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crítica de cine

'Terminator': destino oscuro. La refundación de una saga

1/11/2019 - 

VALÈNCIA. La saga Terminator siempre se ha basado en las paradojas temporales, en la posibilidad de viajar al pasado para cambiar el futuro. Ahora imaginen que no han existido todas las entregas posteriores a Terminator 2: El juicio final, que se han borrado del mapa gracias a una de estas transmutaciones espaciales y que apareciera una continuación que se impusiera sobre ellas. Eso es lo que nos ofrece Terminator: Destino Oscuro veintiocho años después, la posibilidad de una secuela que cierre de manera brillante una trilogía en la que se descartarían las derivas propuestas por Terminator 3: La rebelión de las máquinas (2003), Terminator Salvation (2009) y Terminator Génesis (2015).

Esta refundación de la saga conectaría de manera directa con el espíritu de las dos películas originales, pero sin perder de vista que, como buena obra de nuestro tiempo, también tenía que empaparse de la sensibilidad contemporánea. En este sentido, Terminator: Destino Oscuro sería algo así como un Terminator enfocado a las nuevas generaciones, para que pudieran sentir el mismo impacto que supuso para los espectadores en su momento el segundo capítulo de la saga. Quizás por eso, la película apuesta por temas como la sororidad femenina, el alzamiento de la mujer como absoluta heroína de acción e incluso se atreve a introducir temas de actualidad política y crítica social como la situación de los emigrantes, el estado de la frontera estadounidense en la era Trump y la posibilidad de que sean los “otros”, los desterrados y oprimidos por el sistema, los elegidos para salvar el mundo. 

Así, el discurso de la saga sobre la difícil relación entre el hombre y la máquina, sobre la inteligencia artificial como un nuevo ente dictatorial, adquiere una nueva dimensión en esta “tercera” parte mucho más conectada con la actualidad y el mundo en el que vivimos en el que el sistema resulta igual de represor para las minorías que la aniquiladora Skynet. Sin duda, una de las mayores bazas de este regreso es el reencuentro entre la mítica Sarah Connor (Linda Hamilton) y el T-800 encarnado por Arnold Schwarzenegger. Si la actriz se convirtió en un icono revolucionario gracias a su fuerza y a su carisma y a la creación de un personaje de guerrera aguerrida que desafiaba la misoginia de la época en el género, ahora vuelve a confirmar su carácter transgresor reivindicando el papel de las mujeres de más de sesenta años dentro del cine de acción.

Sarah Connor, como la propia Linda, lleva las heridas del tiempo y el sufrimiento marcadas en el rostro, también la rabia y el mismo espíritu justiciero de siempre. Ha sido tomada por loca, por asesina y ha perdido todo lo tenía. Su encuentro con el causante de todos sus males provocará una colisión inesperada, ya que en esta ocasión tendrá que unirse a él para luchar juntos en una misión, mantener con vida a Dani (la colombiana Natalia Reyes, Pájaros de verano), el objetivo a eliminar del nuevo modelo de Terminator, el Rev-9 (encarnado por Gabriel Luna), que, como no podía ser de otra manera, es mucho más sofisticado y mortífero que los anteriores. El trío de mujeres se completará con Grace (la magnética Mackenzie Davis), una humana mejorada con la última tecnología que la convierte en una máquina, pero con sentimientos.

En esta ocasión James Cameron ha estado detrás del proyecto supervisando cada detalle en su papel de productor, pero ha dejado los mandos de la dirección a Tim Miller, que consiguió convertir Deadpool en un auténtico fenómeno gracias a su gratificante mezcla de humor iconoclasta y acción desprejuiciada. El director logra salir airoso en su tarea de servir de puente entre T-2 y esta nueva entrega, uniendo pasado y presente en una sola película, manteniendo la esencia original, sí, pero aportando al mismo tiempo un estilo visual más moderno, en el que incluso caben referencias al thriller coreano en alguna set-pièce como la que transcurre en el centro de detención fronterizo.

Al igual que ocurría en T-2, nos encontramos ante una explosión de fisicidad de una rotunda contundencia a la hora de filmar las escenas de acción. Los choques estrepitosos, las persecuciones espídicas y adrenalíticas, el constante sabor a amasijo de hierro se encuentra presente en esta última entrega. Pero también se trata de una versión más comprometida, más desafiante con los problemas de nuestro presente, de manera que puede ser disfrutada de manera independiente por los nuevos espectadores al mismo tiempo que los seguidores de la franquicia también obtendrán sus dosis de nostalgia. Todo eso sin perder el sentido de la ironía, sobre todo a través del inesperado dúo cómico que conforman Hamilton y Schwarzenegger, en una serie de réplicas memorables.

Terminator: Destino oscuro se encarga de expandir la mitología de una saga que parecía absolutamente perdida y le otorga un nuevo sentido a través de una historia en la que por fin nos importa algo de lo que ocurre, en la que volvemos a sentir empatía por sus personajes, sobre todo por esas tres mujeres empoderadas dispuestas a todo por seguir siendo dueñas de su destino.

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