GRUPO PLAZA

AL OTRO LADO DE LA COLINA  / OPINIÓN

Terror en Asia Central

Afganistán no es el Vietnam de la OTAN, aunque lo pueda parecer

21/08/2021 - 

Son muy tristes las imágenes de miles personas huyendo, cual corderos, ante la llegada de los salvajes, como lobos, tantas veces vistas en los últimos tiempos y que forman ya parte de nuestro imaginario en la historia, como la llegada de los Godos, de los Otomanos, de los Berberiscos, de lo Soviéticos, o los Yihadistas del Estado Islámico. Otra vez los talibanes están dejando un reguero de sangre en Afganistán a pesar del intento de blanqueo inicial de algunas cancillerías y políticos.

Porque efectivamente Afganistán vuelve a dar un paso atrás en la historia de la civilización, y existen múltiples ejemplos que lo acreditan, desde políticos hasta económicos, pero existe un elemento que evidencia el nivel civilizador de un país, y es la situación de la mujer en su sociedad. En la historia de la Humanidad, aunque han existido algunas sociedades matriarcales, la mayoría han sido patriarcales y la mujer más que un ser social ha sido casi un objeto que pertenecía al Pater Familias, hasta que llegó el cristianismo que la liberó y forma su núcleo básico (sólo hay que entrar en una iglesia y ver cómo son la mayoría), y aunque pueda quedar camino por recorrer en igualdad, Occidente es el faro que ilumina el camino a seguir al resto de las mujeres del mundo.

Lo triste es que las mujeres afganas acaban de perder lo conseguido en 20 años, en un duro camino repleto de violencia, pero que le permitió convertirse en una persona, en un ser social que podía estudiar, acceder a la sanidad y al mundo laboral, aunque sea de forma imperfecta y dependiendo del entorno donde vivía, rural o urbanita. Ahora con la llegada de lo rigurosos seguidores del Islam al poder en Afganistán, las mujeres han vuelto a desaparecer de sus calles y por supuesto de la vida social de sus ciudades (más aún en los pueblos) inmediatamente que han llegado los talibanes.

Y más triste es todavía ver, como muchos de los que deseaban la salida de Occidente de Afganistán, importándoles poco las consecuencias, y me refiero no ya sólo a los de aquella lejana región, sino dentro de nuestras propias fronteras, como son los radicales, los antisistema, los culturetas o contracultura, han dado un viraje de última hora y claman ahora contra Occidente por abandonar Afganistán a su suerte.

Además se percibe la alegría del resto de grupos islamistas radicales, así como a nivel global de nuestros contrapesos geopolíticos de China y Rusia, lo que de vivir Ronald Reagan lo hubiera llamado también “el imperio del Mal”, como hizo en 1983 respecto el imperio comunista de los soviets. Todas esas entidades y países deseaban esta acción, la toma del poder en Afganistán por parte de los Talibanes, para presentar este hecho en el imaginario colectivo mundial como una derrota de la OTAN y los USA, cuando aquí los reales y únicos perdedores son los afganos.

Aunque lo ocurrido durante estos veinte años en aquel país de Asía Central, era inevitable según lo que expuesto por Robert D. Kaplan en su libro “La venganza de la geografía” o incluso como ya recogía Jean-Jacques Rousseau en su “Contrato Social”, capítulo VIII “De cómo toda forma de gobierno no es propia para todos los países” del libro Tercero, cuando afirmaba “Los lugares ingratos y estériles, donde los productos no valen el trabajo que exigen, deben quedar incultos o desiertos, o solamente poblados de salvajes; los lugares donde el trabajo de los hombres no dé exactamente más que lo preciso, deben ser habitados por pueblos bárbaros: toda civilidad sería imposible en ellos”, y es sencillo el motivo de tamañas y duras afirmaciones se debe a que esos lugares desérticos (como explica después el francés) no producen el excedente necesario (Economía) para sostener el Estado (a priori improductivo en la mentalidad del escritor) y así hacerlo viable, que es lo que allí ocurre.

Recuerden como las estructuras estatales afganas, principalmente los “teóricos” 300.000 policías y soldados eran mantenidos y pagados con fondos internacionales. Si a esto le unimos la corrupción generalizada en ese país (o mejor dicho su forma diferente forma de gestionar la cosa pública) y la retirada de las fuerzas internacionales de allí, no es de extrañar ser testigos de lo ocurrido, pues para la población afgana los lazos de unión de tipo tribal o de clan son muchísimo más fuertes que el compromiso que haya podido adquirir con el nuevo (implantado hace 20 años ) régimen político de su pais.

Porque aunque lo parezca, Afganistán no es el Vietnam de la OTAN; recordemos que las operaciones en Afganistán desde el 2001 se producen como consecuencia del derecho a la legítima defensa de los Estados Unidos de Norteamérica, cuando se ven sorpresivamente atacados en  New York el 11S, en la que se incluye el castigo al origen de la ataque, o al menos donde los directores del mismo se encuentran acogidos. Entonces los USA se ven legitimados ha deponer al gobierno de los talibanes buscando a Bin Laden, e intentar que Afganistán deje de ser, no solo ya  refugio de terroristas sino incluso deje de ser campo de entrenamiento de los mismos (riesgo que se corre en la actualidad). Después los norteamericanos y sus aliados fuimos víctimas de las buenas intenciones (que ya saben empedran el infierno) y de la vocación civilizadora y misionera occidental e intentamos modernizar aquel país del Asia Central, olvidándonos de lo dicho por Rousseau.

