Teatro y danza

CONVERSACIONES CULTURPLAZA

Carles Castillo: “El humor, por muy fuerte que sea, no tiene nada que ver con la agresividad ni con la falta de respeto”

El veterano y respetado actor, improvisador, mimo y director de escena se retira de los escenarios con el montaje 'Hoy no estrenamos' en la Sala Russafa

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Cuando Carles Castillo (València, 1959) era cantante del grupo de nova cançó Sota terra, allá por el 81 o el 82, tenía entre sus referentes a Ovidi Montllor y a Lluís Llach. Quería recitar y entonar como ellos. Ahora que se acerca su despedida de los escenarios, asentada su carrera como actor, mimo, improvisador y director de escena, toma del de Alcoi una estrofa de su canción Les meves vacances: “Tot ben senzill. i ben alegre”. El artista todoterreno se retira sin dramas, con todo bien atado. Del 19 de febrero al 15 de marzo, comparte en la Sala Russafa el protagonismo de la obra de Imprebís Hoy no estrenamos, con su tocayo y largo tiempo compañero de viaje Carles Montoliu en un montaje que, no por casualidad, es una declaración de amor al teatro.

- ¿Cómo acaba un cantante de la nova cançó convirtiéndose en mimo si implica expresarse sin palabras?
- Lo que pasa es que empecé a alternar la música con el trabajo como actor y una cosa me fue llevando a la otra: de mimo a actor de teatro, luego de cine y televisión, y finalmente, gracias a la conjunción de todas esas cosas, jugando, jugando han pasado bastantes añitos.

- Como has enumerado, eres improvisador, mimo, actor y director. ¿De qué porcentajes se compone tu personalidad escénica?
- Pues soy mimo, actor y director improvisadamente. La verdad que me considero de todo, pero como diría Nacha Guevara, hago de todo, pero todo lo hago mal.

- Tu trayectoria y el éxito nacional e internacional de tus proyectos me lleva a diferir de esa afirmación.
- Con esa frase quiero decir que cuando estoy dirigiendo es algo muy concreto que no tiene nada que ver con el mimo y con la interpretación, igual que no es parecido cuando haces teatro o televisión. En sí tienen relación, porque una cosa alimenta la otra, pero cuando estás haciendo mimo, el trabajo corporal y gestual es mucho más grande. Cada momento tiene sus cositas.

- Entre tus referentes has citado a Ovidi Montllor y a Lluís Llach, ¿no te has mirado en ningún mimo?
- Tuve la oportunidad de conocer a Jacques Lecoq y de trabajar con él, pero a mí me impactó muchísimo más Dimitri por su delicadeza y su gestualidad. Hasta que fui a parar a Imprebís. Los espectáculos de improvisación han sido uno de los regalos más importantes de mi vida. Marcaron mucho mi trayectoria como actor. Y no solo en lo que se refiere a actuar, también a producir. Esa adrenalina se la debo a todo el equipo, desde Santiago Sánchez hasta Carles Montoliú y Michel López. Me han alimentado mucho, tanto profesional como emocionalmente. 

- ¿Y cuál es el secreto de vuestras bodas de plata?
- Bueno, es que es un lujo trabajar con Carles Montoliu y con Santiago Sánchez. Son más de 25 años encima de los escenarios y seguimos a pesar de nuestras diferencias, porque a uno le pueden gustar más los macarrones que la paella, pero al final la fruta nos la comemos todos juntos. Conozco pocas compañías en España que lleven nuestra trayectoria nacional e internacional. 

Afortunadamente, lo que ha estado siempre por encima ha sido el respeto a la opinión del otro. Porque nuestro trabajo no se limita a estar encima del escenario, sino que también son muchos kilómetros de carretera, muchos hoteles, muchas horas de ensayos… Siempre hemos intentado llegar a acuerdos. Y eso culmina encima del teatro, pero antes hay mucho trabajo de convivencia. “¿Y si paramos aquí?” “Ay, es que se hará muy tarde”. “Es que quiero ir al baño”. “Pero si has ido al baño hace media hora”. “Es que tengo prisa”. “Pues no tengas tanta prisa”. Basado en hechos reales (risas). Somos una familia bien allegada, con mucho respeto, como te decía.

  • -

- ¿Qué hay de ti: te sabes referente para una nueva generación?
- Igual que para mí hay gente que me sirve como punto de referencia, es bonito sentir que tú eres una referencia para los demás. Es un placer. Mucha gente me dice que desde que me han conocido, también han querido dedicarse al mismo y a la actuación. Cuando ven una de mis improvisaciones o de mis trabajos de mimo, dicen: "Pero de esto se puede vivir. Yo quiero ser como tú, y viajar y trabajar por todo el mundo”. A lo que yo siempre les digo que yo no he trabajado nunca, porque siempre he hecho lo que me ha gustado. 

- ¿Cómo definirías tu personalidad de clown
- Te permite el lujo de trabajar el personaje mucho más a fondo. Cuando tú estás haciendo un clown, el personaje te permite un lenguaje, unos gestos y actitudes que de otra manera quizá podían quedar agresivos, ya que el humor, por muy fuerte que sea, no tiene nada que ver con la agresividad ni la falta de respeto.

