Entrevista

Teatro y danza

Magüi Mira: "El prestigio de un premio no lo da la alfombra roja sino el proceso hasta llegar ahí"

La actriz y directora valenciana se pone al frente de Academia de Artes Escénicas de España tras imponerse en las primeras elecciones de la entidad cultural

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VALÈNCIA. La actriz y directora Magüi Mira (València, 1944) es, desde esta semana, la nueva presidenta de la Academia de Artes Escénicas de España. La valenciana toma el relevo de Cayetana Guillén Cuervo al frente de la joven entidad, de la que a su vez fue socia fundadora, tras haber recabado el apoyo de la mayoría de académicos en las que han supuesto las primeras elecciones celebradas en la entidad. 

La descentralización de la actividad, el impulso de un código de buenas prácticas o el cambio en los procesos de selección de cara a los premios Talía -publicitados como los Goya de las artes escénicas- son algunas de las propuestas que pone sobre la mesa la valenciana, que será la encargada de liderar lo que supone un cambio de rumbo para el organismo. 

Mira, que ha recibido reconocimientos como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes o el Premio Valle-Inclán, compaginará así su labor artística -que, insiste, no reducirá- para ser la voz a nivel estatal de un sector que tiene mucho que decir. 

- ¿Qué supone presidir la Academia de Artes Escénicas?

- Esto es un hecho histórico porque nunca nunca había habido elecciones en la Academia, es la primera vez que los en torno a 800 académicos -porque la cifra ha bajado en estos últimos momentos- hemos tenido la oportunidad de tener voz y voto, es decir, de decidir qué modelo queremos. Se pueden tener ideas radicalmente opuestas y hay que saber distinguir que no vamos contra las personas, vamos con que queremos otro modelo de academia. Nada más, no es una batalla. Somos una entidad muy joven y todavía no tenemos, por ejemplo, algo que tienen todas las entidades parecidas a la nuestra, un Código de Buenas Prácticas que enseña que cualquier socio o socia tiene derecho a preguntar y la Junta Directiva tiene obligación de contestar. En una entidad como la Academia de Artes Escénicas, si no hay debate, está muerta. 

- Precisamente uno de los puntos en los que ha insistido en es la configuración de ese Código Ético, ¿por qué es importante y qué debe reflejar?

- Es una manera de articular el respeto entre todos los miembros de la entidad. También incluye medidas contra el acoso laboral o sexual y regula cuestiones como la paridad. La vida académica no es el día de la gala. Entre gala y gala hay doce meses y la vida de la Academia tiene que existir cada día. Y un buen Código de Buenas Prácticas es clave para regularlo. 

- Por lo que dice, parece que esas buenas prácticas son mejorables.

-  Sí, tenemos que aprender. La maravilla es seguir avanzando y creciendo. Y, si nos equivocamos, asumir el error y reordenarlo. Es importante entender que una Junta Directiva no tiene un estatus superior de poder con respecto a los miembros de la Academia. Hay decisiones que tiene que tomar pero siempre comunicándolo, eso muchas veces no lo hemos hecho así. Ser la presidenta de la Academia no es ningún privilegio, es un honor al que tengo que responder con un trabajo honesto y generoso. 

  • -

- La he oído hablar de descentralización, ¿cómo se puede hacer efectiva?

- Es una cuestión que me importa muchísimo. La propia candidatura que presido está formada por un equipo intergeneracional y con presencia de miembros de casi todas las comunidades. Al final, el ámbito en el que se desarrolla nuestra Academia está en los estatutos: ámbito estatal. Y eso quiere decir Comunitat Valenciana, País Vasco, Galicia... Eso es prioritario. También son interesantes las relaciones internacionales, claro, pero siempre que tenga retorno para los académicos y académicas. Si no hay retorno no me interesa. 

Los Premios Talía son una de las ventanas mediáticas de la Academia, ¿qué cambios plantea?

- Nosotros queremos que en esos premios intervengan todos los miembros de la Academia y ahora no es el caso. Si hay un pre-jurado que selecciona puede elegir algo que le parece estupendo y a mí un espanto. Hagamos como la Academia de Cine, perfecto nunca será, pero que cada uno vote en libertad lo que considere, sin filtros. En este sentido, vamos a introducir cambios muy sustanciales en los Premios Talía, pero siempre buscando la belleza y la excelencia, porque son una ventana para ser visibles y conectar con la gente de la calle. El prestigio de un premio no lo da el brillo de la alfombra roja sino el proceso que recorres hasta llegar ahí. Eso es lo que importa.

Hace algo más de una década que nació la Academia, de la que es miembro fundadora, ¿han cambiado los retos en este tiempo?

Tenemos muchísimo que agradecer a la primera presidencia de José Luis Alonso de Santos, porque se encontró con un desierto. Jesús Cimarro supo después establecer relaciones con el poder, hacerla existir, porque las artes escénicas era algo que no salía por la boca de los que tienen poder. También Cayetana [Guillén Cuervo] ha logrado cosas que impensables, nos ha llevado a un lugar muy bello con cosas muy acertadas. En otras no estamos de acuerdo, en otras sí, siempre es así. Al final no somos políticos, somos artistas, y todos sumamos. En estos años han cambiado mucho esas relaciones, hemos ido subiendo pisos, pero somos una Academia muy joven y ahora toca reordenar. Vamos a hacer lo imposible por descentralizar, por reorganizar y por la transparencia, para lo que haremos una auditoría cada año. 

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Imposible no preguntarle, ¿qué radiografía hace de la escena valenciana?

- Es durísimo lo que voy a decir, València es un tesoro de talento, sin embargo necesita un apoyo muchísimo mayor y muchos incentivos, no solo económico, para que tanto talento esté en contacto con el público que llena los teatros. Hay que saber que la cultura no es un gasto, es una inversión, es el patrimonio de un país. No queremos ser solo un país de servicios, aunque también tenga cosas maravillosas, pero la cultura y las artes escénicas tienen que estar ahí. 

Hace unas semanas se concedieron los premios al Mérito Cultural Ciutat de València, ¿se siente profeta en su tierra?

-Me siento de mi tierra y mis raíces son de València. He estudiado viendo cómo los vencejos entraban en los agujeros de las Torres de Quart, he vivido la riada del 57. Yo soy valenciana, tengo mi identidad y eso no lo cambio por nada del mundo. 

- ¿La gestión de la Academia le restará tiempo para la creación?

-No, no, no y no [ríe] Efectivamente, voy a estar muy involucrada, pero tengo dos proyectos más de dirección que me esperan y ahora estoy grabando dos intervenciones en dos series diferentes. Yo tengo una profesión y de esa profesión vivo, este es un cargo honorífico que de una manera generosa, y durmiendo menos, asumo. Haré todo lo que esté en mi mano.

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