A consecuencia de lo anterior, en Afganistan la estrategia parecía en ocasiones improvisada, y así ocurrió algunos sorprendentes episodios, como el cese en 2010 del general al mando Stanley McChrystal, por parte del belicoso (a pesar de ser premio Nobel de la Paz) presidente Barack Hussein Obama II. En cambio en Vietnam confluyeron varios factores internacionales, por un lado el proceso de descolonización que fue aprovechado por el comunismo para impregnar el mayor número de movimientos independentistas dándoles una pátina de marxismo, como aquí ocurrió con la maldita ETA, por otro lado también la guerra fría, además de cierta crisis de identidad de la consumista juventud occidental que evidenciarían los movimientos sociales del 68.

Y sobre todo en Vietnam confluyeron en el ámbito geopolítico, la estrategia de la Contención con la teoría del Dominó. Ya saben que esa estrategia aplicada por la Doctrina Truman (la del presidente USA Harry S. Truman) surge del “Largo Telegrama “ de George F. Kennan, tras escuchar el hostil discurso contra occidente de Josef Stalin en el teatro Bolsoi en febrero de 1946, y la necesidad de contener la difusión del comunismo o socialismo científico que por ejemplo se impuso en 1949 en la China continental, y había logrado conquistar el Vietnam del Norte en 1954. Entonces surgió la teoría del Dominó, en el Sudeste asiático, para algunos su autoría proviene del presidente estadounidense Richard Nixon, para otros los antecedentes están ya en otro presidente Dwight D. Eisenhower, en la que los países de esa región, cual fichas de dominó podían caer bajo la opresión comunista, como así ocurrió con Vietnam del Sur, Laos o Camboya.

Éste es uno de los elementos claramente diferentes entre Vietnam y Afganistan, el país del Sudeste asiático fue uno de los grandes pulsos del bloque comunista contra Occidente y claves para la caída de otros países de su entorno. Afganistán en cambio es un agujero negro entre Asía Central, el subcontinente indio y Persia, es por eso que el interés estratégico que tienen los países que lo circundan es simplemente evitar que contagie su inestabilidad a esa región, por su gran capacidad de generar violencia, y no que acabe con los regímenes políticos de sus vecinos. Ese es el principal interés de Rusia, que ya ha coqueteado con los talibanes, porque Asía central es su patio trasero, y no le gustaría que aquello se transformase en un avispero.

Otra de las diferencias son los cambios en la sociedades que se produjeron con la caída de Saigón y que ahora se van a producir con la caída de Kabul. Con la victoria de Vietnam del Norte la sociedad vietnamita del sur experimentó cambios, de un régimen autoritario de derechas pasó a sufrir una dictadura, más férrea si cabe, de izquierdas, pero el cambio que va a experimentar ahora la sociedad afgana va a ser mucho más radical, sobre todo para el 50 % de ella -las mujeres-, estas como ya les he contado van a desaparecer de la vida social y muchas de ellas incluso van a perder su propia vida.

Otro de los grandes diferencias entre los dos casos es el valor intrínseco del país, mientras Vietnam era un país con una economía de subsistencia, una nación pobre y agrícola, Afganistán es un diamante en bruto, es un gran almacén de materiales y minerales estratégicos de primer orden, los metales raros, fundamentales para el desarrollo tecnológico de la nueva economía 4.0, por eso la China de Xi Jinping es uno de los actores internacionales que ya se están posicionando de forma favorable a favor de los talibanes, de forma eso sí muy sutil, para así mantener y obtener más concesiones y derechos de explotación de esos minerales.

Otra de las diferencias, y será la última que les cite para no alargarme, es el coste en vidas humanas para el ejército norteamericano, principal elemento combatiente foráneo en ambas guerras. Si en la guerra de Vietnam prácticamente fueron unos 60.000 norteamericanos fallecidos en 10 años, en estos últimos 20 años en Afganistán han sido entre soldados y contratistas de seguridad unos 6000 los norteamericanos muertos, ni punto de comparación.

Para finalizar, porque el tema es casi interminable, tanto como la guerra o conflicto que continuará, en esta ocasión seguramente civil, sólo dos preocupaciones; la primera esperar que la Comunidad Internacional trabaje para que Afganistán no vuelva a ser refugio y campo de entrenamiento del terrorismo musulmán en cualquiera de sus versiones, Talibán, de Al Qaeda o del Estado Islámico; en segundo lugar un recuerdo para todos esos afganos que trabajaron con nuestras Fuerzas Armadas y cuyas vidas y las de sus familiares están ahora en peligro y que parece que poco a poco están llegando a España para salvarse del hundimiento del Estado afgano y el resurgimiento del Emirato Islámico (Talibán) de Afganistán, Dios dirá.

Noticias relacionadas

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email