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michele rizzo estudia la colectividad de los clubs en el circuito bucles

Una canción techno que te acompaña hacia la catarsis

20/10/2022 - 

VALÈNCIA. Una música alta que repite patrones una y otra vez acompaña tu cuerpo a un lugar que puede ser nuevo. Es un punchi-punchi, un elemento básico y en bucle, que la canción va modificando de vez en cuando añadiendo, escondiendo, acelerando, decelerando, cambiando la ecualización. Pero como una cuerda guía, hay algo que te mantiene en la canción y, a su vez, lejos del suelo. La experiencia techno ha empezado, déjate llevar.

Ocurre en los clubs y en las raves, se trata de algo invisible que está en el aire: cada uno baila individualmente, buscando el aire en el sound system, pero a la vez, el movimiento crea una especie de ola colectiva, de cabezas, troncos y piernas, ondeando como mar revuelto. Y en la catarsis de cada uno, de una manera misteriosa, también hay una conciencia del papel colectivo. Eso también es la experiencia techno.

Cuando empezaron los clubs de música electrónica, el cuerpo cambio de lugar: los códigos de la seducción de las canciones pegadas se reventaron, y los abanicos ya no significaban una herramienta de apareamiento, sino que se convirtieron en una herramienta para refrescar la cara de vez en cuando. Los códigos de género también se transformaron, y la pista de baile se horizontaliza a través de esa difícil tensión entre lo individual y lo colectivo. Esas y otras muchas cosas suceden cuando una canción techno suena alto en un lugar llamado club, u otro lugar, totalmente diferente, llamado rave.

“Las raves son un dispositivo muy complejo con muchos elementos: el del sonido, el colectivo, el hecho de que el cuerpo y a la mente viven un momento de mucha intensidad… Es casi un ritual. Ir a una rave no es solo la experiencia de ir, sino el ritual de antes y después. Y hablamos de catarsis, pero también hay meditación, un proceso de autoreconciliación, hay arte, y conciencia colectiva…”.

Así lo explica Michele Rizzo, que descubrió el clubbing en Holanda, donde el baile y la música techno tiene un marcado aspecto cultural. Allí entendió qué ocurre en el cuerpo cuando bailar es esa experiencia colectiva que nace desde la individualidad. Y de ahí nació Higher, la performance de la que parte Higher.xtn, que se podrá ver este sábado en el marco del Circuito Bucles.

Un día antes, La Granja acoge una masterclass sobre la práctica de la danza techno: “hablaremos  sobre qué ocurre en el cuerpo cuando suena la música, pero también cómo influye la mirada, la nuestra sobre los demás y la de los demás sobre la nuestra. Qué significa bailar, bailar para otra persona y bailar con otra persona. Y cómo todo ello transforma la manera en la que se enfrenta el cuerpo al baile. Y por otra parte, hay un debate sobre el espacio que hay que dejar al resto para que se expresen, y todo tiene que ver con entender el baile como una experiencia mental, tan intensa que permita la conciencia disolverse, que permite al cuerpo perder cierta conciencia del tiempo”, explica Rizzo a este diario.

En realidad, será la práctica de nociones muy básicas para bailar música techno, porque lo importante no es la construcción de pasos complejos, sino de que el movimiento sea el camino a esa catarsis.

El sábado, en el Centre del Carmen, presentará Higher.xtn, que es una pieza de Stedelijk Museum de Amsterdam. Si la pieza original estaba pensada para un espacio escénico, la que presenta en Bucles es, precisamente, una extensión, que empezó con tres persona y ha ido creciendo hasta la quincena de performers. La música empieza a sonar, el bucle va creciendo. Cada performer está bailando individualmente, pero todos repiten el mismo patrón: un ejercicio de inteligencia y conciencia colectiva que ilumina ese camino a la catarsis. 

El público se coloca alrededor de los performers, y eso cambia la propia percepción de la intimidad. El espacio del club es una sala donde la oscuridad da pie a que el pudor a lo que sea desaparezca. El baile aquí se expone en un centro cultural.

La pieza empezó su recorrido en 2015, pero los años pandémicos han sido cuando más ha crecido su proyección internacional. ¿El confinamiento hizo redefinir la relación del cuerpo con la música? “No creo que la palabra haya sido redefinir, la manera de abordar la música y el baile son las mismas, pero de una manera resiliente. El confinamiento paralizó un aspecto esencial y muy importante para todo el mundo, y lo que al menos me ha pasado a mí en las dos piezas que he hecho desde entonces, es que me he enfocado en otras cuestiones, como el concepto del descanso o el cuidado, que salieron a la luz cuando necesitamos tener una relación con nuestro cuerpo más pausada”, contesta el performer.

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