Teatro y danza

TODOS A UNA

Rakel Camacho: "La barbarie de 'Fuenteovejuna' no es nada comparada con la que nos rodea"

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VALÈNCIA. Tras el refrán “Fuenteovejuna, todos a una” se esconde un sentido de comunidad que va mucho más allá del lema. Esta frase, empleada como símbolo de resistencia, responde a la voluntad de un pueblo contra una acusación de matar al Comendador dentro de la novela Fuenteovejuna de Lope de Vega. Una defensa en la que se ampara un pueblo entero, que vela por el sentido de comunidad y que se enfrenta a una guerra eterna que, aún así, parece menos grave que la que nos rodea en el presente. Este texto viaja ahora desde el Siglo de Oro español, desde el año 1619, hasta el presente gracias a la Compañía Nacional de Teatro Clásico que acerca la pieza Fuenteovejuna al Teatro Principal de València del 27 al 29 de marzo.

Viajando al corazón de un pequeño pueblo de Córdoba, la directora de la pieza, Rakel Camacho, encuentra en esta pieza y en el teatro un lugar desde el que hablar de la pérdida, de la batalla y de la tiranía desde el presente con una trama cargada de “injusticia, opresión y solidaridad”. Lo hace actualizando este texto que le supone un reto increíble como creadora y dramaturga. “El reto está en conectar con la pieza y en lo que se está contando y cómo se está contando. Desde la obra pretendemos impactar al espectador con una historia en la que la barbarie de Lope de Vega se conecta con la realidad actual”.

“A su vez, la barbarie de Fuenteovejuna no es nada comparada con la que nos rodea, así que a través de la interpretación lo que buscamos es que el espectador rechace la violencia”. Para ello emplea herramientas tanto plásticas como sensoriales -además de la interpretación de los actores y actrices, por supuesto- que le ayudan a que el espectador rechace la violencia que tiene lugar sobre el escenario, que genera imágenes fuertes que “están revelando una verdad que está pasando, pero sin romantizar el dolor”.

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Gracias a la coreografía de Sara Cano, la escenografía de Mónica Borromello y la iluminación de Pilar Valdelvira y el vestuario de Rosa M Andújar se genera un espacio en el que viajar al 1619 sin tener que moverse de la butaca. Esto también es posible al increíble elenco que lo hace posible, compuesto por Pedro Almagro, Mikel Arostegui Tolivar, Lorena Benito, Carmen Escudero, Mariano Estudillo, Cristina García, Jorge Kent, Pascual Laborda, Vicente León, Cristina Marín-Miró, Chani Martín, Eduardo Mayo, Nerea Moreno, Laura Ordás, Jaime Soler Huete, Fernando Trujillo, Adriana Ubani y Alberto Velasco, que dan vida y voz a quienes habitan el pueblo.

“Trabajamos con un elenco enorme que ayuda a que el universo que imagino para Fuenteovejuna tome forma. A nivel cuantitativo es complicado, pero a nivel cualitativo es muy sencillo, gracias también a la versión de María Folguera con quien formo un tándem muy fino. En esta historia se puede contar algo que nos interpela a día de hoy. Podemos dar vida a un pueblo en el que el amor y la comunidad consiguen vencer a la violencia. Hablamos de una violencia que rechazamos todos y de la lucha por la dignidad y la libertad”, destaca Camacho, quien se siente muy afortunada de poder representar esta pieza tan emblemática de Lope de Vega.

Viajando desde el 1619 hasta el presente, Camacho explica que el trabajo de adaptar la pieza es magnífico, ya que Lope de Vega era un “excelente cronista de su tiempo y un fantástico reportero”, lo que ayuda a que gran parte de la historia, aunque viaje varios siglos, sea atemporal. Para que el espectador conecte con este universo que imagina Lope de Vega en Fuenteovejuna desde el escenario, la Compañía Nacional de Teatro Clásico emplea la obra como punto de partida en el que se conecta con la guerra y las tramas de corrupción que se esconden dentro del texto.

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“El reto junto a la compañía es contar algo que muchos espectadores ya conocen. Trabajamos en primera línea con una pieza muy plural que queremos que recale en el espectador y que tenga una nueva visión sobre lo que le rodea. Trabajar junto al elenco de la Compañía Nacional de Teatro Clásico da una seguridad única y ayuda a que la pieza se pueda lucir por completo. Se genera un buen elenco de artistas y personas que conectan con la historia mientras transforman la sala de ensayos en un refugio de la realidad que está ahí fuera”.

“Con toda esta ilusión se genera una pieza única que funciona mientras cuenta una historia muy dura”. Lo hace viajando desde el corazón de Fuenteovejuna hasta el Teatre Principal de València, con un tercer acto ascendente que supera el “valle” que hay en la historia y que pone el foco en Laurencia como protagonista. Camacho juega con Fuenteoveuja como si fuera un enorme puzle en el que la imagen global tiene que resultar en un alegato contra la violencia y las injusticias. Se hace con personajes plurales que no paran de construirse función tras función -llevando ya más de sesenta- y que hablan y reflexionan sobre la violencia.

Con una obra plural, única y con una tensión muy bien repartida, Camacho genera una obra “muy política” en la que el gran objetivo es que el espectador se quede conmocionado. Lo hace a través de un texto en el que, velando por la fuerza de la comunidad, consigue que sobre el escenario vayan todos a una -como en Fuenteovejuna- para convertir el teatro en una máquina del tiempo y un refugio de todo el mal que hay ahí fuera. Un espacio en el que reflexionar y en el que enfrentarse a imágenes de violencia -y sangre falsa- para que el espectador pueda sentir el terror en su piel y pueda imaginar como enfrentarlo, todo ello mientras disfruta de una historia que, tristemente, se siente muy actual, y que viaja desde el 1619 hasta nuestros tiempos.

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