CASTELLÓ. El espectáculo 'Farra', una propuesta que mezcla teatro, circo y música en directo a partir de textos del Siglo de Oro y otros actuales, llega este viernes a la Universitat Jaume I para abrir la temporada de actividades culturales de este curso del Paranimf. La obra, coproducida con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, reivindica el teatro como un espacio de celebración y rompe con la idea de que las propuestas clásicas tienen que ser solemnes o aburridas.
Al frente de esta propuesta está Lucas Escobedo, director e integrante de un elenco de seis artistas multidisciplinares que lidera una función que recibió el Premio Max al mejor espectáculo musical el año pasado. Como él mismo detalla a Castellón Plaza, 'Farra' convierte la tradición del Siglo de Oro en una fiesta contemporánea y reivindica el valor de compartir el teatro en directo.
-¿Qué es 'Farra'?
-Es un espectáculo de teatro con circo y música en directo que se enmarca mayoritariamente en textos del Siglo de Oro, aunque también hay otros actuales. La trama gira en torno al tema de la celebración y el oficio de los cómicos.
-¿Cómo consigues que los tres lenguajes de los que hablas convivan encima del escenario?
-Por un lado, estudiando y viendo el teatro del Siglo de Oro comprobamos algo que ya pasaba en Italia con la Comedia del Arte, y es que muchas veces los actores eran multidisciplinares. No era raro que se supieran textos y poemas de memoria, pero es que también habían trabajado cuestiones corporales y de acrobacia. Podían saber de lucha escénica, cantar o tocar instrumentos, por ejemplo. Nos dimos cuenta de que había todo un universo que nos interesaba y que resonaba directamente en estos artistas polifacéticos. Nos marcamos un reto y apostamos por confeccionar un elenco de seis personas en escena, donde el teatro es el denominador común, la base de los seis, pero cada uno de nosotros tiene una segunda disciplina que puede ser el circo o la música. Buscamos que, coralmente, todos pudiéramos cantar, tener ritmo y oído musical. Así, el malabarista puede hacer los malabares metidos en tiempos musicales. Hemos trabajado muchísimo todos.

-¿Cómo diste con el elenco y cómo supiste qué papel era para cada uno de ellos?
-Tuve la suerte de que cuatro de las personas que iban a formar parte del proyecto, Paula Lloret, Alfonso Rodríguez, Raquel Molano y yo, habíamos trabajado juntos durante unos años con el espectáculo 'Paüra'. Éramos ya un equipo y nos conocíamos. Para mí, como director, eso ha sido muy positivo. Sabía por dónde podíamos caminar cada uno y por dónde explotar nuestras posibilidades, en el mejor de los sentidos. A Irene Coloma y a Jesús Irima, 'Xuspi', les hicimos una audición de cuatro días de trabajo en los que pasamos por muchas áreas. Fueron unas jornadas que nos permitieron conocer a la persona y ver si encajaba. Al mismo tiempo, ellos también vieron durante esos días el tipo de trabajo que les estábamos proponiendo, que no es el típico de una función teatral al uso. Así conseguimos sumar al proyecto a esas dos personas que soñábamos tener con nosotros, y fue maravilloso.
-Durante toda la función se escucha música en vivo. ¿Se compuso durante el proceso de creación de la propia función?
-Toda la música es de Raquel Molano, que es la directora musical y compositora. Hubo mucho trabajo previo porque, igual que el Siglo de Oro tiene muchos textos, también hay muchas músicas que son de la época, bien porque la melodía en sí lo es o por sus letras. Además, contamos con música tradicional y otras más actuales. Raquel hizo un trabajo muy arduo y profundo y llegó a la sala de ensayo con distintos materiales para que probáramos. Fuimos estudiando lo que nos traía hasta que finalmente dimos con lo que necesitábamos. Por ejemplo, hay un momento de creación actual y, cuando estábamos montando el espectáculo, tanto a ella como a mí nos pareció que lo ideal era escribir un homenaje a los autores del Siglo de Oro. Entonces Raquel empezó a componer una especie de chirigota del Carnaval de Cádiz dedicada a estos autores. No son, evidentemente, canciones tradicionales, pero sí narran hechos ocurridos en la vida de Lope de Vega, de Cervantes, de Góngora o de Quevedo, y es uno de los momentos fuertes del espectáculo.
