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A DISCRECIÓN 

València despide al gran Arturo Cirera en un funeral al que asisten 300 personas

29/09/2018 - 

VALÈNCIA. El muerto al hoyo y el vivo al teatro Olympia. La Cubana me invita a la capilla ardiente y al funeral (aunque en orden invertido) de Arturo Cirera, un artista y vividor que murió a los 101 años con el expreso deseo de que en su despedida no hubiera llanto ni lutos, sino fiestas y risas. “Por especial deseo del difunto queda descartado el negro riguroso. Se ruega que el vestuario sea de color”, rezaba la invitación al estreno de ¡Adiós, Arturo!.

Así que, héteme allí, pintada como una puerta y vestida de carnaval. Experiencia en maquearme tengo un rato, que una no sale a la calle sin base, ni rímel, ni raya, ni iluminador, ni brillo, tras una sesión de baking, strobing y contouring. Otra cosa son los resultados, dejémoslo ahí. Lo de vestir de color fue más difícil, aunque logré parecer una señora del montón de incógnito entre la flor y nata: la stripper Olivia Peterson, la vecina Herminia, el chófer Raschid, la diva Renata Pampanini, bailarines folclóricos, transformistas, monjas…

Y estaban también los espectadores, convertidos en embajadores del jaleo: el delegado del Gobierno Juan Carlos Fulgencio, el presidente de la Marina Real, Vicent Llorens y su mujer Mar Carbó, Arístide Rosell de Russafart, el empresario Vicente Lacomba y Amparo Morte, el diseñador Francis Montesinos, la escritora Marta Querol, José M.ª Company de Caixapopularel empresario Chema Escrivà, gente de la comunicación como Josep Lozano, Luis Nadal y Josevi Plaza, el crítico teatral Enrique Herrera, Eva Crespo del Biopark, Juan Antonio y M.ª Mosé Murgui, Alberto Corell y Bely Botella, la gerente del Mercado Central Cristina Oliete. En los palcos anoté más invitados como Alfonso Manglano y Eva Marcellán, Elena Meléndez y la galerista Sara Joudi. Bueno, y hasta la gran Rosita Amores, todo un icono kitsch de la València picante a quien La Cubana le rindió homenaje poniendo su nombre en una de las coronas de flores del funeral. Todos cumplieron escrupulosamente con el dress code en un festival multicolor nunca visto: Matilde Conesa llegó con vestido de flores, Marisa Monsonís de verde intenso, Nidita Guerrero con mil rayas, la diseñadora Marta de Diego con chaqueta bordada, Laura Fitera de rojo y María Gómez-Polo de blanco.

El espectáculo comenzó con un divertido photocall y siguió en una pasarela por la que desfilaban los invitados al ritmo de una banda de música. Tras la función, un pica pica puso el punto final a una velada de lo más gamberra. De eso trata La Cubana. De jartar (se) de reír (se).  Abstenerse gafapastas. En resumen: dos horas de cachondeo. La vida es puro teatro.

Juan Diego Botto quiere pan y rosas

Juan Diego Botto inauguró la programación de la Fundación Cañada Blanch. Fue en el Paraninfo del Centre Cultural La Nau, lleno hasta la bandera, con un público entregado y listo para escuchar al actor argentino hablar sobre teatro, televisión, los casting en Estados Unidos o su última pieza teatral (Una noche sin luna, que estrenará a mediados de enero). Por allí estuvieron el Presidente de la Fundación Cañada Blanch Juan Viña y el ex presidente Juan López Trigo, el arquitecto Álvaro Navarro Gómez-Ferrer, María José Obiol, Ferrán Montesa de Le Monde Diplomatique, la empresaria Mónica de Quesada, la conservadora del IVAM Teresa Millet y hasta Sole Jiménez, cantante de Presuntos Implicados.

El cine le ha permitido a Juan Diego ser, entre muchas otras cosas, asesino, cardenal, escritor, estudiante, anarquista o el Calisto de La Celestina. Es un actor ‘360’, como diría mi querida Paquita Salas: escribe, interpreta, canta, baila... Por cierto, inciso. Qué gran personaje Paquita Salas, esa representante de actores venida a menos que pide ‘gin tonic’ de Larios y es adicta a los torreznos. Soy súperfan.

Torreznos aparte, Juan Diego Botto vino a conversar sobre teatro y compromiso en la Fundación Cañada Blanch. Sobre la importancia de la cultura, la libertad de expresión, el derecho a ella, la memoria histórica. Y reivindicó la huelga que en 1912 organizaron las obreras textiles de Lawrence, en Massachusetts, conocida como la huelga de ‘Pan y Rosas’. “Queremos pan y rosas. Comer es fundamental. Pero la rosa es algo más que nos da la vida: una buena canción, una obra de teatro, un momento de felicidad”, dijo Juan Diego. Guaperas y además feminista. Sí, es cierto que la palabra feminista está muy manoseada. En Mango venden una camiseta que pone ‘I’m a feminist’. La discusión sobre qué es ser feminista empieza a resultar tan inútil como hacer un Máster en Estudios Interdisciplinares de Género (el de la ex ministra Carmen Montón). Oye, pero qué gusto escuchar a un tipo que ve más allá de sus lentes progresivas. Ahora que pienso, creo que a Botto le iría muy bien con Paquita Salas como representante.

Mario Mariner celebra su 125º aniversario

El mueble clásico valenciano triunfa en Irán. ¿Cómo te quedas? Me lo contaron en la fiesta que organizó la firma Mario Mariner, que cumple 125 años de la mano de su cuarta generación convertida en una de las empresas españolas con más reputación a nivel internacional en el sector del mueble, iluminación y decoración de lujo.

Foto: Camazano Fotografía

Coincidiendo con la Feria Hábitat Valencia 2018, reunieron a amigos y clientes en su renovada Flagship Store donde Mario y Jorge Mariner ejercieron como anfitriones, acompañados de amigos como María Cosín, Eva Marcellán, Paco Sánchez de Singularq, Alberto Mendoza, además de interioristas como Vicente Montañana, Gonzalo García Miranda, Carlos Serra, Arancha Pérez y Carlos Bursutil. Me cuentan que los lazos comerciales de Mariner con Irán datan de la época del último sha. Que es un mercado que siempre les ha dado alegrías. Y que los clientes valoran el mobiliario clásico marca de la casa, especialmente las piezas con maderas talladas, de líneas recargadas y acabados en dorado y plateado. Estilo Dinastía. Ya me veo desayunando sobre una mesa de marquetería y con un vestido marcando canalillo, como Joan Collins y Linda Evans. ¿Que no os suenan esos nombres? Ay, hermanas, es que son del mundo antes de Twitter e Instagram. Puro siglo XX.

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