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LA EXPANSIÓN DE LA UNIVERSIDAD

UA, a la conquista de extramuros

El campus de San Vicente cruza sus fronteras para ponerse al servicio de la sociedad. Suma trece sedes estables, diecisiete aulas y acaba de estrenar la docencia del grado de Magisterio Infantil en Alcoy.

20/10/2018 - 

ALICANTE. En un contexto económico, social y cultural rabiosamente competitivo, la Universidad de Alicante ha apostado por reproducir el modus vivendi de todo gas que se precie de serlo. Sin excesiva prisa, pero sin pausa, el campus radicado en San Vicente del Raspeig desde su alumbramiento oficial, en octubre de 1979, ha dejado de ser esa rótula perfecta en su relación con la ciudad de Alicante para pasar a esparcirse prácticamente por todo el espacio geográfico de la provincia que lo contiene. Ya no solo se trata de impartir formación para preparar a los profesionales del mañana, ni de ampliar los caminos curriculares con la oferta de más másteres o títulos de grado (véase Gastronomía o Medicina, ahora en ciernes). Tampoco basta con profundizar en la investigación y la experimentación. Además, ahora debe salir de sus propios muros. Literalmente.

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Todo un alicantino ilustre como el historiador y humanista Rafael Altamira estableció la coartada perfecta al hablar sobre cuáles debían ser los fines de la Universidad, ya en el siglo XIX. Para él, la Universidad debía expandirse para servir como herramienta hacia la transferencia de la cultura y el conocimiento. Y tanto el rector, Manuel Palomar, como el vicerrector de Cultura, Deporte y Lenguas, Carles Cortés, dan fe de que ese mandato, plasmado entre los objetivos fundacionales de la UA, a través de sus propios estatutos, se está cumpliendo con precisión quirúrgica, gracias al trabajo coordinado desde la Secretaría de Sedes Universitarias que dirige Eva Valero. «Tratamos de cumplir ese objetivo de acercarnos a la sociedad, como pedía Rafael Altamira, a partir de una red de sedes y aulas universitarias en los que aproximamos las actividades de la universidad a los municipios», explica Cortés. Así, se aspira a contribuir al desarrollo social del territorio.

En ese proceso, la cuenta de resultados puramente numéricos cosechados hasta ahora resulta más que significativa. La UA cuenta con trece sedes que funcionan como auténticos tentáculos en la difusión del conocimiento, en puntos estratégicos de la provincia. Desde la Marina Alta, con las sedes de Benissa y Dénia, hasta la Vega Baja, con las de Orihuela y Torrevieja, pasando por las de Cocentaina, Xixona, Elda, La Nucía, Biar, Petrer o Villena. Todas ellas, amén de la instalada en la propia capital con dos centros distintos en las calles San Fernando y Ramón y Cajal, disponen de un coordinador académico propio que se encarga de tutelar su programación, por lo general abierta al conjunto de la ciudadanía (aunque en ciertos casos, los cursos o conferencias tienen plazas limitadas y se requiere de inscripción previa).

Todas funcionan, igualmente, como una auténtica delegación de los recursos del campus, tras la firma de un convenio de colaboración con los ayuntamientos de cada municipio. «La Administración aporta un presupuesto mínimo que depende, por ejemplo, de si la sede se ubica en un edificio de la propia Universidad o de titularidad municipal. Ese presupuesto puede oscilar entre los cuatro mil o seis mil euros con los que trabajamos en las sedes de Benissa, Cocentaina o La Nucía; los veinticinco mil euros con los que funcionan las sedes de Villena, Elda o Petrer, o los cien mil que aporta con gran esfuerzo el municipio de Torrevieja», explica Cortés. La UA, por su parte, pone a disposición de la sede el capital humano que constituye su profesorado, el trabajo docente e investigador que surge del propio campus y el entramado administrativo necesario en el caso de que la participación en alguna de las actividades programadas esté reconocida con la asignación de créditos académicos.

