VALÈNCIA. Se abre el telón y todo el escenario está repleto de cartas. En el suelo hay cientos de historias que ocultan terribles verdades que podrían destrozar más de un matrimonio Jugando con una correspondencia maldita este 28 de febrero La Rambleta acoge Las amistades peligrosas, una obra de teatro de Christopher Hampton basada en la famosa novela homónima de Choderlos de Laclos que ahora llega a la ciudad del Turia con un reparto de escándalo: Pilar Castro, Roberto Enríquez, Ángela Cremonte y Carmen Balagué.
Estas actrices se suben a un escenario casi vacío donde su interpretación ocupa un lugar central. La obra actualiza Las amistades peligrosas y la acerca del 1782 hasta el presente para contar una historia que se puede comprender perfectamente a día de hoy y que refleja dinámicas de “abuso de poder, consentimiento, desigualdad y la impunidad con la que operan las clases privilegiadas”. Castro, antes de subirse al escenario con sus compañeros para dar vida a Merteuil -y enfrentarla a Valmont- responde a las preguntas de Culturplaza sobre esta pieza única que es, como dice Hampton, “más vigente que nunca”, y ahí está su encanto.

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Con uno de los retos actorales más exigentes a los que se ha presentado hasta la fecha, Castro explica que Las amistades peligrosas juega sus cartas sobre un escenario en el que la presencia escénica es clave. Con una puesta en escena totalmente minimalista, Castro encuentra junto a sus compañeros un lugar en el que cabe la imaginación del espectador: “Al no tener casi escenografía, nos apoyamos por completo en el texto, dejamos que los diálogos de los personajes recalen con fuerza sobre un peculiar montaje en el que tenemos pocos elementos en los que apoyarnos”.
Sobre el escenario hay un enorme espejo que refleja las discusiones de los protagonistas de esta historia, un enorme diván en el que guardar las cartas que se escriben con furia y también una silla para sentarse a descansar la rabia. Esta puesta en escena ayuda a traer al presente una historia que para Castro sigue siendo, tristemente, demasiado actual. “La historia que se cuenta en Las amistades peligrosas y los sentimientos que se reflejan en la obra siguen siendo demasiado actuales. Los seres humanos repetimos siempre los mismos patrones, y por mucho que digamos que vamos a salir mejores no evolucionamos”.

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“Hay temáticas que no se actualizan desde 1780 aunque sí que cambie la forma en la que se relacionan los personajes. De mi personaje -Merteuil- se dice que es una gran feminista, mientras que al hombre se le lee simplemente como un granuja y un seductor. La realidad es que en el texto todos son unos canallas y que en la alta burguesía la gente se aburría mucho y se aprovechaba de la gente menos favorecida. El texto refleja esa parte de la crueldad humana y la complejidad de las relaciones”, señala Castro tras la piel de Merteuil.
Bajo su apretado corsé se encuentra una pieza que funciona como espejo de la crueldad del ser humano que se repite “por los iglos de los siglos”. Amor, traición y lujuria se suben al escenario de la Rambleta para volver a dar vida a una pieza tan única como Las amistades peligrosas, que tras cada adaptación toma una nueva forma manteniendo la crueldad de sus protagonistas. Entre el texto, Castro encuentra uno de los trabajos “más hermosos en los que ha estado” y en el que, a través de la repetición y la práctica, ha aprendido mucho sobre el amor, el aburrimiento y el peligro de quienes dicen ser amigos simplemente por huir del aburrimiento.
Lo hace con una pieza en la que el poder, la seducción, la traición y el amor bailan un mismo tango sobre el escenario. Un baile con el que Castro se codea con sus amantes y supuestos amigos para dar vida a una obra en la que todo esta conectado: “Es una obra imprescindible para comprender el amor y a las parejas sobre el teatro. Lo vivo como creadora y como espectadora que se enfrenta al relato desde una nueva visión”, destaca la actriz que se sube a las tablas para reinterpretar esta historia impasible al tiempo, y tan actual como peligrosa.

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