- Después de tantísimos años en Imprebís. ¿Sigues temiendo quedarte en blanco en una improvisación?
- Eso forma parte del trabajo y quiere decir que no hay nada preparado. Cuando te quedas en blanco, te preguntas: “y ahora, ¿hacia dónde voy?” Pero gracias al trabajo de construcción, a nuestra técnica, enseguida sales tú mismo de la situación o tiras adelante con ayuda de tus compañeros. El público ha llegado a darse cuenta de que alguna vez nos hemos quedado con una mano delante y la otra detrás, pero así verifican mucho más que todo es improvisado. Rápidamente respiramos, nos miramos y salimos. Como yo digo, sonríes, te quitas el reloj y todo está bien. Y disimulas, disimulas. De hecho, para nosotros hay algo muy importante, fallo no hay, porque no está preparado. Si acaso, es un fallo creativo. 

- A ese respecto, ¿cómo fueron los comienzos, abrazaste la idea de un espectáculo a partir de improvisaciones o pensaste que era un salto donde el agua iba a estar muy fría?
- Pues gracias a mi inconsciencia e inocencia, que espero no haber perdido de todo, he podido hacer muchas cosas. Si quizás lo hubiera pensado más, lo hubiera hecho más intelectual y hubiera dudado de mí. Pero al ser libre mentalmente y a que mi familia y mis compañeros me han ayudado, he podido hacer todo lo que me ha apetecido en la vida tanto en el teatro como en el cine, la radio y la televisión. La verdad es que es un orgullo muy grande. Yo no tomé la decisión de bajar una persiana y abrir otra, sino que una iba llevando a la otra, y finalmente, por fortuna, la del teatro es la que más abierta se ha quedado.

- ¿Qué peso has tenido tú en que tu última función sea, precisamente, una declaración de amor al teatro?
- Es un regalo y una satisfacción. Esta despedida no me la tomo como un drama, sino como una etapa de mi vida. He tenido la suerte de haberme dedicado a esto muchos años. De momento me bajo del escenario, necesito respirar un poquito para hacer otras cosas a nivel personal. Si surge algo, hay energía y puedo, no digo que no pueda volver al escenario, pero de momento tengo que aprender a decir sí y a decir no y y hacer caso de lo que me pide el alma. Y en este caso, el alma y el corazón se han puesto de acuerdo, lo cual no es muy frecuente en mí, y han dicho, "Castillo, igual tienes que bajar un poquito el ritmo”.

  • -

- En Hoy no estrenamos interpretáis entre Montoliu y tú un total de 12 personajes, ¿es tu canto de cisne?
- Sí, sí, son seis personajes muy diferentes y cambio de uno al otro en la manera de caminar, de hablar y de moverme solo con un objeto. Ha sido un reto muy grande, el mayor hasta el momento.

- ¿Qué va a ser ahora de Carles Montoliu?
- No lo sé, igual hace un minuto de silencio. Supongo que ellos como compañía o a nivel personal harán otros proyectos y yo estaré ahí, porque les puedo ayudar de alguna manera en algún momento. Yo no desaparezco, al menos en lo que a amistad se refiere. La gira se ha ido planteando muy bien para ir menguando y no dejarlos colgados, porque no se lo merecen, evidentemente. Además uno no es imprescindible.

- Pero todos somos únicos.
- No, siempre hay una buena fotocopia en color. Yo me lo tomo así, porque, sin querer, mucha gente provoca que sea dramático. “¿Y ahora qué vas a hacer?””¿Y qué van a hacer ellos?” No pasa res, no pasa res… 

- Te vuelves a la cueva, entonces…¿A qué te ha ayudado la espeleología para desarrollar tu profesión?
- A mí la oscuridad me ilumina mucho las emociones y el pensamiento. Tanto el salto en paracaídas, como la caminata y las ascensiones a la montaña han sido un respiradero, un ventilador, un extractor de aire que me ha ayudado mucho a a vivir. La naturaleza es lo que más me gusta. Otra cosa es cuando nos dice estoy aquí y hay riadas, vendavales y terremotos.

- Has publicado varios libros, El grito del gesto, El arte de crear el momento y Castilladas. ¿Escribes porque eso perdura?
- Sí, escribo porque me digo que lo poco que sé está bien compartirlo, porque a alguien seguramente le servirá, le gustará o podrá servirle para encender la chimenea. 

- ¿De cuál de tus hitos profesionales estás más orgulloso?
- Con la iniciativa Improasistencia con la que animábamos con humor a los enfermos de los hospitales. Íbamos sobre todo a la Fe y al IVO. No me gusta usar la palabra terminal para referirme a ellos. Terminal es la estación de autobuses y de trenes, las personas no son terminales, simplemente se acercan a un final. De momento, la vida ya no me da  tiempo para más. Cuando vuelva a nacer, seré fallero y de la Falla Na Jordana, pero de momento voy a paralizar todas las actividades y como diría Mercedes Sosa en la canción para mí más bonita: “Solo se trata de vivir”.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo