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SILLÓN OREJERO

'The Belfry': Como si la serie 'Perdidos' durase un cuarto de hora

El dibujante de Invisible Republica y Star Wars Legacy lanza una pequeña historia sobre el accidente de un avión en una isla donde ocurren sucesos paranormales

22/05/2017 - 

VALÈNCIA. Decía Mauro Entrialgo que el tema de conversación favorito de la gente que vio la serie Lost (Perdidos) era en qué temporada la había dejado. Quien esto escribe apuró hasta el final, pero me resultó tan sumamente mala la última temporada que lo dejé a pocos capítulos del último sin remordimiento de conciencia alguno. Nadar para ahogarse en la orilla. En un inicio, como a todo el mundo, la propuesta me pareció interesante, pero empecé muy pronto a esperar que ocurriera algo realmente digno de ser contado y cometí el error de rendirme muy tarde, cuando ya era obvio que eso no iba a ninguna parte. Los demás lo dejaban cuando lo intuían.

Gabriel Hardman acaba de publicar en Image una pequeña historia de un solo capítulo, The Belfry, que muy bien podrían tomar como ejemplo los guionistas de la infausta serie. Parte de lo mismo, un viaje en avión, un extraño accidente en el que sobrevive todo el pasaje en una isla y acaba con un desenlace sobrenatural aterrador en cuya última viñeta, a mi juicio, el autor se marca un gag de humor.

Por su precio en Kindle, dos euros, se puede recomendar la adquisición de esta historia sencillita, solo son 22 páginas, pero atractiva y con alguna que otra viñeta impactante. Como la del piloto del avión con una rama de árbol clavada en la cabeza por la cavidad orbitaria u ojo, en Román paladino. Antiguamente, cuando te conformabas con el CIMOC, Zona 84, Cairo o Víbora, entre otras muchas, una historia así, corta, intensa y bien acabada, era lo mejor que te podía pasar en un mes.

El dibujo, oscuro y gótico, con personajes al estilo de los grabados de Doré sobre el Paraíso perdido, aunque en este caso se trata de socorridos vampiros, es quizá lo mejor de The Belfry. El origen, según reveló el autor en una entrevista en AIPT!, era una pin-up con alas de murciélago que dibujó hace años. La mujer alada estaba oculta en una cueva mientras unos humanos se acercaban a ella con unas linternas. Hardman sintió que tenía que continuar con la historia que sugería ese dibujo.

Ciudad pagana

Normalmente, Hardman dibuja los guiones de su mujer, Corinna Sarah Bechko, aunque en este caso se haya encargado él de ambas facetas del cómic. No obstante, en 2010 ya contaron una historia en un solo tomo, 'Ciudad pagana' del mismo género. Con un dibujo más aséptico y frío, la historia también era de terror pero contenía ingredientes que para tratarse de un tebeo estadounidense merece la pena destacar aquí.

La protagonista iba a África, a Chad, a completar su formación académica. Allí se enamoró de una chica que era asesinada de un machetazo. Ya saben cómo es el mundo para los estadounidenses, es salir de sus fronteras y que les espere la muerte detrás de cada esquina. El caso es que esta chica repatriaba los restos de su ex, acudía a su entierro en el pueblo natal de ella, pero notaba que en el lugar ocurrían cosas raras. No añadiremos más para no desvelar nada, tan solo el dato definitivo: Uno de los que circulaba por ahí en los alrededores del cementerio era un zombie, un zombie español para más señas.

Don Juan Ponce de León, natural de la provincia de Valladolid, gobernador de Puerto Rico, realizó las primeras incursiones en el norte del continente tras el Descubrimiento y reclamó las tierras que encontró para España. Las denominó "La Florida" por haberse adentrado en ellas en Domingo de Resurrección.

Posteriormente, se ha creado la leyenda de que hizo estos viajes buscando el Elixir de la eterna juventud. En el cómic, obvian ese detalle y matizan que se trataba de una cura para su impotencia, lo que, en el fondo, tampoco nos vamos a engañar, viene a ser lo mismo. En las páginas de Ciudad Pagana, este noble caballero y aventurero español, no se sabe si aún impotente, resucita putrefacto y con su espada va sembrando el terror por el pueblo yanqui. Un agradable sorpresa entre los que resucitan, que la mayoría son animales, ya que la guionista y esposa del dibujante, Corinna, es zoóloga de formación.

Invisible Republic

Juntos, su serie más exitosa hasta el momento es Invisible Republic, que aún sigue publicándose, también en Image, desde 2015. Es una historia que también se nutre de elemento de género prototípicos, aunque en este caso se trate de ciencia ficción, no de terror. En un futuro situado en el año 2843, un régimen galáctico dictatorial acaba de ser derribado y la sociedad se encuentra en el caos propio de un momento de desgobierno de ese tipo, donde se afronta la transición a otro tipo de sistema.

Mediante un flashback de medio siglo, la pareja de autores, con el protagonismo de un periodista que investiga qué ha pasado, van reconstruyendo la historia de cómo llegó a instaurarse esa dictadura. Predominan los tonos ocre, grises, azules oscuros y nieblas en un futuro decadente. Los animales ahora son criaturas inventadas por Corinna y las naves son las de toda la vida de dios. Cacharros bajo la influencia del gran Syd Mead, como lo fueron los de El Imperio Contraataca.

Star Wars Legacy

Por eso tampoco es extraño que la otra gran serie que tuvieron entre manos fuese Star Wars Legacy, en Dark Horse, publicada a lo largo de 2013 y 2014. Un universo extendido que trata de lo ocurrido en la galaxia años después a lo relatado en la película de El Retorno del Jedi.

Kinski

Sin embargo, mucho mejor para el gusto de esta casa un trabajo anterior y mucho menos grandilocuente que estos culebrones espaciales. Kinski, un thriller que tiene un argumento tan simple como pueda serlo la adopción de un perro. El nombre del can proviene del actor alemán que le amargó la existencia a Werner Herzog. Un vendedor en viaje de negocios se lo encuentra, se encariña con él y se lo roba a sus propietarios. A partir de ahí, comienza una odisea con especial recuerdo para los que alguna vez las hemos pasado canutas para volar con nuestras mascotas. Y en términos más amplios, a los que son capaces de encoñarse con un perrete en solo dos segundos. Una pequeña joya de serie. Y de nuevo, como en The Belfry, una historieta sencilla, disparatada, que prueba que no se necesitan gran cantidad de ingredientes para contar buenas historias, tan solo uno: talento.

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