Teatro y danza

Sala Russafa celebra el Día de la Danza con la propuesta ‘musicoreográfica’ 'Face au Mur'

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VALÈNCIA. No es casualidad que los tres astronautas de la misión espacial Artemis II tuvieran ya o rondaran los cincuenta. El punto álgido de las carreras profesionales y de la plenitud vital está moviéndose en el eje cronológico. Y Sala Russafa estrena este fin de semana una pieza donde la danza y la creación musical en vivo exponen muchos motivos para reivindicar el poder de la creatividad en la edad madura.

Face au mur, en cartel el 1 y 2 de mayo, ha nacido del impulso del bailarín, coreógrafo, docente y director de escena, Jesús Hidalgo. Quería realizar un último proyecto escénico y pensó hacerlo en la ciudad donde estudió danza, antes de que la vida le llevara a desarrollarse extensamente como profesional en compañías internacionales y terminara asentándose durante décadas en la Normandía francesa, como director de La Portée – Centro de la Mémoire Choréographique y de Espace de Recherche et de Création Choréographique L’Hippocampe (Caen, Francia). Además de haber sido invitado como profesor en universidades y conservatorios de Seul, Bruselas o Nueva York, entre otras ciudades. Y de ser director y coreógrafo en la compañía AlleRetour Danse desde 1991. 

En su València natal, cuatro décadas antes, había coincidido en un espectáculo de la bailarina y coreógrafa Carolyn Carlson con Toni Aparisi. Miembro destacado de la extinta Ananda Dansa durante 25 años, ha sido reconocido como intérprete (tres Premios Max, cuatro Premios Abril y un Premi IVC de les Arts Escèniques) y coreógrafo (un Premio Max). En paralelo, ha desarrollado una faceta docente que incluye al Conservatorio Superior de Danza, la Universidad de Valencia o la propia Sala Russafa. Y desde 2016 es el director de la formación TransferMove.

“Después de aquel encuentro de juventud, nunca habíamos trabajado juntos. Pero le había seguido su trayectoria y pensaba que podríamos encajar”, explica Hidalgo sobre los motivos por los que le contactó con la propuesta de un proyecto al que también invitó a otro creador: el castellonense JJ Llopis, productor y compositor que trabaja la música electrónica y experimental, así como el spoken word y la poesía electrónica, participando en festivales nacionales e internacionales.

Este trío supera con creces los 50 y jamás había abordado una creación conjunta. Pero se han unido para reflexionar sobre el paso de tiempo y cómo afecta a la hora de crear e interpretar una coreografía o partitura, que son los ingredientes básicos (aunque no los únicos) del ‘objeto musi(c)oreográfico’ que este fin de semana estrenan en Sala Russafa. Una pieza que servirá como celebración del Día Internacional de la danza (miércoles 29 de abril).

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Danza con mensaje

“Sin mi trayectoria previa, sin todos los conocimientos que he ido adquiriendo con los años, no podría hacer lo que hago en este espectáculo”, explica JJ Llopis, autor de las composiciones musicales que acompañaran en vivo el espectáculo. Canciones en las que va superponiendo loops y capas sonoras, sonidos electrónicos, ambientales y, en ocasiones, industriales. Son composiciones que nacen de su experiencia personal de la madurez como artista, pero también de la observación de las coreografías creadas por Aparisi e Hidalgo en un diálogo creativo. Un proceso que ha contado con la oportunidad de disfrutar de una residencia creativa en Sala Russafa durante las últimas semanas, en la fase final antes de su estreno.

Face au mur habla del cuerpo como escenario, materia donde la vida y el tiempo dejan sus huellas, igual que ocurre en los muros de las construcciones en las ciudades. El cuerpo, la pared, puede verse como lugar que limita. O como un refugio desde el que empoderarse y tomar impulso.

Es lo que hacen los bailarines en esta pieza que trata de transmitir la belleza del movimiento en sí misma, lejos de las acrobacias. “No buscamos el impacto visual por las proezas físicas. La danza puede ser espectacular por muchos aspectos. Queremos mostrar el poder expresivo del cuerpo, su diversidad y cómo en todos hay huellas de lo que hemos vivido”, reflexiona Aparisi, que ha mantenido durante cuatro décadas una carrera como bailarín.

En el caso de Hidalgo, ha sido un reto retomar su faceta como intérprete, después de años centrado en múltiples facetas vinculadas al mundo de la danza. “Soy consciente de que ahora me relaciono de manera diferente con mi cuerpo. Pero tenía este deseo personal y encontrar a estos compañeros de aventura está siendo una experiencia maravillosa, además de muy divertida”, comenta el impulsor del espectáculo coproducido por Transfermove (Valencia), Isósteles Estudi (Castelló) y AlleRetour Danse (Caen, Francia), con la colaboración de Sala Russafa. 

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Un acto de rebeldía

Sobre el escenario, el set de JJ Llopis estará acompañado por una escalera y unas sillas, que servirán como apoyo escenográfico e interpretativo, formando parte de algunos pasajes coreográficos. Proyecciones audiovisuales y el diseño de luces reforzarán la estética de la pieza. Y a estos elementos escenográficos hay que sumar la participación de parte del alumnado del taller de danza contemporánea para no profesionales que Aparisi imparte en Sala Russafa.

Los artistas han invitado a alumnas y alumnos de estos cursos a colaborar, dando soporte a ciertas partes del espectáculo y a algunos momentos de las coreografías, reforzando el mensaje de que en la danza tienen espacio todos los cuerpos, técnicas y edades.

“El hecho de que estemos sobre un escenario es una reivindicación del derecho que tenemos todas las personas, también las maduras, a expresarnos a través del arte”, sostiene Aparisi, consciente de que en ciertas disciplinas - como la literatura o la pintura, por ejemplo - la edad puede verse como una ventaja, una acumulación de experiencias y saberes. Mientras que, en otras - como la danza - tradicionalmente ha sido el motivo para expulsar a creadores e intérpretes de la escena.

“Hacemos esto por el placer de encontrarnos. A estas alturas no tenemos que demostrar nada a nadie. Pero estamos convencidos de que todavía somos capaces de ofrecer algo digno e interesante, de generar un discurso más allá de la frescura de la juventud”, completa Hidalgo, apoyado por sus compañeros de Face au mur. Creadores que reivindican presencia de la madurez sobre el escenario como un acto rebeldía frente a los discursos preestablecidos, contra el edadismo y la tiranía de la ‘juventocracia’. E invitan al público a observar las marcas de las experiencias vividas, a enorgullecerse de ellas, y a exponerse sin miedo a la vida.

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