Pero aún hay más. La red se completa con otras diecisiete aulas universitarias radicadas en Altea, Benidorm, Benilloba, Callosa d’En Sarrià, Castalla, Ràfol d’Almúnia, Guardamar, Monóver, Novelda, Muro, l’Alfàs del Pi, La Romana, Orba, El Pinós, Polop, Sant Joan y Sax. Como las sedes, también aproximan la programación cultural de la UA a partir de los intereses y particularidades pactados con los ayuntamientos caso por caso. «En la mayoría de las aulas, es el ayuntamiento el que cede las dependencias en las que se desarrollan las actividades, de modo que su presupuesto es más reducido, de entre mil y dos mil euros», detalla Cortés. Sin embargo, su propósito sigue siendo el mismo: aproximar el conocimiento de la UA a cada rincón de la provincia, ya sea con una programación anual estable o con actividades puntuales como los ya imprescindibles Cursos d’Estiu Rafael Altamira, precisamente. 

Lo cierto es que, según confiesa Cortés, esa dinámica de contagio se ha mostrado especialmente intensa a lo largo de los tres últimos años, justo de manera simultánea al giro político que se experimentó en gran parte de los ayuntamientos de la provincia en las elecciones municipales de 2015, con la llegada de los llamados gobiernos del cambio, tras casi dos décadas de mayorías del PP. «Muchos de los nuevos gobiernos que se conformaron entonces se acercaron a la UA para trasladarnos su interés en contar con una sede o un aula universitaria en su municipio. Todos compartían el objetivo de contar con los instrumentos de la Universidad para ofrecer alternativas culturales diferentes a las que hasta ahora estaban al alcance de sus vecinos», concreta el vicerrector. Desde entonces, la firma de convenios de colaboración se ha multiplicado y sigue «en continuo crecimiento» para enriquecer esa red de satélites fuera de los lindes de San Vicente. Tanto es así que se trabaja con la previsión de superar los treinta acuerdos bilaterales en el plazo de un año.

el objetivo es expandirse para servir como herramienta de transferencia de cultura y conocimiento

Esa onda expansiva ha permitido que incluso se dé un impulso para regular el régimen de funcionamiento de sedes históricas que se inauguraron sin el respaldo de un convenio, como en el caso de la sede de Alicante. «Nos hemos puesto de acuerdo con el nuevo gobierno (ahora conformado por el PP) con la voluntad de plasmarlo por escrito, de manera que ambas partes renovemos el compromiso de colaboración y podamos establecer las bases de esa relación para precisar qué actividades y qué servicios se pueden instaurar en la sede de la ciudad de la que la Universidad toma su nombre y a la que estamos ligados necesariamente», abunda.

Eso sí, nadie esconde que dicha evolución tiene un efecto colateral nada desdeñable: la expansión de la marca, la conquista (simbólica) de nuevos territorios en los que la institución académica ha conseguido fijar su bandera y en los que la UA logra establecer contacto directo con la población para, así, potenciar su grado de conocimiento entre los futuros alumnos. Un factor que puede resultar determinante a la hora de captar nuevas matrículas. «Es cierto que, con la apertura de sedes, nos acercamos a la ciudadanía. Por eso, además de transferir el conocimiento universitario a todos los grupos sociales de los municipios en los que echamos raíces, somos conscientes de que debemos convertirnos en la primera referencia para nuestros futuros estudiantes», insiste el vicerrector. «Y creo que lo conseguimos», añade.

El campus de Alcoy

En paralelo, la apertura de sedes y aulas universitarias ha permitido que la UA crezca también en la oferta de titulaciones que imparte fuera de las fronteras de su propio campus. Hubo una primera experiencia con la Escuela Universitaria de Relaciones Laborales de Elda, a la que le siguió el salto (hasta cierto punto natural) de la Facultad de Educación, en 2013, cuando pasó a situarse en el casco urbano de San Vicente, a solo doscientos metros del perímetro de su recinto base. Y ahora se acaba de culminar una nueva incursión, esta vez algo más alejada, en pleno casco histórico de Alcoy.

Se trata de la puesta en marcha del título de grado de Magisterio Infantil justo en el arranque del nuevo curso académico, en las dependencias que antaño ocupó la Cámara de Comercio local como sede primigenia. Una extensión que constituye la primera avanzadilla de lo que la propia UA ha venido a considerar como el establecimiento de su nuevo campus en la ciudad, con pretensiones de reforzar su cartera de títulos en la localidad en los próximos años. Pero ¿por qué se inaugura con los estudios de Magisterio Infantil en concreto? Por una simple constatación estadística: el 16% del alumnado de Magisterio de la UA procede de Alcoy o de su área de influencia, según se detalló durante la firma del convenio con el Ayuntamiento para la implantación del campus, en diciembre de 2017. Ahora, en su curso inaugural, ya se ha podido constatar la existencia de lista de espera. 

