Terapias psicológicas para aliviar la huella emocional de un cáncer

30/07/2018 - 

VALÈNCIA. Tener un cáncer cambia la vida. Los síntomas y efectos secundarios de la enfermedad, los tratamientos y sus efectos… no solo afectan a nivel físico, también dejan una huella a nivel personal: desajustes en la dinámica familiar, incertidumbres, miedo a la supervivencia o a la recaída. Y no solo del enfermo también de los familiares. En ambos casos, unos lo llevan mejor y otros peor, pero la herida emocional y el estrés, la depresión o la ansiedad que causa la enfermedad está siempre ahí. Para hacerles frente y no quedarse paralizados lo mejor es pedir ayuda.

En la Fundación IVO funciona desde hace más de 25 la Unidad de Psico-Oncología. Un equipo de tres psicólogas, compuesto por Rocío Romero (coordinadora de la Unidad), Ana García-Conde y Pilar Llombart, se plantean terapias para que las personas integren la enfermedad en su día a día y aumente su percepción de control y su confianza. “Tratamos de que vean la enfermedad como un acontecimiento más, que ha venido a producir cambios en su vida. Es una situación difícil y problemática, pero como otras en la vida. La vida te trae cosas que no esperas y has de adaptarte a ellas y el cáncer es una más”, apunta la Dra. Romero. 

Los beneficios de las terapias individuales y grupales que se realizan en la Unidad son muchos. Hay aspectos concretos como la mejora en la calidad del sueño, reducir la fatiga, aumento de la tolerancia a los tratamientos quimioterapéuticos y la mejora de su bienestar general. “Además disminuye el estrés que genera esta enfermedad al igual que la ansiedad y la depresión”, señala la Dra. García-Conde. Pero también hay beneficios en la manera de afrontar la enfermedad y salir del ostracismo que conlleva y te ayuda a mejorar los vínculos con el entorno social y familiar “y sobre todo a volver a disfrutar de la vida”, afirma la Dra. Romero. Y no solo para enfermos de cáncer, estas terapias también se realizan con familiares.

Para ello empiezan con las terapias individuales que tratan de analizar la problemática personal y conocer al paciente. En la Unidad de Psico-Oncología de la Fundación IVO se trabaja codo a codo con las personas, “no se trata de decirle lo que tiene que hacer, queremos que se impliquen en la terapia y elijan entre las alternativas que nosotras les damos. Así les ayudamos a ganar más autoconfianza”, apunta la Dra. Romero. Y también en autonomía y se refuerza la fortaleza del paciente. “Pretendemos que el paciente comprenda que estás ahí para ayudarle, pero que él va poder hacerlo por sí mismo, solo que en ese momento está atascado y no sabe dónde encontrar la respuesta. Para ello hace falta un tiempo para conectar con el paciente y ponerte de igual a igual y a partir de ahí se trata de ir estirando del hilo. Lo primero que aparece es la angustia por la enfermedad pero después van surgiendo otras cosas de su vida y algunas no tienen nada que ver con la enfermedad y vas trabajando sobre ellas. A veces, el motivo inicial no tiene nada que ver con el que acabas trabajando”.

Esas terapias individuales se complementan con las grupales, que completan el tratamiento y están dando muy buenos resultados en la Fundación IVO.  Estas terapias grupales siguen dos líneas de intervención. Por un lado, desde la Psicología Positiva, que consiste en trabajar fortalezas, emociones positivas, crecimiento personal y la resilencia, “encontrar un sentido a la enfermedad que no sea un mero acontecimiento traumático que me paraliza, sino que sirva para mejorar mi vida, para aprender algo y salir fortalecido”, indica la Dra. García-Conde. 

La segunda línea de intervención está basada en Mindfulnes y en la compasión, para ayudarles a vivir el presente, afrontar situaciones difíciles y disfrutar y normalizar la ayuda. “Este año las hemos planteado para que nadie se quede sin participar en ninguna de las dos líneas de intervención. Las terapias se organizan para que no se solapen y los pacientes puedan acudir a ambos tratamientos”.

El difícil primer paso

Pero reconocer que necesitas ayuda, dar ese primer paso, sigue siendo difícil. Las mujeres son las que más se animan a acudir, ya que el porcentaje más alto de pacientes de la Unidad provienen del cáncer de mama y ginecológico, seguido de pulmón y digestivos. En el caso de los hombres, la Dra. Romero y Dra. García-Conde destacan que poco a poco se van animando y, aunque el porcentaje es menor en comparación con las mujeres, va aumentando, principalmente de cánceres urológicos (próstata y vejiga). 

Desde la Unidad de Psico-Oncología de la Fundación IVO animan a dar ese paso porque los beneficios superan con creces los temores a reconocer que se es vulnerable. ¿Cuándo se puede entrar en la Unidad? Cuando se necesite, resalta la Dra. García-Conde, da igual que sea al inicio de la enfermedad, durante o al final y da igual que seas el enfermo que un familiar. 

Eso sí, hay unos síntomas que marcan la necesidad de pedir esa ayuda profesional. “Cuando tienes un malestar que perdura a lo largo de todo el día, no es un momento de bajón, y te impide hacer cosas que habitualmente hacías, te hace estar triste casi siempre, no piensas en proyectos de futuro, cuando el miedo se apodera de ti… es el momento de pedir ayuda”, comenta la Dra. Romero. 

Para reconocer esos síntomas, la National Comprehensive Cancer Network (NCCN), uno de los principales organismos internacionales que estudian el cáncer, publicó una recomendación para el personal sanitario vinculado a pacientes oncológicos debería introducir el sexto signo vital. Igual que se mide el peso, la temperatura, presión arterial, el dolor, la frecuencia respiratoria y el pulso deberían medir el malestar emocional o distrés. El distrés es ese estrés negativo que genera sentimientos paralizantes que pueden ir desde la sensación de vulnerabilidad, el miedo o la tristeza a la depresión, el pánico, la ansiedad y el aislamiento social y genera una crisis existencial y/o espiritual.

 

Y para medirlo, explica la Dra. García-Conde, se diseñó un Termómetro de Distrés que permite controlar y detectar los niveles de malestar emocional de los pacientes de cáncer. “Y se mide de una manera muy fácil y lo puede hacer cualquier persona. Es preguntarse del 0 al 10 cuál es mi grado de malestar emocional. Si es de 5 o más, debo pedir una valoración profesional. Puede ser algo que la persona puede resolver sola o no, pero a partir de ahí hay que prestarle atención. A esa pregunta hay que añadirle una segunda: en una escala de 0 a 10 ¿cuánto interfiere en mi vida ese malestar? Y si supera el 5 también hay que plantearse la necesidad de acudir a un profesional. Eso se puede hacer en varios momentos, a lo largo de mes y medio para asegurarnos de si es algo que perdura o es algo puntual”. 

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