Teatro y danza

Sala Russafa acoge el estreno en la Comunitat de 'Más perdidos que Carracuca'

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VALÈNCIA (EP). La Sala Russafa de València se une a la celebración del Día Mundial del Teatro --que se conmemora el 27 de marzo-- con el estreno en la Comunitat Valenciana de 'Más perdidos que carracuca', dentro de su XV Ciclo de Compañías Nacionales.

Así, del día 27 al 29 llega a la cartelera valenciana esta coproducción de las formaciones madrileñas Tarambana Teatro, A Fuego Lento e Inconstantes Teatro.

Se trata de una pieza "en completa sintonía" con el Manifiesto de la jornada internacional que este año firma Willem Dafoe y en el que reivindica la experiencia compartida que supone una representación escénica en una sociedad donde "el contacto humano corre el riesgo de ser reemplazado por relaciones con dispositivos".

Dafoe apuesta por el compromiso ético y social: "Nuestro desafío como creadores teatrales es evitar que el teatro se corrompa, reduciéndose únicamente a una empresa comercial dedicada al entretenimiento como distracción".

'Más perdidos que carracuca' tiene como protagonistas a dos personajes marginales que sobreviven sin unos ingresos estables, compartiendo habitación en una mísera pensión. En un contexto social donde la opulencia es espectáculo, en el que incluso las personas anónimas presumen de manjares, viajes y ropa en sus redes sociales, esta propuesta invita a mirar a quienes no tienen nada, explican los responsables del espacio cultural en un comunicado.

Combinando poética, ternura y humor, Emilio Del Valle firma y dirige un texto que recrea el día a día de una singular pareja que parece estar completamente perdida, a ojos de la sociedad. Dos hombres que se convierten en familia, estableciendo un vínculo a pesar de sus diferencias "porque son conscientes de que unidos tienen más posibilidades de sobrevivir", afirma el creador sobre una forma de solidaridad "muy instintiva".

Juntos encuentran en un trago de vino la forma de aplacar el hambre o la sed, compartiendo una botella. Y llevan al fondo sus cuitas por cosas aparentemente poco importantes. La necesidad de acaparar, de guardar objetos inservibles, es propia del síndrome de Diógenes.

"Pero también puede ser la compensación de una vida de carencias. Coleccionas lo que está a tu alcance, aunque no sirva de mucho", explica Del Valle sobre detalles que invitan al público a cuestionarse y que caracterizan a los protagonistas de la obra, con una pincelada de clown, antagónicos y, al mismo tiempo, complementarios.

Por ejemplo, uno colecciona periódicos viejos que consulta constantemente, mientras que el otro no los puede leer por su analfabetismo. Un detalle inocente, pero que revela la fractura social que subyace en el espectáculo. La que contrapone a quienes viven aferrados al relato de la actualidad como forma de entender el mundo --un mundo cíclico, que se repite constantemente-- y quienes prefieren no saber para evitar que se rompa su ensueño.

Huir de lo superfluo

La trayectoria de Del Valle se caracteriza por montajes que evitan la grandilocuencia, que toman como elemento crucial a los actores y la historia que trasladan al público. "La verdad, la belleza de la interpretación es lo que me conquista de este oficio.

Así que cada vez más, elimino todo lo que pueda distraer la atención del público respecto a su trabajo y a lo que les están contando", afirma el creador, para quien resultaría contradictorio "estar hablando de la precariedad, de las personas que viven en los márgenes, con un montaje escénico que costara 150.000 euros".

En coherencia con su forma de entender el teatro y la temática de la pieza, para 'Más perdidos que carracuca' ha reducido los elementos escénicos a unos pocos muebles presentes en la habitación que comparten los protagonistas, acompañados por unas botellas iluminadas que sobrevuelan el cuartucho que representan la imaginación, la evasión con la que consiguen salir temporalmente de sus privaciones.

La caracterización de ambos actores y la naturalidad de la narración logran meter al público de lleno en un mundo donde es lógico llevar al fondo una cuita por un par de zapatos tremendamente feos ya que, cuando no tienes nada, cualquier pequeño elemento adquiere un enorme valor.

Y la forma peculiar de expresarse de cada uno de ellos, junto con las situaciones en las que se ven envueltos, son la fuente de un humor tierno, que subraya la poética y ayuda a transmitir la crítica social que realiza esta propuesta donde deslumbra la pareja protagonista: David Fernández 'Fabu' (a quién el público de Sala Russafa ha podido ver en montajes como la comedia Paella) y Jorge Muñoz (quien ha subido al escenario de Ruzafa en montajes como Sáhara, Medida por medida o J'attendrai).

Con una presencia escénica muy distinta y enormes dosis de humanidad, ambos representan a esa parte de la población que pasa desapercibida, la que habita en bancos, portales o, si han conseguido unos ingresos mínimos, en habitaciones de alquiler. La que desempeña trabajos precarios (si hay suerte). La que tiene lejos o ha perdido a la familia. La que, en vez de vivir, sobrevive.

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