Cultura

CRÍTICA TEATRAL

'El aguante': desmontando a Chéjov

  • El aguante, del IVC
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ALICANTE. «Ahora, Kostia, creo saber que lo verdaderamente importante en nuestras profesiones, tanto cuando se escribe como cuando se interpreta, no es la gloria, ni el brillar, ni todas esas cosas con las que yo soñaba…, sino el aprender a soportar el sufrimiento». Esta es la reflexión del personaje de Nina —uno de los caracteres que habitan en La gaviota de Chéjov— al término de la obra original, cuando después de dos años llenos de frustración laboral en el mundo de la interpretación, y tras haber sido abandonada por el escritor que le abrió la puerta a este paraíso envenenado, llega a la conclusión de que por su vocación su vida será, en esencia, un eterno sufrimiento que aprenderá a soportar con el tiempo.

El aguante, una producción del Institut Valencià de Cultura, trae a las tablas de los escenarios una obra puramente chejoviana, que no pretende versionar La gaviota, sino trasladar su historia y sus personajes determinados al fracaso al contexto actual. Así, en una caseta de campo valenciana, Manu, el Trepliov de nuestra obra, ha reunido a un grupo de amigos y vecinos para realizar el montaje de su versión de la obra más reconocida del dramaturgo ruso. Del mismo modo que su correlato chejoviano, el protagonista es hijo de una actriz que desprecia de forma abierta su trabajo, y se enfrenta a ella alegando ser defensor de un nuevo teatro, que no entiende de centralismos, de profesionalidad, de imposturas, ni ficciones, sino de traer la realidad a las tablas, apartándose del teatro de evasión.

Víctor Sánchez Rodríguez, autor y director del montaje, traza de forma visible e ingeniosa, para el público conocedor de la pieza teatral rusa, las conexiones que enlazan a los personajes originales con sus nuevas caras actuales. Por ello, Lorena detesta, como Masha, las libertades que le ha arrebatado la maternidad, y Empar actúa, al igual que Sorin, como el personaje experimentado y sabio que se permite el lujo de opinar y aconsejar, aún cuando nadie quiere escuchar sus palabras, porque están cargadas de verdad. Todos los individuos de la pieza dramática parecen ignorar que repiten los mismos patrones de los personajes que interpretan en una obra que se actualiza con nuevas estéticas, espacios y nombres, donde el teatro pierde su idealismo y se transforma en una fuerza arrasadora que consume a quien aspira a vivir de él. En este sentido, El aguante lanza una dura crítica contra la realidad actoral que muchos jóvenes experimentan en su piel, marcada por el rechazo, la insatisfacción, la desilusión que van después de los románticos años de formación. Sin embargo, el asunto dramático no pone trabas al humor cínico que recorre la obra de principio a fin, y que funciona incluso como médula espinal del montaje.

  • El aguante, del IVC

La frescura que rezuma esta revisión de La gaviota de Chéjov se debe en gran parte al trabajo interpretativo de un elenco formado al completo por actrices y actores valencianos. Toni Agustí, Marta Belenguer, Manuel Canchal, Rocío Domenech, Empar Ferrer, Lorena López y Jorge Motos brillan por su versatilidad en una obra que tan pronto arranca la risa del espectador, como lo remueve por dentro a través de unos dilemas para los que cada personaje sigue sin poner solución, como si gustaran de revolcarse en el fango del fracaso vital.

Cabe destacar también el trabajo escenográfico que ha llevado a cabo Luis Crespo con gran acierto mediante la inserción de elementos propios de la obra de Chéjov, como ese teatrillo improvisado con unas tablas y dos cortinas que el lector de La gaviota visualiza al inicio de esta. Igualmente, Mireia Vila —diseñadora de vestuario— y Mingo Albir —diseñador de la iluminación— se encargan de trasladar estos elementos propios del original a un verano, como otro cualquiera, en una casa de campo rodeada de naranjos y teñida de la luz del atardecer.

El aguante, con su dura crítica hacia las condiciones actuales que sufre el gremio de actores nos convence, sin embargo, como dice Sorin en el primer acto de la obra original, que “no podemos prescindir del teatro”.

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