-¿Cómo nace este proyecto, Lucas?
-'Farra' nace porque desde la Compañía Nacional de Teatro Clásico nos proponen hacer una coproducción con ellos. Nosotros llevábamos ya tiempo trabajando en teatro, circo y música en directo, pero en este caso tuvimos que añadir el ingrediente del Siglo de Oro. Aunque lo conocemos y lo hemos estudiado, en la compañía no habíamos trabajado nunca una producción con esos textos. Tuvimos claro desde el primer momento es que debíamos aprovechar la ocasión para reivindicar que lo clásico ni es serio ni es aburrido. Muchas veces tenemos que escuchar ese tipo de comentarios, pero es que no es así. El teatro clásico, al igual que la música clásica, no es serio per se. Como no es ni aburrido ni divertido por el hecho de tener esa etiqueta. Hay obras serias y otras que son comedias y son un fiestón. Las funciones pueden estar mejor hechas o peor hechas, pero no lo son de una manera u otra por ser clásicas.

-¿Y de ahí nace también la idea de convertir 'Farra' en una fiesta?
-Sí. De hecho, el teatro en el Siglo de Oro era eso, una fiesta. La gente se llevaba la comida y era el acontecimiento del día. En la función había partes donde todo eran cantos y danzas, y el público muchas veces conocía los hechos que se contaban y se implicaba más con la obra. Bajo esa premisa pensamos que había que hacer una ‘farra’. Cuando la gente llega al teatro tiene que venir a una fiesta. Nos dimos cuenta de que no solo el Siglo de Oro tiene que ser una fiesta. A día de hoy, el teatro es un acontecimiento y ha de ser un motivo de celebración, porque es un día que la gente ha comprado una entrada y se ha reservado para ir a ver una función. Pese a vivir en un momento dominado por las pantallas, tiene mérito que se junten 500 personas que no se conocen en una sala oscura a ver a alguien que va a contar algo que sabemos que es mentira. Eso es motivo para estar orgullosos y celebrarlo. Hay una frase que aparece en la obra y que me gusta mucho, que es: «Es que no hay nada que celebrar, hay que celebrarlo todo». Y de la farra y del teatro como fiesta nace la semilla que nos lleva a querer encontrar los motivos y los ratos para celebrar.
-'Farra' ganó el Premio Max 2025 al mejor espectáculo musical. ¿Qué supuso para la compañía recibir ese reconocimiento?
-Fue un apoyo enorme y un golpe de confianza. Esta obra es una propuesta muy coral, y no solo porque las seis personas que estamos en el escenario no descansamos en ningún momento. Hemos trabajado y creado desde la coralidad el vestuario, la escenografía y cualquier otra cosa reseñable; cada cual fue aportando en su área. Por tanto, el premio es al equipo y no a un actor o a una dirección. Sucedió también algo bonito, y es que para todos nosotros era la primera vez que ganábamos un Max, así que la emoción fue aún más especial. Tanto es así que todavía no se ha perdido.
-¿El Max tiene suficiente peso para animarte a seguir invirtiendo esfuerzo y dinero en proyectos complejos como este?
-Claro. Totalmente. La gira también nos da ánimos porque hay mucha gente que, después de ver el espectáculo, nos pregunta cuándo vamos a presentar el siguiente proyecto. Y eso es precioso. Yo les contesto que se necesitan ganas e ideas, y no sé si hay tiempo para todo, pero seguro que sí. En estos momentos estamos disfrutando mucho de la gira que, por suerte, está yendo muy bien.