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EL MURO / OPINIÓN

Tiempo perdido

No todo es oro, ni siquiera plata, aunque nos lo vendan reluciente. Cuanto se echa de menos una coordinación interinstitucional para racionalizar la oferta y dejar de lado vanidades. Pero después de cinco años, las sinergias continúan siendo inexistentes

17/11/2019 - 

Aunque quieran hacernos creer que vivimos dentro de una absoluta normalidad cultural, también considero que las ramas nos impiden ver realmente las estrellas, o que simplemente miramos el dedo que señala la luna. Algo muy extraño sucede en esta ciudad que comprueba cómo cada semana una librería, una tienda de discos, una galería de arte, un proyecto innovador o una apuesta individual o colectiva muere, cierra o queda estancada.

Pero no sólo sucede en el sector privado sujeto a las leyes del mercado y la zozobra de un mundo de injerencia pública en lo que deberían ser meras parcelas privadas que no disfrutan de los mismos medios económicos y menos comunicativos. Porque no es que lo público funcione mejor, sino que más bien ni deja hacer ni apenas hace, salvo funcionar a base de inercias. O contentar voluntades y pagar afines. Pero no plasmar realidades ni apostar por ellas, salvo excepciones, pero no siempre con criterios objetivos. Mientras tanto, la realidad pasa y nada nuevo se consolida, crece o emociona. Salvo si hay vernisage y copetín de falso compadreo. O se reparten las subvenciones a discreción, que para algo existen auténticos profesionales de lo público, aunque no de lo colectivo. 

Si miramos por encima recordaremos que la sala Escalante cerró y su programación deambula por espacios de la ciudad sin un futuro conocido o vislumbrado en el horizonte. El MuVIM tiene cerradas la mayoría de sus salas, dicen que para solucionar un problema de climatización cuando lo mejor habría sido dejarlo largo tiempo en barbecho para redefinir su utilidad y sentido. Si es que en algún momento lo ha tenido.

El jardín de esculturas del IVAM vive una misma suerte. Le crecen los hierbajos. Por no hablar del Palau de la Música que nada más cambió el gobierno municipal cerró su sala de exposiciones hace ya cinco años para no volver a ser abiertas, hasta que también han cerrado sus dos auditorios principales por los conocidos derrumbes, cuyas fechas de reapertura son una auténtica nebulosa. El Principal sufre obras en su fachada por desprendimientos. Todo sea que un día de estos descubran que también tiene termitas y entonces la liemos unos años más. Las salas de Las Naves han estado tiempo cerradas, como La Nau de Altos Hornos, ahora con un proyecto entre manos que no sé si lo veremos realmente algún día. 1,4 millones en un espacio complicado y alejado. 

Foto: EVA MÁÑEZ.

El Palau de les Arts nunca ha tenido sus espacios a pleno rendimiento ya que su coste de mantenimiento se sale de cualquier previsión. Hasta el Palau de la Música ha de pagar por el uso urgente, cuando forma parte de su patronato y abona una cantidad anual y espera solidaridad y no mero mercadeo. Y para colmo no es que el resto de museos de la ciudad vivan mejor suerte ante la ausencia de difusión y programaciones coordinadas o continuas en el tiempo. Atiendan al San Pío V al que le ha costado tres décadas salir del agujero o hacernos creer que lo está consiguiendo a la carrera y que nos traerá también sorpresas en breve con la propia reordenación de sus fondos y colecciones. Por no seguir con Etnología, también en revisión como una parte de Prehistoria. Y luego está la desvinculación real del Ministerio de Cultura en todo aquello que le afecta por muchas promesas que nos vendan en cada visita ministerial. Son ejemplos a los que se podrían añadir algunos más. 

¿Qué nos pasa? Pues lo de siempre. Continúa sin existir un mapa de gestión de espacios públicos y, lo peor, una auténtica coordinación institucional que racionalice el gasto y sobre todo reordene la oferta cultural de una ciudad en la que ya nadie se aclara y se disputan lenguajes y territorios cuando no se solapan o contraprograman.

Uno siempre pensó y animó a que las instituciones que funcionan con dinero público sumaran esfuerzos y sinergias para evitar duplicidades, dar un respiro a la oferta pública que es excesiva y crear un nuevo organigrama de la oferta cultural de la ciudad, un escenario en el que todo supiéramos a qué se dedica cada uno y lo que sabemos que podríamos encontrar si por una de aquellas decidiéramos acudir como si de una cita a ciegas se tratara. Pero no es el caso. Cada programador y/o político quiere lo suyo para lucir personalmente pero sin pensar en la ciudadanía. Eso es lo de menos.

Qué quieren que les diga, pues que no hay diálogo interno ni reparto real de competencias, ni generosidad y, por tanto, no existe discurso unitario ni coordinación interinstitucional por mucha conexión política o identidad corporativa que nos quieran vender. Y es una lástima y un problema, aunque nos quieran colocar que el turismo va en aumento, siendo pasajero, pero se enfrenta con una oferta cultural mal posicionada y sobre todo poco o muy mal promocionada. Eso no sucede en cualquier ciudad del mundo que se precie donde lo privado no muere a causa de lo público.

Cuando sales fuera sabes de antemano qué ver, dónde ir y hasta lo que cada espacio y escenario ofrece. Aquí no. Aquí vamos a salto de mata. Sólo preocupa inaugurar, editar, exponer, pero sin valorar criterios objetivos y coherencia, que es lo peor que nos podía suceder para, simplemente, tirar el dinero o apostar por lo efímero. 

Claro que existe desilusión. O decepción. Sólo hay que escuchar un poco al pisar la calle. Pero no dejemos de lado que han pasado ya cinco años dese el cambio de  gobiernos provinciales, municipales y autonómicos y todo continúa más o menos igual o incluso en algunos casos, peor. Alguien debería de pedir la cuenta de resultados. Igual es que no interesa o jamás ha existido proyecto, que es lo que realmente parece. Son taciturnos o incluso pancistas. 

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