qué podrá pasar, cómo acabaré, etc. Es la respuesta, 27 años después, de alguien que ya está en ese sitio que temía, y resulta que no era para tanto. Aunque la enfermedad no nos dé nada bueno, es cierto que le ha brindado un lugar de privilegio a alguien como yo, que mira la vida para escribirla. No creo que la enfermedad sea una condición, sino un espacio que ocupar. 

- Podrías hablar de los mismos temas desde la ficción, a través de personajes, ¿por qué para ti es más importante hacerlo en primera persona desde el territorio de la autoficción? 

- Porque me parece lo más verosímil; lo más honesto y creíble. Además, yo solo sé hacer de mí. Es mi forma de contarme lo que me pasa y de rebelarme frente a una enfermedad que me impide de alguna manera ejercer mi profesión. Mi forma de rebelarme es adaptarme a ella. Y además tengo, no sé si la obsesión, pero sí la querencia, de hacer de cada libro mío un evento colectivo, físico, multilateral. Quiero que mis libros se compartan, que estén vivos. Tengo la sensación de que hay que salir del encierro y de que solo en comunidad y mirándonos cara a cara podremos hacer la vida soportable. Los libros están muy bien como momento de aislamiento, de hecho me parece el único momento offline que nos permite ahora la vida, pero también está muy bien compartirlos de forma analógica, con un público mayor. 

- ¿Cómo habéis integrado tus movimientos y los del bailarín dentro de la pieza?

- Mi cuerpo bailarín es un cuerpo que hace lo que puede en cada momento. Es un cuerpo que no puede ensayar; es decir, puedo ensayar movimientos, pero luego no los puedo replicar, porque es mi cuerpo quien manda con sus limitaciones. Eso es algo que me encanta de cada función, es decir, que no sé hasta dónde voy a poder moverme, hasta dónde voy a poder llegar, ni qué ejercicios voy a poder hacer, y eso también marca la propia trayectoria del bailarín y del músico, porque tienen que adaptarse también a dónde yo puedo llegar. Y ojo porque esto no significa que cada vez llegue a menos. La enfermedad es irregular; hay días que va a más, y días que va a menos. Digamos que esta es una pieza con un gran componente de improvisación inevitable.

- ¿Qué papel juega el humor en esta metabolización intelectual y poética de la enfermedad?

- Es fundamental. Para mí el humor no es tanto distanciamiento irónico como una forma de entender las cosas. El humor tiene algo de pensamiento lateral que me ayuda muchísimo a comprender. Además de escribir soy profe de escritura, y a mis alumnas, que suelen ser mujeres la mayoría, siempre les digo lo contrario de lo que te dicen en los cursos, eso de escribir solo de lo que sabes. Yo les digo que escriban sobre lo que quieran saber. Y yo uso el humor para eso, para averiguar lo que quiero saber. Es una vía mucho más original y divertida para mostrarme la verdad. Por otra parte, el humor hace que de cara al público no sea todo tan árido. No le puedo dar al público una hora de atención sobre la pena. Hay que tener un poquito de piedad. ¡Si no lo aguanto yo, no lo van a aguantar ellos!

- ¿Echas en falta en el panorama escénico que haya más piezas escritas, dirigidas e interpretadas por personas que tienen algún tipo de dependencia? 

- He visto magníficos espectáculos hechos por personas con distintos tipos de discapacidad. También he visto espectáculos lamentables y de autosuperación personal que me han dado ganas de quemar el escenario. Pero por encima de todo eso, lo que veo es una clara falta de oportunidades para que las personas con discapacidad podamos hablar de nuestras cosas, con nuestra propia voz. Yo siempre insisto que vengo desde el privilegio: llegué al teatro desde la tele, y desde un punto de discapacidad que va subiendo. Aún así, me enfrento a lo difícil que es que las empresas e instituciones culturales entiendan que no basta con que un espacio teatral esté adaptado a espectadores y espectadoras con discapacidad, sino que también podemos ser intérpretes. Parece muy manido el asunto de los referentes, pero en ese caso sí que son muy importantes. Si tú como persona discapacitada has visto a un diputado en silla de ruedas que nunca ha podido ocupar su escaño en todos los años que ha estado en el Congreso, porque nadie se ha molestado en adaptar eso, o si no ves a personas con discapacidad encima de un escenario, entonces no te planteas eso como posibilidad. Y yo creo que una de las principales obligaciones del arte y la cultura consiste precisamente en abrir espacios de posibilidad. 

- Aseguras que la silla de ruedas y la dependencia no dejan de ser un lugar privilegiado desde el que observar y pensar. ¿También te protege frente al ritmo vertiginoso de los tiempos? 

- Sí y no. Yo también tengo esta sensación de que si no hago nada, no existo. Es algo que me encantaría quitarme de encima, pero es muy difícil. Con lo cual, digamos que estoy menos sometido a ese traqueteo de la vida frenética, pero no dejo de estar dentro de esta manía turbocapitalista de seguir produciendo. Además en mí se junta un oxímoron de ser dependiente y autónomo (ríe). En 2027 publicaré una nueva novela y estrenaré una nueva pieza teatral. También tengo un proyecto de pelo y una miniserie que ojalá salgan adelante.

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