Alcoy ya es territorio de mestizaje: el primer municipio con dos campus distintos en régimen de convivencia

Sea como fuere, no cabe duda de que el gesto que supone dicho aterrizaje no es menor si se tiene en cuenta que Alcoy ya es ciudad universitaria. A través de la Escuela Politécnica Superior de Alcoy (EPSA), la capital de l’Alcoià acoge uno de los tres campus de los que dispone la Universidad Politécnica de Valencia, junto al de València capital y el de Gandia, en la provincia de Valencia. En su campus alcoyano, la UPV (que este año celebra el cincuenta aniversario de su creación) imparte hasta ahora seis títulos de grado contando con las ingenierías de Informática, Mecánica, Eléctrica y Química, además de Diseño industrial y desarrollo de productos y Administración y dirección de empresas.

Así que Alcoy pasará a convertirse ahora en territorio de mestizaje: el primer municipio en el que coexistan las dos instituciones académicas con sendos campus en régimen de convivencia. Y ese es, al menos, el escenario por el que apuesta la UA, lejos de plantear una hipotética relación de competencia. «La idea es complementar, no duplicar lo que ya ofrecen otros, así que el campus de Alcoy no trata de ser sustitutivo de nada ni redundante respecto a lo que ya existe», justifica y tranquiliza Cortés.

El camino de los otros

¿Es la UA una rara avis al desplegar ese modelo expansivo hacia extramuros? En cierto sentido, podría considerarse que sí. Como mínimo, lo cierto es que las otras dos universidades públicas con implantación en la provincia (la Miguel Hernández de Elche o la propia UPV) no comparten ese sistema de propagación territorial. Por partes. El campus ilicitano sí cuenta con varias ramificaciones en otros puntos de la provincia de Alicante en los que también imparte títulos de grado. Así, ofrece Medicina, Farmacia, Fisioterapia, Podología y Terapia Ocupacional en su campus de Sant Joan d’Alacant; ADE, Ciencias Políticas, Ingeniería Agrícola y Ciencia y Tecnología de los Alimentos, en el de Orihuela; y Bellas Artes en Altea. Sin embargo, no ha emulado la política expansiva de apertura de sedes que sigue la UA al centrarse en otros objetivos estratégicos, como el desarrollo de su propio parque científico (que también impulsa la UA).

la umh y la upv no siguen la política expansiva de la ua, aunque sí conciertan aulas o servicios de asesoramiento

En todo caso, eso no impide que la UMH llegue a acuerdos con ayuntamientos interesados para desarrollar los cursos de verano que organiza el vicerrectorado de Extensión Universitaria y Cultura (ahora en su XIX edición), o para compartir recursos del campus y ofrecer conferencias. Una estrategia que se completa, además, con la puesta en marcha de iniciativas como Aspe Emprende o Castalla Emprende con las que la UMH ha comenzado a desplegar una suerte de aceleradoras de empresas de nueva creación a las que mentoriza y presta asesoramiento.

La UPV, en segundo lugar, tampoco ha optado por multiplicar asentamientos estables. Ni en Alicante, ni en Valencia. Su rectorado centra toda su atención en sus tres campus actuales: el de la ciudad de València, en el que concentra el 80% de su actividad; el de Gandia (constituido en 1993) que ha experimentado un notable crecimiento en los últimos años al calor de titulaciones relacionadas con la comunicación (Ingeniería en Telecomunicaciones, Imagen y Sonido, Tecnologías interactivas, Comunicación Audiovisual, ADE y Turismo); y el ya citado campus alcoyano (en funcionamiento como centro asociado a la UPV desde 1971). Fuentes de su rectorado consultadas por Plaza insisten en que no ambiciona nada más que ofrecer las titulaciones que realmente cuenten con demanda acreditada. O lo que es lo mismo, nada de crecer por crecer. 

En cualquier caso, lo que también parece claro es que la expansión de la UA no parece causar ningún descuadre en los planes de ambas instituciones académicas. «A la UPV no le preocupa lo que hagan otras universidades, nos limitamos a ofrecer los títulos de grado que pensamos que van a cubrir una necesidad», señalan portavoces oficiales. Y otro tanto de lo mismo se argumenta desde la UMH. Extramuros sigue ahí fuera. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 19 de la edición de Alicante de la revista Plaza 

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