MAR ABIERTO / OPINIÓN

Tumbar el régimen

24/11/2020 - 

VALÈNCIA. Tumbar el régimen. Ese es el objetivo confeso del Sortu-EH Bildu de Otegi, con trayectoria, por cierto, nada ejemplar, por más que algunos se empeñen en blanquearla. Así lo ha proclamado recientemente, con insolente desparpajo, el parlamentario Arkaitz Rodriguez. Eso es lo que buscan en el pacto -claro que lo es- con el Gobierno de Sánchez-Iglesias, por el que han conseguido, junto a ERC con su cúpula condenada judicialmente, exigencias difíciles de comprender, que van mucho más allá de los presupuestos.

Tumbar definitivamente el régimen. No sé si resulta más preocupante el verbo o el adverbio. Lo de “tumbar” no admite matices, ni condiciones. Es claro lo que pretenden: derribar, desplomar, demoler, destruir. Política de tierra quemada. Rechazo a España, y los españoles, muy lejos del consenso y la concordia que los socialistas pretextan, como coartada de su entente cordiale con quienes son -una buena parte de ellos ni lo esconden- herederos políticos de ETA.

Y luego está lo de “definitivamente”: patente confesión de su hoja de ruta desde hace años, que por algunos se negaba. Un paso más. Pero no cualquiera, sino el definitivo. Evidenciando que su objetivo no era el transformismo inverosímil en hombres de paz, sino manejar el poder para liquidar “el régimen”. 

El régimen como fin. Dinamitar el espíritu de acuerdo y convivencia del 78, que podría revisarse pero no debe ‘tumbarse’, y menos por quienes aún no han mostrado arrepentimiento, ni pedido perdón a tantas familias rotas.

Cuesta digerir que se presente a los bilduetas como ‘socios friendly’, mientras se  ‘Txapotea’ con quien descerrajó dos tiros en la nuca a Miguel Ángel Blanco, punto de encuentro emocional del ‘Basta ya’, a quien, por cierto, el Ayuntamiento de Ribó-Compromis y PSPV, está postergándole la calle que se acordó hace ya 3 años. Y que también participó en los asesinatos de Gregorio Ordóñez, Fernando Múgica, José Luis Caso, Manuel Zamarreño... y tantas otras víctimas, cuyas vidas truncadas, y las de sus familias, merecen recuerdo, dignidad y justicia. 

Cuesta, y más aún duele, escuchar a dirigentes socialistas, tratarnos no solo desde la  equidistancia sino, además, como hizo José Luis Ábalos con una intolerable falta de escrúpulos, atribuir a Bildu (para quienes, por cierto, pidió Compromis el voto en las últimas elecciones vascas) “sentido de Estado”. ¿De qué Estado?. ¿Del que quieren tumbar, mientras el Vicepresidente del Gobierno les incluye “en el bloque de dirección”, sin réplica, desmentido ni matización del Presidente?.

Un Presidente, Pedro Sánchez, que ‘desinforma’ a la opinión pública, con su extensísimo aparataje de asesores, cuyo coste excesivo haría tanta falta para combatir la crisis sanitaria y económica de la pandemia, mientras pretende monitorizarnos con su orwelliano Ministerio de la Verdad. Un Gobierno que lleva cada vez más al límite  nuestra capacidad de sorpresa, aprovechándose de una sociedad dolorida, inerme,  indefensa y con miedo.

La ‘nueva anormalidad’ es la del mundo al revés. Consiste en aplaudir a quienes buscan el choque frontal y (des)calificar a quienes lo denunciamos.

Así que, por la memoria de quienes perdieron su vida, que una sociedad éticamente sana nunca debe olvidar, y por el compromiso con la pervivencia y fortaleza de nuestro futuro en común, aun a riesgo de que se nos dediquen calificativos que en realidad merecen los enemigos de la democracia, muchos vamos a seguir diciendo, una y otra vez: con Bildu no. Y con sus objetivos de tumbar definitivamente el régimen, tampoco. No cuenten conmigo en esa alineación.

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